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Misión
Promover y publicar artículos de investigación, revisión bibliográfica y ensayos en 
bibliotecología y ciencias de la información, en el ámbito nacional e internacional.

Periodicidad 
Anual

Indexación
Latindex 

Licencia
Biblioteca Nacional del Perú
Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Derivadas 4.0 Internacional 

Dirección Postal
Biblioteca Nacional del Perú
Av. de la Poesía Nº 160, Lima 41 - Perú

Teléfono
(511) 5136900 anexo 7425

Correo Electrónico
revistafenix@bnp.gob.pe

ISSN: 0015-0002 (Impreso); 2709-5649 (Electrónico) 
DOI: 10.51433/fenix-bnp

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N.°2020-08136

Lima, diciembre de 2022

Revista de la Biblioteca Nacional del Perú

FÉNIX


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Equipo Editorial

Editora

Gracia Angulo Flores

ORCID iD: 0000-0003-4210-314X

Email: gracia.anguloflores@gmail.com

Comité Editorial

Alonso Estrada Cuzcano

ORCID iD: 0000-0001-5039-1108

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Gonzalo Oyarzún Sardi

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Julio Santillán Aldana

ORCID iD: 0000-0002-1906-2370

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Aurora de la Vega Ramírez

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Jimmy Martínez Céspedes

ORCID iD: 0000-0002-2921-6038

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Comité de Apoyo a la Edición 

Sandro Tucto Trigoso

Email: sandro.tucto@bnp.gob.pe

Roger Cáceres Atocha

Email: roger.caceres@bnp.gob.pe

Gladys Lizana Salvatierra (Coord.)

Email: gladys.lizana@bnp.gob.pe

Corrección de textos 

Sandra Arbulú Duclós

Corrección y cuidado de edición 

Gladys Lizana Salvatierra

Diseño y diagramación 

Daniela Abad Mariñas


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SUMARIO

PRESENTACIÓN ...........................................................................

HISTORIA DEL LIBRO, LA LECTURA Y LAS BIBLIOTECAS

1.  Edición y política en el Perú (1950-1960): los proyectos editoriales 

        de Juan Mejía Baca y Manuel Scorza
 

Víctor Ramos Badillo.....................................................................

2.  Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)
 

Henry Barrera Camarena..............................................................

3.  «Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo 

daré al país Biblioteca». Ricardo Palma y la reconstrucción de la Bi-

blioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) 

 

Jorge Huamán Machaca................................................................

GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN Y DE LA CULTURA

4.  Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas con 

        discapacidad visual
 

Rosa María Yataco Marín.............................................................

5.  Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú, 

sede San Borja: 2006-2022. Análisis FODA y perspectivas

 

Oscar Fernando García Vásquez ..................................................

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ESTUDIO DE FUENTES BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES

6.  Lima estrellada. Una lectura de las obras de Pedro Peralta Barnuevo e 

Hipólito Unanue en la fundación de la Biblioteca Pública de Buenos 

Aires

 

Matías Maggio-Ramírez 

...................................................................

7.  Un texto rescatado de Manuel González Prada
 

Benjamín Blass Rivarola................................................................... 

8.  Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes en Vida de Santa 

Rosa, de Luis Antonio de Oviedo y Herrera

 

Priscila Arbulú Zumaeta..................................................................

9.  «La calle», una obra musical inédita de Victoria Santa Cruz
 

Octavio Santa Cruz Urquieta..........................................................

RESEÑA DE LOS AUTORES .......................................................

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PRESENTACIÓN

Podría decirse que la revista Fénix es un símbolo de la Biblioteca Nacional del 

Perú. Jorge Basadre, uno de sus más ilustres directores, fue quien la impulsó en 

1944, un año después del fatídico incendio que devoró las instalaciones de la 

institución y gran parte de sus colecciones. Como en el caso del ave mitológica, 

la Biblioteca renació a partir de sus cenizas gracias a la vocación y compromiso 

de sus colaboradores, bibliotecarios y bibliotecarias, unidos por el amor a nues-

tro patrimonio documental y por su disposición para el servicio. 

A setenta y ocho años de publicación de ese histórico primer número, resul-

ta evidente que el papel de los y las bibliotecarios/as ha evolucionado, y que 

la misma concepción de biblioteca se ha renovado. Producto de estas transfor-

maciones, son múltiples las miradas desde las cuales se puede abordar la labor 

de estos profesionales hoy en día. Dicha pluralidad se refleja en el presente 

número que, además de ser una fuente de información relevante, busca consti-

tuirse como un espacio de diálogo y reflexión sobre este quehacer profesional. 

Asimismo, tal como la profesión ha cambiado, la revista muestra hoy en día, 

aires de renovación. Desde el número 48, publicado en noviembre de 2020, Fé-

nix se edita en formato digital y está disponible para su lectura en la plataforma 

OJS de la revista (http://revistafenix.bnp.gob.pe). Su nuevo diseño también 

aspira a posicionarla como una revista moderna. 

Adicionalmente, cabe destacar que, desde abril del presente año, la revista 

Fénix se encuentra indexada oficialmente en Latindex  (Sistema Regional de 

Información en línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, 

España y Portugal), lo cual constituye un paso muy importante en la historia 

de esta publicación periódica, pues reconoce que cumple con altos estándares 

de calidad en investigación académica. Una revista indexada se caracteriza 

por cumplir con grandes niveles de exigencia educacional y, además, le permite 

figurar en las bases de datos académicos consultados por investigadores(as) de 

todo el mundo, lo que facilita el intercambio de conocimiento y fomenta la 

investigación.

Esta nueva edición de la revista reúne nueve artículos organizados en tres 

secciones —Historia del libro, la lectura y las bibliotecas; Gestión de la información 

y de la cultura; y Estudio de fuentes bibliográficas y documentales—, en las que se 

despliega la variedad de temas abordados. 


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Esperamos que este nuevo número, fiel a los objetivos de la revista, renueve 

el interés por la investigación e impulse un diálogo fecundo para el mejor de-

sarrollo profesional de los bibliotecarios y bibliotecarias, así como del público 

general interesado. 

BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ


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HISTORIA DEL LIBRO, LA LECTURA 

Y LAS BIBLIOTECAS

Víctor Ramos Badillo

Henry Barrera Camarena

Jorge Huamán Machaca


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Víctor Ramos Badillo

Edición y política en el Perú (1950-1960): los proyectos 

editoriales de Juan Mejía Baca y Manuel Scorza

Editing and politics in Peru (1950-1960): the editorial projects of 

JuanMejía Baca and Manuel Scorza

Víctor Ramos Badillo

Universidad Nacional de San Martín

Buenos Aires, Argentina

Contacto: varamosb@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-7767-9651

Resumen

En este artículo se desarrolla una aproximación panorámica al campo edi-

torial peruano de fines de la década de 1950 e inicios de 1960, específica-

mente centrándose en los proyectos editoriales de Juan Mejía Baca, librero 

y editor de renombre que ha sido relegado de la historia cultural nacional, 

y de Manuel Scorza, destacado narrador peruano que también interviene 

como editor en la producción librera a partir de la impresión de libros 

en formato de bolsillo y de un tiraje masivo. Si bien este trabajo será un 

recuento muy limitado de sus principales proyectos en el Perú, también 

pretendo relacionarlo con otras dinámicas sociales y políticas que surgen 

paralelamente, las cuales repercutirán en las prácticas editoriales de dichos 

agentes del mundo del libro. 

Palabras clave: historia del libro, proyecto editorial, política peruana.. 

Abstract

This article develops a panoramic approach to the Peruvian publishing field of 

the late 1950s and early 1960s, specifically focusing on the publishing projects 

of Juan Mejía Baca, a renowned bookseller and publisher who has been relega-

ted from cultural history national, and Manuel Scorza, a prominent Peruvian 

storyteller who also intervenes as an editor in book production from the prin-

ting of books in pocket format and mass circulation. Although this work will 

be a very limited account of his main projects in Peru, I also intend to relate 

it to other social and political dynamics that arise in parallel, which will have 

repercussions on the editorial practices of said agents in the book world.

Keywords: book history, editorial project, Peruvian politic.

Recibido: 2022-06-03/ Revisado: 2022-09-23 / Aceptado: 2022-10-08 / Publicado: 2022-12-06

ISSN-e: 2709-5649  pp. 10-19


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Edición y política en el Perú (1950-1960): los proyectos edi-

toriales de Juan Mejía Baca y Manuel Scorza

Sobre el campo editorial peruano de la década de 1950
Antes de hablar del contexto de la década de 1960, es preciso detenerse en la 

composición política del gobierno de los años cincuenta. El Perú, en ese enton-

ces, iniciaba aquel decenio con un gobierno militar y autoritario, encabezado 

por el general Manuel Odría, una suerte de jefe político que dio un golpe de 

Estado en 1948 y se instaló en el poder hasta 1956. Si bien a su régimen se le 

denominó una «revolución conservadora» (Contreras y Cueto, 2013, p. 312), 

esto se puede comprender mejor si dividimos esta frase en dos grandes partes: 

por un lado, «conservadora», en el sentido económico-liberal, el cual reintro-

dujo las relaciones que los gobiernos precedentes mantenían con la oligarquía, 

de modo que daba un impulso preponderante a un modelo económico basado 

en la agroexportación y la inversión extranjera. Entretanto, la palabra «revo-

lución», aparentemente, vendría a materializarse mediante la edificación de 

obras públicas para la clase trabajadora emergente, de carácter provinciano y 

migrante, aquella que viajaba de la sierra o la selva para instalarse en la capital, 

con el anhelo de «encontrar» mejores oportunidades laborales y educativas. Y 

fue justamente el área educativa donde este gobierno contribuyó notablemen-

te pues inauguró una gran cantidad de colegios estatales, de tal modo que la 

ciudadanía de bajos recursos pudo visualizar esto como una oportunidad para 

poder acceder a una movilidad social que se volvía muy necesaria, ya que le 

permitiría sortear las dificultades inherentes a su procedencia de clase.

Asimismo, esta contribución a la conformación de espacios escolares tam-

bién trajo consigo «una multiplicación de librerías y un auge en la circulación y 

venta de libros» (CERLALC, 1986, p. 5). Justamente esto solo puede explicarse 

gracias al surgimiento de instituciones educativas básicas y superiores, puesto 

que estas contribuyeron a reducir el analfabetismo. Así, esta situación produ-

jo un aumento de la cantidad de lectores, cuya consecuencia evidente fue un 

mayor impulso y demanda comercial de la producción editorial e impresa de 

la época. Ahora bien, como se acaba de observar, para llegar a la historia del 

libro es necesario mapear concretamente el contexto que se busca analizar, 

aunque ese no es el único elemento indispensable para enmarcar la propuesta. 

Chartier (1994) decía, acaso replicando el proceso de las mercancías, que, así 

como se parte del libro, el análisis debe ser complementado con una historia de 

la edición, para luego llegar hasta la historia de la lectura, eslabón que cerraría 

y complementaría el estudio netamente restringido a la materialidad impresa. 

Si bien esta formulación es teórico-académica, a través del lente colocado en 

las políticas públicas, promovidas en este caso por el Estado peruano en la pri-

mera mitad de los años cincuenta, esta información sirve como un indicador 

de alfabetización y, por tanto, de una idea de la dimensión de una población 

lectora en un momento específico, como aquel gobierno militar. En ese sentido, 


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estas herramientas de carácter contextual también necesitan diseccionar qué 

elementos o patrones culturales se están poniendo en juego o disputa dentro de 

la conformación del campo editorial peruano, el cual no concordaría en gustos 

o intereses con otro campo de cualquier país europeo o, incluso, latinoameri-

cano de la misma época. A continuación, se ampliará con mayor detalle este 

último punto. 

Específicamente, en relación con el campo editorial, fue a mediados de la dé-

cada de 1950 cuando se inició lo que Sánchez Lihón denominó las «ediciones 

populares» (1978, p. 48), una dinámica político-editorial que trastocó la típica 

circulación del libro a través del formato de bolsillo y con la difusión de clásicos 

universales y latinoamericanos en todo el territorio nacional (Sánchez Lihón, 

1978). Antes de seguir, sería útil poner en perspectiva los números del incremen-

to de las ediciones de libros durante la mitad de la década de 1950 en el Perú. Para 

1954, «se publicaron 90 títulos, 109 en 1955, 86 en 1956, 63 en 1957, 327 en 1958, 

246 en 1959» (Hirschhorn, 2005, p. 68). Como se aprecia en estos datos, hay una 

tendencia inicial creciente en las publicaciones, aunque de 1955 a 1957 se puede 

percibir un progresivo decaimiento en las cifras. Aquí se debe hacer un parén-

tesis, puesto que en 1956 finaliza el Ochenio de Odría, el cual da la posta, por la 

vía democrática, a Manuel Prado, quien asume la presidencia por segunda vez. 

Retomando el punto, ese retraimiento de las publicaciones en 1957, a un año de 

que Prado asumiera las riendas del país, puede explicarse gracias a las tensiones 

que todavía existían entre el régimen electo democráticamente y las presiones 

por parte de los militares en las decisiones gubernamentales. Sin embargo, para 

entender ese indicador también podría añadirse que en ello repercutió el impues-

to al papel, mercancía importada y fundamental en el proceso editorial peruano. 

Justamente, el domingo 27 de marzo de 1957, en el periódico El Comercio, Juan 

Mejía Baca se pronunció sobre estos impuestos que desequilibraron la produc-

ción nacional. Según este, los aranceles serían una maniobra del gobierno para 

incentivar la compra de papel producido en el país; sin embargo, yendo más 

allá del testimonio de este editor y de Max Alfaro Southwell, presidente de la 

Sociedad de Impresores del Perú, la situación en concreto evidencia dos cosas: 

por un lado, la dependencia del mercado peruano del papel importado para aba-

ratar los costos de los libros; y por otro lado, indirectamente se deja entrever la 

precariedad o la baja calidad del papel peruano o, en su defecto, el alto costo que 

supone, lo cual lleva a que los editores importen este material para manejar una 

economía rentable de sus proyectos. Cabe resaltar que este suceso marcha en pa-

ralelo a la planificación de proyectos editoriales para las grandes mayorías, por 

lo que no se busca poner en cuestionamiento el proceso editorial, sino constatar 

las marchas y las contramarchas que explican esa contracción en la producción 

editorial peruana en 1957. 


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Edición y política en el Perú (1950-1960): los proyectos edi-

toriales de Juan Mejía Baca y Manuel Scorza

Volviendo al hilo anterior, Sánchez Lihón menciona los primeros intentos 

de la edición de corte popular, aunque esto solo llega a concretarse con las ex-

periencias de finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta denominadas 

«Ediciones Populares», impulsadas por tres grandes personajes de la cultura im-

presa en el Perú: Manuel Scorza, director de la colección; y Pablo Villanueva y 

Juan Mejía Baca, dos editores reconocidos por sus apuestas editoriales a inicios 

de la década. Entre los autores que conformaron su catálogo se encuentran 

Ciro Alegría, Mariano Azuela, Horacio Quiroga, Jorge Icaza, José Hernández 

y Rómulo Gallegos. ¿Acaso esta muestra de escritores no revela la importancia 

que otorgaron los editores a títulos de fácil acceso o circulación editorial en un 

país que recién estaba forjando un amplio acceso a la educación en las gran-

des mayorías del país? Esta es una pregunta que se me viene a la mente ahora, 

puesto que en la historización de los catálogos editoriales a veces se pierde de 

vista reflexionar sobre estas prácticas editoriales que introdujeron Villanueva 

y Mejía Baca. Así, este breve repaso evidencia que la «lógica del campo edito-

rial» está sometida a la «estructura del campo editorial en su conjunto» (Bour-

dieu, 1999, p. 224). De ahí que ambos editores hayan podido identificar aquella 

estructura vacía que debe ser suplida con libros de circulación popular, en un 

contexto donde la lectura iba incrementándose gracias a la implementación de 

políticas educativas.

Figura 1

Portada del libro Los mejores cuentos americanos, publicado por Populibros

Nota. 

Fotografía de Víctor Ramos Badillo.


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Víctor Ramos Badillo

Ahora bien, respecto a la materialidad de la edición, conviene observar la 

fotografía de uno de los títulos que conforman la colección «Grandes obras 

de América», de Ediciones Populares (ver 

Figura 1). Al interior de las páginas 

se podrán constatar el tiraje y otros detalles, como el plan de publicación (ver 

Figura 2). Como se aprecia, hubo grandes tirajes de las Ediciones Populares, las 

cuales, según se muestra en la página, llegaron hasta los cincuenta mil ejem-

plares. El libro que mostramos recientemente es el volumen 8 de dicha colec-

ción, en la cual Aníbal Quijano, sociólogo peruano reconocido en la región, 

compiló relatos latinoamericanos de la época. Si bien en las últimas páginas 

no se muestra la fecha de la impresión, sino apenas el lugar de la imprenta, es 

posible colegir que la edición se realizó a fines de la década de 1950, puesto que 

en la antología se cita la fuente de los cuentos incluidos, muchos de los cuales 

habían sido recientemente publicados en distintas casas editoriales latinoame-

ricanas. Volviendo al tema del tiraje, pese a que se ha remarcado que la edu-

cación permitió un acceso a la cultura del libro, estos datos deberían reflejarse 

y contrastarse con algunas estadísticas respecto a la lectura en el Perú, algo 

que todavía está pendiente. Sin embargo, cabe hacerse la pregunta de si ese 

tiraje de cincuenta mil ejemplares llegó a venderse por completo y si también 

se distribuyó internacionalmente para suplir la infructuosa venta nacional. 

Me planteo esta pregunta debido a que actualmente estas ediciones no son tan 

difíciles de conseguir en las librerías de viejo en Lima. Por ello, considero que 

Figura 2

Lista de títulos de la colección «Grandes obras de América», publicada por Populibros

Nota. 

Fotografía de Víctor Ramos Badillo.


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Edición y política en el Perú (1950-1960): los proyectos edi-

toriales de Juan Mejía Baca y Manuel Scorza

este proyecto editorial ambicioso, que pudo extenderse y replicarse en otros 

países de Latinoamérica —debido al impacto que generó en la organización de 

las colecciones—, tuvo también sus puntos ciegos, sobre los que se hablará a 

continuación. 

Populibros peruanos: imprimir en la década de 1960
Respecto al contexto político peruano de aquel entonces, el mandato demo-

crático de Prado solo alcanzó a gobernar hasta 1962, fecha en que sucedió 

otra vez una intervención militar para frenar el posible triunfo de Haya de La 

Torre en la segunda vuelta electoral, pues existía un veto de parte de las Fuer-

zas Armadas para impedir que el aprismo llegue al poder (Contreras y Cueto, 

2013). Recién en 1963, se retoman las elecciones con el triunfo de Fernando 

Belaúnde Terry, un arquitecto que llegó a recoger las demandas de los sectores 

medios y populares. Su gobierno apeló a la modernización pendiente de la 

nación, lo cual implicó que estableciera cercanía con entidades internaciona-

les, especialmente estadounidenses, como la Alianza para el Progreso, debido 

al surgimiento de la expansión del «pensamiento comunista», palpable en las 

guerrillas que iban surgiendo en toda América Latina en esa década, producto, 

claro está, del triunfo de la Revolución cubana, en 1959. Si bien existió esa 

desconfianza ante la irrupción del comunismo —esa prohibición de los libros 

«radicales» recién vendría en años posteriores, como se verá más adelante—, 

esto no fue impedimento para limitar la producción del campo editorial. El 

primer proyecto editorial masivo en la década de los 60 fue la colección Popu-

libros, impulsada por el reconocido escritor Manuel Scorza. Como bien anota 

el historiador Carlos Aguirre, este nombre debe sus resonancias a un anterior 

proyecto editorial mexicano de similar nombre, aunque con textos de perfil 

sensacionalista (2017, p. 208). Según las estadísticas, fueron enormes los tirajes 

de los títulos que componían su catálogo, con respecto a la cantidad de lectores 

que existía en el Perú de aquella década. Como señala Aguirre, el problema que 

implicó este proyecto supuestamente democratizador fue la visión jerárquica 

de las condiciones de lectura para una sociedad que todavía tenía problemas 

de analfabetismo —no en cifras abismales, pero sí presentes aún—, además del 

cortocircuito que se estableció entre el imaginario occidental, que fomentaba la 

gran mayoría de los títulos impresos, frente al imaginario andino, que formaba 

parte crucial de los lectores en las distintas regiones o provincias del país. Aquí 

es muy pertinente recordar que antes de llevar a cabo una revolución del libro, 

implica desarrollar una revolución del leer (Chartier, 1994, p. 25). Esta senten-

cia es fácilmente aplicable al terreno peruano, puesto que los emprendimientos 

editoriales de Populibros debieron ceñirse a las condiciones socioculturales de 

Perú, y no solamente limitarse a reducir los costos del precio de venta final del 

libro. Si bien es cierto que la falta de acceso al libro en los 60 fue gracias al costo 


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elevado de los libros, ante lo cual Scorza logró democratizar el acceso económi-

co a este bien cultural, por otro lado, la repercusión social que generaron sus 

títulos difícilmente consiguió remover los imaginarios del lectorado peruano. 

Queda pendiente allí trazar una historia de la lectura que complemente este 

apartado. 

Sobre la quema de libros de 1967
En la segunda mitad de la década del 60, específicamente en 1967, se realizó una 

confiscación y quema de libros durante el primer gobierno de Fernando Be-

laúnde. Este suceso hizo que el editor y librero Juan Mejía Baca se pronunciara 

y llegara a publicar un libro en 1980, titulado Quema de libros: Perú ‘67, el cual 

compila los recortes periodísticos relacionados con aquel incidente. Un dato 

útil para comprender cómo los sucesos del campo editorial pueden afectar el 

ámbito político es justamente la edición de este libro, puesto que, si bien la cen-

sura sucedió en el primer gobierno de Belaúnde (1963-1968), en 1980 este mis-

mo postulaba con el fin de alcanzar su segundo mandato presidencial. Intuyo 

que dicha coyuntura electoral pudo haber llevado a Mejía Baca a compilar las 

noticias que circularon durante aquel incidente para, así, intervenir política-

mente en el campo editorial, mediante la puesta en circulación del libro, con el 

objetivo de restarle votos y mostrar el rostro antidemocrático del partido Ac-

ción Popular —lo cual no pudo verse reflejado, pues Belaúnde ganó las eleccio-

nes —. Cabe señalar que la confiscación y la quema de libros fueron un man-

dato del Ministerio de Gobierno; incluso se conjetura que la orden directa fue 

del entonces ministro de Hacienda y Comercio, el general Francisco Morales 

Bermúdez, quien años después sería presidente del Perú durante la segunda eta-

pa del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (1975-1980). Por este 

motivo Morales Bermúdez recibió quejas de «librerías y editoriales asociadas» 

a la Cámara Peruana del Libro (Mejía Baca, 1980, p. 27). Entre los títulos que 

Mejía Baca menciona que se incineraron

1

 se encuentran La revolución teórica de 

Marx, de Louis Althusser, y China, el otro comunismo, de Kewes Karol, ambos 

editados por Siglo XXI, en Ciudad de México, editorial dirigida por Arnaldo 

Orfila Reynal; así como otros del Fondo de Cultura Económica, como Marx y 

su concepto del hombre, de Erich Fromm, etcétera.

En los anexos al libro de Mejía Baca se añade una carta de solidaridad de 

Orfila Reynal, editor muy reconocido en el mundo hispanohablante. Este bre-

ve intercambio epistolar nos recuerda implícitamente que todavía queda pen-

diente reconstruir y analizar las redes editoriales que se tejieron entre el Perú y 

1   Al hablar de incineración, se está hablando de manera indirecta sobre la censura, tema muy 

común dentro de la cultura del libro. Esta práctica sociocultural implica un control de las 

publicaciones, puesto que el Estado busca manejar de algún modo aquellas amenazas que 

atentan contra su monopolio de poder (Darnton, 2014). 


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Edición y política en el Perú (1950-1960): los proyectos edi-

toriales de Juan Mejía Baca y Manuel Scorza

los demás países de la región durante el siglo XX. Solo así se podrá determinar 

qué papel cumplieron los libros difundidos por Orfila Reynal —incluso en la 

esfera nacional, gracias a las importaciones de Juan Mejía Baca— mediante 

su catálogo editorial, el cual servía de plataforma medular para la circulación 

transnacional de las ideas en el ámbito hispanohablante. Ahora bien, este vín-

culo entre lectores y novedades editoriales de la época debe ser comprendido 

no en un sentido maniqueo o unidireccional, sino en una situación dinámi-

ca en la cual los mismos sujetos intervinieron en el proyecto de distribución 

editorial a través del interés que generaban sus títulos en el circuito de libros 

peruanos.

Figura 3

Portada de Quema de libros: Perú ‘67

Nota. 

Fotografía de Víctor Ramos Badillo.


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18
F

ÉNIX

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EVISTA

 

DE

 

LA

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ACIONAL

 

DEL

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ERÚ

, N°50, 2022

Víctor Ramos Badillo

Conclusiones 
Si bien en este texto se han abordado a grandes rasgos los entrecruzamientos 

entre edición y política en estas dos experiencias particulares, todavía resta 

un análisis pormenorizado de ambas etapas. En el último tema planteado, por 

ejemplo, es indispensable reconstruir la historia de la censura operada durante 

el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry. Esta «represión de libros» de 

corte marxista o progresista tan solo «muestra cómo el Estado enfrentó a la 

literatura en el espacio social cotidiano» (Darnton, 2014, p. 10); sin embargo, 

algo que se le escapó de las manos al gobierno de turno fue que no tomó en 

cuenta de qué manera iba a ser mediatizado y replicado este suceso en la pren-

sa local. Por otra parte, todavía queda pendiente una historia de la lectura de 

aquella década, que clarifique mejor, como señala Martín Barbero, esta «encru-

cijada» producida por un «proceso» de lecturas y «prácticas» (2008) editoriales 

que puso en marcha Mejía Baca, así como otras casas editoriales importantes, 

como Horizonte, por citar solo un nombre. Justamente, el elemento comple-

mentario de la historia del libro debe apuntalar la restitución de la lectura no 

como experiencia individual, sino en su dimensión de práctica cultural (De 

Diego, 2019), la cual convierte a los sujetos participantes (ya sea autores, edi-

tores, imprenteros y lectores) en agentes activos dentro de la cadena del libro. 

Todo esto implicaría, asimismo, una recomposición de las tensiones que atra-

vesaba el mercado editorial peruano de la década de 1960, cuyo último eslabón 

sería el lector de a pie en el Perú, tanto en sus variantes cronológicas como so-

cioculturales (Chartier, 1994). Solo de este modo se podrá avanzar en una me-

jor cartografía de las condiciones de producción de la cultura impresa peruana 

de la época, partiendo de las mismas situaciones concretas que ponía al frente 

la realidad social y política

2

. La historia del libro y la edición es un eje temático 

que aún no ha sido desarrollado con amplitud por los académicos peruanistas. 

En ese sentido, espero que este artículo permita abrir caminos de investigación 

dentro de estos estudios todavía incipientes en este país. 

2   Este artículo ha considerado la metodología denominada «giro material», la cual se basa en 

las experiencias sociohistóricas a partir de la objetivización de sus productos culturales, con 

énfasis en las características de la materialidad de estos últimos. De este modo, a partir de 

ello se pueden tejer relaciones entre los diversos objetos culturales que comparten un mismo 

contexto de producción, circulación y consumo, así como reconstruir el campo cultural es-

pecífico que se está tratando. Así, si bien la descripción es un componente amplio dentro del 

proceso de investigación, esta no deja de ser primordial para la explicación de la vida social 

y cultural de ciertos fenómenos en los que el libro ocupa un lugar central como mercancía y 

tiene un papel simbólico dentro del espacio social (Saferstein, 2013). Ello ocurre, sobre todo, 

en la vida cultural del siglo XX peruano, donde destacan editores importantes como Carlos 

Milla Batres, el mismo Mejía Baca, entre otros. 


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú

, N°50, 2022

Edición y política en el Perú (1950-1960): los proyectos edi-

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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

Manuel de Odriozola and the National Library (1875-1883)

Henry Barrera Camarena

Biblioteca Nacional del Perú

Lima, Perú

Contacto: henrybarrera20@gmail.com 

https://orcid.org/0000-0002-6242-7179

Resumen

El artículo analiza las vicisitudes que enfrentó el coronel Manuel de Odriozola des-

de que asumió el cargo de bibliotecario de la Biblioteca Nacional. Su conocimiento 

bibliográfico e interés por la conservación lo llevaron a implementar reformas como 

la catalogación, el canje de libros, la adquisición de estantes, el reglamento y la con-

tratación de más personal. Para lograr este cometido fue importante el apoyo de la 

prensa limeña, que le dio tribuna a las necesidades urgentes de la institución. Asimis-

mo, se examinará el contexto económico que vivía el país cuando Odriozola empezó 

a ejercer sus funciones. De esta manera podrá entenderse por qué fue complicada la 

realización de tales reformas, pese al interés del gobierno por respaldarlo. No obstan-

te, el expolio y la ocupación de la Biblioteca Nacional por parte del ejército chileno 

(1881-1883) paralizaron los cambios que se estuvieron implantando.

Palabras clave: Manuel de Odriozola, Biblioteca Nacional, expolio, catálogo, Gue-

rra del Pacífico.

Abstract

The article analyzes the vicissitudes that Colonel Manuel de Odriozola faced 

since he assumed the position of librarian of the National Library. His biblio-

graphical knowledge and interest in conservation led him to implement refor-

ms such as cataloging, exchange of books, acquisition of shelves, regulations, 

and the hiring of more personnel. To achieve this goal, the support of the Lima 

press was important, because it gave him a platform to the urgent needs of the 

institution. Likewise, the economic context that the country was experiencing 

when Odriozola began to exercise his functions will be analyzed. In this way 

it will be possible to understand why it was difficult to carry out such reforms, 

despite the government’s interest in supporting it. However, the looting and 

occupation of the National Library by the Chilean army (1881-1883) paralyzed 

the changes that were being implemented.

Keywords:

 Manuel de Odriozola, National Library, looting, catalogue, Pacific War.

Recibido: 2022-05-06/ Revisado: 2022-10-14 / Aceptado: 2022-10-25 / Publicado: 2022-12-06

ISSN-e: 2709-5649 pp. 20-43


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

Introducción
Hasta el momento, el texto de Alberto Tauro publicado en 1964 acerca de la 

gestión de Manuel de Odriozola como bibliotecario de la Biblioteca Nacional 

(1875-1883) sigue siendo la principal investigación para conocer esta etapa de 

la historia de esta institución. Si bien es un estudio relevante, hay aspectos 

que Tauro no llegó a tocar o a desarrollar con mayor profundidad. Este artí-

culo tiene como objetivo analizar ese periodo, desde que Odriozola asumió el 

puesto hasta que fue reemplazado por Ricardo Palma. A su vez, se tomará en 

cuenta el contexto económico, la situación fiscal del país y de qué manera esto 

influyó en el limitado respaldo del gobierno de turno, lo cual no significó su 

desinterés al respecto, pues contribuyó en casi todas las reformas propuestas 

por el bibliotecario.

Por otro lado, la existencia de documentación oficial sobre esos años es limi-

tada y básicamente rescata la parte administrativa y burocrática. En ese senti-

do, se revisaron las fuentes periódicas, siendo la más importante El Comercio

que se examinó íntegramente desde 1875 hasta 1879. Recordemos que durante 

la ocupación de Lima (1881-1883), no circuló ningún diario capitalino. Se optó 

por tomar como fuente principal a El Comercio porque se trataba del medio 

escrito más leído de aquellos años. No obstante, también se han consultado 

otros diarios, como El PeruanoEl NacionalLa Opinión NacionalLa Patria y 

La Sociedad. La narrativa que se gestó en cada uno de ellos en torno a la Bi-

blioteca Nacional permite identificar detalles difíciles de hallar en documentos 

oficiales. El progreso de la Biblioteca Nacional era un asunto público, de ahí el 

papel ciertamente fiscalizador que cumplieron los diarios, pues constataban si 

el Estado peruano cumplía sus promesas de apoyo a Odriozola o no.

Metodología
La investigación tiene como base el empleo de una fuente primaria y de otra 

secundaria. Respecto a la primera, esta incluye, en su mayor parte, artículos 

periodísticos de los principales diarios limeños, debido al rol supervisor de la 

prensa. A través de este tipo de información se ha podido reconstruir y seguir 

el devenir de la gestión de Odriozola, incluso antes de que asumiera el cargo. 

Asimismo, se ha utilizado documentación del archivo del Ministerio de Rela-

ciones Exteriores y del Archivo General de la Nación. Por su parte, la fuente 

secundaria comprende la bibliografía revisada en distintas bibliotecas de Lima.

La Biblioteca Nacional antes de Odriozola
El 9 de junio de 1875 falleció Francisco de Paula González Vigil, hasta enton-

ces, bibliotecario de la Biblioteca Nacional, cargo que ocupó durante treinta 

años. Su partida dejó un hondo vacío no solo en la institución que dirigía, sino 


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

también en el campo de la política y la intelectualidad. Pese a la pena genera-

lizada por su muerte, pronto debía elegirse a su reemplazante, quien tendría la 

gran responsabilidad de estar a la altura del cargo y de su antecesor. Para aquel 

año se consideraba a la Biblioteca Nacional como una de las primeras de Amé-

rica, tanto por el número de volúmenes que custodiaba como por la rareza de 

libros que eran muy difíciles de hallar en cualquier otra biblioteca.

La organización de la Biblioteca Nacional se caracterizó por su aspecto rudi-

mentario; solo se contaba con un bibliotecario, un conservador, un amanuen-

se y un limpiador de libros. A todas luces se necesitaba de más personal para 

poder cumplir los objetivos que se trazasen. En las bibliotecas europeas y de 

países como Estados Unidos, normalmente se hallaban numerosos literatos y 

hombres de ciencia como empleados. Cada biblioteca se dividía en facultades 

y estas estaban subdivididas en ramos especiales que corrían a cargo de una 

persona, que a menudo era un profesor de universidad. Esta persona se encar-

gaba de los amanuenses o secretarios, de la formación de los catálogos y de los 

libros por comprar. Solo para citar un caso, en Inglaterra, la Academia Real de 

Ciencias, con el objetivo de facilitar el estudio, resolvió formar un catálogo de 

todas las memorias sobre ciencias naturales publicadas en los diferentes perió-

dicos científicos desde el establecimiento de las grandes academias científicas 

de París y Londres. En el Perú se estaba muy lejos de eso

1

.

Con el paso del tiempo, la Biblioteca Nacional se convirtió en un depósito 

de libros polvorientos. Por aquel entonces, los usuarios preferían más a los 

periódicos o buscaban revistas científicas e industriales, por encima de los tex-

tos. Por ello se requerían salas destinadas a la lectura de diarios nacionales y 

extranjeros. De manera sarcástica se sostenía que «en otros países no solo las 

bibliotecas, sino hasta los hoteles tienen salas y gabinetes de lectura donde se 

encuentran entre revistas de ciencias, arte y literatura […]»

2

.

Otra tarea esencial e impostergable era dotar a la Biblioteca Nacional de una 

imprenta propia para sus publicaciones y de un taller de encuadernación para 

preservar los manuscritos y renovar las cubiertas de las obras deterioradas.

Nuevo bibliotecario
La persona idónea para el cargo debía gozar de la misma aceptación que Vigil 

—esta fue, sin dudas, la razón principal por la que se mantuvo durante treinta 

años como bibliotecario—. Bajo la nueva dirección se tendría que empezar la 

elaboración del catálogo con el que todavía no se contaba. El elegido tendría 

que concentrarse en asegurar que las joyas bibliográficas de la Biblioteca Na-

cional se conservaran para las generaciones futuras.

1  La Opinión Nacional. Martes 15 de junio de 1875.
2  La Opinión Nacional. Viernes 25 de junio de 1875.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

El 9 de junio, Trinidad Manuel Pérez, director y dueño del periódico El Co-

rreo del Perú, elevó un oficio al presidente Manuel Pardo y Lavalle en el que 

se ofrecía para el puesto de bibliotecario, sin recibir remuneración de ningún 

tipo

3

. En su misiva sostuvo:

Habiendo quedado vacante la dirección de la Biblioteca Nacional por la 
inesperada muerte del señor Dr. D. Francisco de Paula González Vigil, 
cuya pérdida para los jóvenes estudiosos, que él llamaba hijos, no será 
reparada ni con el valioso tesoro de sabiduría y de virtudes que lega al 
país en sus obras, y teniendo la conciencia de poder contribuir al adelanto 
de ese establecimiento por el estudio que de esas instituciones he hecho 
en Europa y en Estados Unidos; ocurro a V.E. a fin de que al proveer esa 
vacante se digne tener en cuenta de que yo estoy dispuesto a servir […]

4

.

Trinidad Pérez renunciaba al sueldo y pedía que ese monto se invirtiera en la 

adquisición de libros para seguir enriqueciendo los fondos de la Biblioteca Na-

cional. Al igual que él, otros candidatos se presentaron ante el presidente con 

la misma consigna. En Lima había intelectuales capaces de asumir la dirección 

y, de todos ellos, el que reunía los requisitos y gozaba del apoyo de las personas 

entendidas y de la prensa era el coronel Manuel de Odriozola

5

.

Odriozola, quien por entonces era ministro de Justicia, había dedicado casi 

toda su vida a la adquisición y al estudio de libros raros sobre América y el Perú 

en particular. Poseía una valiosa colección de textos en la cual invirtió fuertes 

sumas de dinero, lo que mostraba también el valor que estos tenían para él. 

Asimismo, ostentaba muchos manuscritos acerca del virreinato peruano en 

sus diferentes aspectos. Pero, sobre todo, primaba su faceta de bibliófilo. Fue 

por ello que se dedicó al estudio de los materiales que conservaba, los cuales 

complementó con otros y, además, publicó su famoso Documentos literarios del 

Perú. Hasta esa fecha eran diez los volúmenes que circulaban en las librerías

6

.

Durante los últimos días de junio la Biblioteca Nacional estuvo cerrada por 

orden del gobierno. En la puerta del recinto se pegó un papel que indicaba esta 

disposición a los visitantes recurrentes. Así permanecería hasta que se decidie-

ra nombrar un nuevo bibliotecario

7

. Luego de un estudio de aspirantes, el 2 de 

3  El Comercio. Viernes 11 de junio de 1875. Pérez, dramaturgo trujillano, integró la bohemia 

limeña de mediados del siglo XIX; además, fue un conspicuo admirador de la novedosa tradi-

ción literaria de la capital (Zevallos, 2018, p. 115).

4   El Comercio. Sábado 12 de junio de 1875. 
5  Su designación no ocasionaría gravamen alguno al Estado, ya que seguiría recibiendo el suel-

do de coronel. El Comercio. 14 de junio de 1875.

6  En marzo de 1878, Odriozola le comunicó al director de Instrucción que en la Biblioteca 

Nacional existían cien ejemplares de los últimos siete volúmenes de su obra Colección de docu-

mentos históricos y literarios del Perú.

7  El Comercio. Lunes 28 de junio de 1875.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

julio, el presidente Pardo nombró a Odriozola para que tomara las riendas de 

la Biblioteca Nacional

8

. Si bien esperaba ser elegido para el cargo, el anuncio 

lo asombró, pues estaba en un momento afianzado de su carrera intelectual y 

tenía un nombre ganado en la sociedad. El encargado de anunciarle la noticia 

fue el ministro de Gobierno, Policía y Obras Públicas

9

. Lo curioso es que antes 

de que el mismo Odriozola fuese notificado de su nombramiento, en la prensa 

local ya corría el rumor de que esto solo era cuestión de días

10

. Los medios pe-

riodísticos conocían la noticia de manera extraoficial.

Odriozola llegó a la Biblioteca Nacional en un escenario nacional desfavo-

rable. Pese a la exportación del guano y del salitre, esto no se plasmaba en be-

neficio de la mayoría de los ciudadanos (Salas Olivari, 2016, p. 143). La pésima 

distribución de los recursos y la centralización contribuyeron a la generación 

de un clima social turbulento, sin soslayar el incremento de la deuda externa.

Inicio de reformas y la prensa
Odriozola estaba al tanto de los problemas que aquejaban a la Biblioteca Na-

cional, pues durante años la visitó asiduamente para revisar las fuentes biblio-

gráficas, documentales y hemerográficas que ahí existían. Aun así, necesitaba 

tomarse algunos días para empaparse del estado en el que la había dejado su 

antecesor González Vigil.

Luego de varias semanas de estudio, el 14 de agosto remitió un oficio al mi-

nistro de Instrucción en el cual informaba en qué condiciones estaba recibien-

do la Biblioteca Nacional. Odriozola comenzó por recordar que los viajeros 

extranjeros que llegaban a Lima visitaban preferentemente la Biblioteca Na-

cional y que a partir de lo que observaban en ella podían deducir el grado de 

progreso y cultura del país. Con esa premisa, le era hasta cierto punto vergon-

zoso mostrarles a los visitantes un lugar carente de orden y pulcritud.

Las necesidades más urgentes por resolver eran el tema de los empleados, 

terminar la refacción del local —obra que encontró muy avanzada— y lo rela-

tivo a la bibliografía. Sobre este último punto, hizo hincapié en la inexistencia 

de un catálogo, lo que impedía conocer cuántos volúmenes se custodiaban y su 

respectiva importancia. Un catálogo es fruto de años de trabajo; por ello, para 

su realización, más allá de las buenas intenciones, se necesitaban recursos. El 

oficial conservador y el amanuense de la Biblioteca Nacional constantemente 

atendían a los asistentes a la sala de lectura que, por día, bordeaban las cuaren-

ta personas. Por lo tanto, era preciso contratar, como mínimo, a dos auxiliares 

entendidos en bibliografía y a más amanuenses.

8   Una semblanza de su labor patriótica e intelectual se puede ver en Herrera, 1862, pp. 272-273; 

Polo, 1890, pp. 78-79; Tauro, 1964. 

9  El Peruano. Viernes 9 de julio de 1875.
10 El Nacional. Jueves 1° de julio de 1875; La Opinión Nacional. Jueves 1° de julio de 1875; La 

Sociedad. Viernes 2 de julio de 1875.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

En esa misma línea, Odriozola comunicaba la penosa noticia de que alrede-

dor de diez mil volúmenes de diferentes materias estaban siendo consumidos 

por las polillas. Libros raros, ediciones de los siglos XV y XVI, elzevires o pu-

blicaciones de inicios de la imprenta, que por entonces costaban grandes can-

tidades de dinero en Europa, se hallaban prácticamente destruidos. La misma 

suerte correrían muchos manuscritos, crónicas y libros relacionados con las 

épocas de la conquista y la colonia. La Biblioteca Nacional contaba con un 

solo empleado dedicado a la limpieza de los anaqueles y al aseo de los salones, 

por lo que su tarea era de nunca acabar

11

.

Odriozola proponía como una primera tarea tratar de paralizar los estragos 

ocasionados por las polillas. Para ello tendrían que cambiarse las cubiertas de 

todos los libros forrados en pergamino. La labor se realizaría en una oficina de 

conservación que estaba en proyecto y que también se encargaría de empastar 

en volúmenes la inmensa cantidad de folletos acumulados en el archivo. En-

seguida, sería necesario proveer al establecimiento de estantes apropiados y en 

cantidad suficiente para que los libros no estuvieran hacinados en el piso. El 

valor de la Biblioteca Nacional radicaba, más que en la cantidad de textos, en 

el caudal de obras raras que albergaba. Si su solicitud de reforma era desaten-

dida por el gobierno, juzgaba que «sería mejor clausurarla y vender las obras 

al mejor postor»

12

. Odriozola recordaba que, como empleado de la secretaría 

del general José de San Martín, había participado en la redacción del decreto 

de fundación de la Biblioteca Nacional, por lo que no había nadie más idóneo 

que él para expresar la importancia y la trascendencia de rescatarla del descui-

do. Esperaba pues que su oficio llegara a manos del presidente Pardo, para que, 

una vez informado de la situación, tomara cartas en el asunto

13

.

El 2 de diciembre, Odriozola se dirigió nuevamente al ministro de Instruc-

ción para que sus solicitudes fuesen atendidas. En esta ocasión indicaba que, 

de todos los males de la Biblioteca Nacional, uno tenía que ser atendido con 

prioridad: la conservación de los libros. Empieza señalando que se contaba con 

un aproximado de doce mil folletos, los cuales habría que encuadernar. Para 

lograr ese cometido, proponía que, con el sueldo asignado en el presupuesto a 

la plaza de bibliotecario, se contratara a un encuadernador que realizaría sus 

funciones en un taller que se implementaría para tal fin. Para la organización 

del taller y la compra de máquinas y materiales, por el momento bastaba con 

un gasto de dos mil cien soles.

11 El 9 de noviembre, Odriozola le informó al ministro de Instrucción que el archivero encarga-

do del Archivo Nacional había puesto a su disposición a Mariano Torres y Enrique Trujillo, 

amanuenses de dicha entidad. Ambos prestarían sus servicios en la Biblioteca Nacional.

12 El Comercio. Lunes 16 de agosto de 1875. 
13 La postura que mostró Odriozola en su oficio la respaldó su competidor en el cargo Trinidad 

Pérez, quien compartía la idea de cerrar la Biblioteca Nacional ante esta cruda realidad. El 

Correo del Perú. Domingo 22 de agosto de 1875.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

El sueldo que recibía Odriozola era el de coronel fundador de la indepen-

dencia, pero no percibía una remuneración como bibliotecario. Ese dinero re-

sultaba útil para dicho taller, además que era preferible esta opción a delegar el 

trabajo a oficinas particulares que cobrarían mucho más de lo presupuestado. 

Una vez instalada la oficina de encuadernación, se podría determinar cuáles 

eran los libros y los folletos duplicados y canjearlos con las bibliotecas de San-

tiago o de Buenos Aires, cuyos directores mostraban su disponibilidad para 

ese cometido. Veamos a continuación el presupuesto de los gastos del taller

14

:

Tabla 1

Presupuesto de gastos del taller

14 El Comercio. Viernes 3 de diciembre de 1875.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

El 12 de enero de 1876, el presidente Pardo expidió una resolución suprema 

en la que disponía que, a partir del mes siguiente del fallecimiento de González 

Vigil, la suma asignada a la plaza de bibliotecario sería invertida en instalar un 

taller de encuadernación, en la adquisición de sus útiles y en el pago de los ope-

rarios requeridos

15

. Se le ordenó al ministro de Hacienda que dispusiera que la 

caja fiscal acatara la medida

16

. Pese a la compleja situación del erario nacional, 

se trataron de solventar estas necesidades de la Biblioteca Nacional.

Odriozola no estuvo solo en estas tareas a las que se abocó. Constantemen-

te, los diarios locales tocaban el tema

17

. Con notas pequeñas, pero contunden-

tes, les recordaban a las autoridades que era fundamental saber con cuántos 

volúmenes se contaba en la Biblioteca Nacional para garantizar su correcta 

conservación. Se instaba a Odriozola a que tomara la iniciativa y a que, con el 

personal con el que contaba, empezara a elaborar un índice

18

. Una propuesta 

consistía, por ejemplo, en catalogar sin cargar al fisco de un gravamen más. 

Para eso, debía emplearse la mano de obra de la propia institución. Sin un 

catálogo era complicado ubicar un texto entre los estantes. Sarcásticamente 

se decía que si se quería saber de algún volumen había que acudir al catálogo 

«Calderón», en referencia al conservador Manuel Calderón, «cuya existencia 

es mortal como la de todos; y que digna de verse quedaría la biblioteca si su 

índice Calderón se enfermase»

19

. Ello en alusión a que siempre había inconve-

nientes cada vez que este trabajador faltaba a la Biblioteca Nacional, ya que 

prácticamente ninguna otra persona lo podía reemplazar. De ahí que surgiera 

la frase «deme U. tal libro, se le decía a un empleado, y este contestaba, no sé 

dónde está, Calderón sabrá»

20

.

15 El Comercio. Jueves 13 de enero de 1876; El Nacional. Jueves 13 de enero de 1876; La Opinión 

Nacional. Jueves 13 de enero de 1876. Ese mismo mes, un medio periodístico denunció que 

varios conventos de Lima estaban vendiendo importantes libros que resguardaban en sus 

estantes a personas extranjeras; la mayoría de ellos, de corte religioso y filosófico. Debido al 

desconocimiento de los prelados, valiosas obras salían del país sin esperanza de retorno. Por 

ese motivo, se propuso que en vez de que las vendieran a extraños, el Estado debía adquirirlas 

para que inmediatamente incrementaran los fondos de la Biblioteca Nacional. La Opinión 

Nacional. Viernes 28 de enero de 1876.

16 El Peruano. Lima 1° de febrero de 1876.
17 El Comercio. Martes 1° de febrero de 1876; La Opinión Nacional. Jueves 10 de febrero de 1876; 

El Nacional. Martes 7 de marzo de 1876.

18 El Nacional. Miércoles 8 de marzo de 1876.
19 El Comercio. Martes 8 de febrero de 1876.
20 En una ocasión, un joven lector pidió que se le proporcionase El Conde de Montecristo y el 

encargado de atender a los usuarios se la negó con la excusa de «no tener autorización para 

dar novelas»; similar respuesta recibió al solicitar la Química de Riche. Enfadado por lo suce-

dido, no dudó en ir a un periódico local y hacer pública su molestia. El Nacional. Lunes 13 de 

marzo de 1876. La noticia se difundió rápidamente en el medio. Al día siguiente de publicarse, 

el oficial conservador de la biblioteca, por orden de Odriozola, envió una carta al cronista 

del diario para informarle que El Conde de Montecristo se había perdido durante la gestión 


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

De igual manera, la prensa cumplía un rol fundamental al momento de pro-

poner otras reformas necesarias en la institución u otras medidas de menor 

envergadura

21

. Por ejemplo, diariamente concurrían muchas personas para 

leer, consultar alguna obra o buscar algún dato. Sin embargo, había un ruido 

estresante que se escuchaba en todo momento. En las esquinas del salón de 

lectura se formaban grupos que solo iban con la intención de charlar

22

. Por 

ello, era preciso hacer un llamado para que primase el silencio en beneficio de 

los lectores.

Por otra parte, el 9 de mayo, Odriozola pasó un oficio al ministro de Instruc-

ción referente a la designación de cuatro o seis personas para que se ocuparan 

de limpiar el polvo de las colecciones de periódicos y otros documentos de las 

épocas de la colonia y la independencia, «que en montones y en completo des-

orden tengo aquí aglomerados»

23

. Algunos días después, volvió a remitir otro 

documento al ministro, esta vez apelando al rol del Estado en la preservación 

de las obras que enriquecen a la nación. En primer lugar, aclaró que el tan 

ansiado índice, antesala del catálogo, no era posible si antes no se dotaba a la 

Biblioteca Nacional de más personal. El conservador y el amanuense se en-

cargaban de la atención de los lectores; en el caso del oficial, plaza ya ocupada 

por Calderón, urgía que otro empleado más lo acompañara. Para Odriozola, 

el personal ideal era un subbibliotecario, dos oficiales conservadores, seis ama-

nuenses y dos empleados para la limpieza de estantes y libros

24

.

Debido a la demora del gobierno en responder a sus pedidos, Odriozola re-

currió a la prensa local, que hacía suyas sus solicitudes

25

. Por su alto cargo, 

reconocimiento y por el respeto que le tenían, el bibliotecario no temía filtrar 

las notas que recurrentemente le enviaba al gobierno. De esta manera, lo con-

cerniente a la Biblioteca Nacional pasaba a convertirse, realmente, en un pro-

blema nacional. Odriozola jugó en pared con el medio escrito; esta fue la ma-

nera que encontró para que no se desatendiera a la institución que dirigía. Sin 

embargo, era poco lo que se podía hacer desde el palacio presidencial, ya que 

el presupuesto que se les asignaba a las instituciones públicas —entre ellas, la 

Biblioteca Nacional— se elaboraba anualmente y con meses de anterioridad. 

Luego, era tarea del Congreso aprobarlo tal cual o con modificaciones. Por ese 

motivo, en julio de 1876, el ministro de Instrucción Manuel Odriozola Romero 

de González Vigil, mientras que la Química de Riche nunca había existido en la Biblioteca 

Nacional. El Nacional. Martes 14 de marzo de 1876.

21 Como sugerir que en los meses de verano se abrieran las ventanas de la biblioteca, ya que el 

calor incomodaba demasiado a los lectores. El Comercio. Lunes 21 de febrero de 1876.

22 El Comercio. Viernes 4 de febrero de 1876.
23 El Comercio. Miércoles 10 de mayo de 1876.
24 El Comercio. Lunes 15 de mayo de 1876.
25 La Sociedad. Miércoles 8 de noviembre de 1876.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

informaba al Congreso que el precario estado de la hacienda pública impedía 

que el gobierno prestara la atención requerida a la Biblioteca Nacional. El mi-

nistro apoyó el pedido del bibliotecario para que se le asignara más personal, 

lo cual implicaba más fondos. En el siguiente presupuesto, este punto y otros 

tendrían que considerarse.

La situación de la Biblioteca Nacional tiene que ser comprendida en rela-

ción con el contexto que se vivía. El 2 de agosto de 1876 asumió la presidencia 

Mariano Ignacio Prado. El mandatario tomó las riendas de un país con una 

limitada economía y con complicaciones para generar ingresos suficientes con 

los que afrontar sus obligaciones y las demandas de los acreedores extranjeros 

(Salas Olivari, 2016, p. 158). Desde 1875, año en que asumió Odriozola, a 1877, 

el Estado optó por reducir sus gastos, lo que se plasmó en una menor ejecución 

de proyectos y obras. Por ello, Odriozola tuvo que batallar para poder ejecutar 

sus reformas.

Miguel Lazón Llamas fue un diputado que se interesó por el progreso 

de la Biblioteca Nacional. El 28 de noviembre de ese mismo año, elaboró 

un proyecto de ley para que se concretaran las reformas necesarias. Lazón 

proponía: a) que se derogara la ley que creó el Archivo Nacional y que 

este pasara a formar parte de la Biblioteca Nacional; b) debía contarse con 

un bibliotecario (sueldo de 3000 soles), un subbibliotecario (sueldo de 2400 

soles), un oficial primero (sueldo de 1800 soles), un oficial (sueldo de 1200 

soles), tres oficiales conservadores (sueldo anual de 100 soles cada uno), seis 

amanuenses (sueldo de 600 soles cada uno), tres limpiadores de libros que 

también deberían barrer y asear los salones (sueldo de 25 soles al mes cada 

uno) y un portero; c) dichas plazas serían nombradas por el gobierno a pro-

puesta del bibliotecario; d) el Ejecutivo nombraría las comisiones para la 

formación del índice o catálogo general y el reglamento de la Biblioteca; e) 

en el presupuesto general de la nación debía someterse a votación la suma 

de 2000 soles anuales para la adquisición, en Europa, de las obras de interés 

que se hubiesen publicado —la compra recaería en los ministros diplomáti-

cos que residían en Londres y en Francia; y f) se destinarían 240 soles para 

gastos de escritorio

26

.

Por otro lado, el 16 de enero de 1877 Odriozola se dirigió al ministro de 

Instrucción para que dispusiera el cumplimiento de la ley que obligaba a 

todas las imprentas a remitir a la Biblioteca Nacional dos ejemplares de 

los libros, folletos o periódicos que publicaran. Muy pocas cumplían esta 

norma cuando se trataba de los periódicos que circulaban en provincias y 

que en raras ocasiones se enviaban a Lima. Odriozola exhortaba a que el 

26 El Comercio. Jueves 7 de diciembre de 1876. El proyecto de ley contenía aspectos interesantes, 

pero su aprobación estaba en manos del Congreso. Pese a que se desconoce el devenir de la 

iniciativa, es claro que al final fue desestimada y archivada.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

prefecto de cada localidad notificara a los dueños de los establecimientos 

tipográficos a que acataran la ley, bajo la amenaza de ser penados según lo 

establecido

27

.

Catálogo y canjes
Odriozola enfatizaba la necesidad de que los libros fueran clasificados por ma-

teria, fechas y autores; y a partir de ello, formar un catálogo. El 22 de mayo de 

1877 requirió al ministro de Instrucción que José Toribio Polo, oficial segundo 

de la administración de Correos, pasara a la Biblioteca Nacional con el sueldo 

que disfrutaba y en calidad de agregado, «mientras se colocan conveniente-

mente los libros y se hace el índice razonado». El interés de Odriozola por Polo 

radicaba en que este «a sus conocimientos bibliográficos, añade los adquiridos 

en más de diez años de asidua asistencia a la Biblioteca, registrándola para sus 

trabajos sobre historia patria, con permiso de mi antecesor el señor González 

Vigil»

28

. Es así que, a partir del 1° de julio, Polo pasó a la Biblioteca Nacional, 

en cumplimiento de la resolución suprema del 19 del mes anterior

29

.

Otro personaje clave en el proyecto del catálogo fue José Román de Idiáquez, 

quien desde mediados de 1876 se desempeñaba como meritorio. Su función era 

el arreglo de las obras colocadas en la estantería del nuevo salón. Sus conoci-

mientos en bibliografía lo convirtieron en un empleado necesario para la bue-

na marcha del establecimiento. Con este precedente, el 25 de agosto Odriozola 

recomendó al gobierno, dada la necesidad de cubrir una de las plazas vacantes 

de amanuense, que lo contrataran para ese empleo. Empero, el 4 de setiembre 

Odriozola fue notificado del rechazo a su solicitud, ya que esa plaza tenía que 

seguir siendo ocupada por Aurelio Langaray, antiguo amanuense del Archivo 

Nacional

30

.

El 3 de enero de 1878 se dispuso, por decreto supremo, la forma en que la 

Biblioteca Nacional realizaría el canje de libros, folletos y demás publicaciones 

con sus homólogas en el exterior

31

. Procediendo a su cumplimiento, Odriozola 

se contactó con los directores de las bibliotecas nacionales de Santiago, Mon-

27 El Comercio. Miércoles 17 de enero de 1877.
28 Archivo General de la Nación (en adelante AGN). Ministerio de Justicia y Beneficencia (en 

adelante MJB). Legajo 70, documento 44, 1877. 

29 Polo también participó en el arreglo de diversos archivos, tales como el de Hacienda, Cabildo 

Metropolitano, Arzobispal, Tribunal de Cuentas (Dager Alva, 1999, p. 5). Hasta el momento 

en que comenzó con la labor de la catalogación, apoyó en otras tareas asignadas. 

30 El 9 de setiembre, a petición de Odriozola, se destinó al sargento mayor del ejército Eulogio 

Quiñones para que prestara sus servicios a la institución como oficial calígrafo y ayudara 

en la formación del catálogo. El Comercio. Lunes 10 de setiembre de 1877. Anteriormente se 

había desempeñado como calígrafo del Ministerio de Guerra y Marina. AGN. MJB. Legajo 

70, documento 8, 1877.

31 Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores (en adelante AMRE). Correspondencia 

B.7.4.1. Caja 256, carpeta 15, 1878. 


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

tevideo, Buenos Aires, Caracas y Bogotá para enviarles cajones de libros para 

intercambiar. La labor se hacía en coordinación con el Ministerio de Relacio-

nes Exteriores, responsable de dar la orden final de enviar los volúmenes a sus 

destinos

32

.

A mediados de ese año, exactamente el 25 de julio, se presentó el proyecto 

del reglamento de la Biblioteca Nacional, el cual contó con el total respaldo del 

gobierno, que estaba convencido de la necesidad de organizarlo de un modo 

más conveniente (Loayza, 1878, p. XXV)

33

. Si bien había un déficit económico, 

esto no impedía que se reorganizara la Biblioteca Nacional; es más, el propio 

ministro de Instrucción José Loayza le sugería al bibliotecario que remitiera la 

propuesta de la cantidad de personal que deseaba y la escala de sueldo corres-

pondiente.

En setiembre, el bibliotecario elaboró un informe concerniente a varios as-

pectos de la Biblioteca Nacional, a raíz de un pedido del ministro Loayza

34

. El 

documento es valioso pues revela detalles del estado en que esta se hallaba. En 

primer lugar, Odriozola calculaba que había aproximadamente cien mil volú-

menes, mientas que el número de manuscritos era reducido y no excedía los 

cuatrocientos. En relación con el espacio que ocupaba, indicaba que son «tres 

salones del antiguo Colegio de Caciques, a los que últimamente se ha añadido 

el local que fue refectorio de los jesuitas»

35

. Por otro lado, aprovechó la ocasión 

para cuestionar que, en la corta historia de la Biblioteca Nacional, eran pocas 

las donaciones de libros que había recibido y solo rescataba «la hecha en 1840 

32 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 255, carpeta 1, 1878.
33 La Opinión Nacional. Sábado 27 de julio de 1878. Para una revisión detallada de cada punto 

del proyecto del reglamento, véase La Patria. Sábado 27 de julio de 1878. Cabe indicar que su 

base fue un informe minucioso que Odriozola presentó el 25 de junio del mismo año. AGN. 

MJB. Legajo 70, documento 11, 1878. En esa misma fecha se publicó un decreto supremo que 

nombraba a Miguel Arróspide y a Armando Castañeda como amanuenses interinos para la 

tarea del catálogo. Los dos amanuenses permanentes eran Aurelio Langaray y Alejo Palome-

que; este último tenía más de veinte años de labor en la Biblioteca.

34 El pedido del ministro provino de una solicitud que este había recibido del ministro de Re-

laciones Exteriores, quien intercedió, a su vez, por Vicente Quesada, director de la Bibliote-

ca Nacional de Argentina, para que le facilitaran información sobre la Biblioteca Nacional 

de Lima, como parte de un estudio que estaba realizando de las bibliotecas americanas. Al 

respecto véase, Buchbinder, 2018. Un año antes, Quesada publicó Las bibliotecas europeas y 

algunas de la América latina (1877), libro en el que afirma haber recibido datos incompletos y 

deficientes de la Biblioteca Nacional de Lima, a causa de la dificultad que tuvo de comunicar-

se con su homólogo peruano. Este era el primer tomo de un estudio de bibliotecas nacionales 

europeas y americanas. El segundo tomo se centraría en algunas bibliotecas de este lado del 

mundo. Para cumplir su cometido, Quesada presentó formalmente a las autoridades perua-

nas una lista de preguntas que tenían que ser respondidas por Odriozola. Las respuestas se 

dieron rápidamente y quedó en manos del ministro de Relaciones Exteriores del Perú remitir 

el documento a su par argentino, quien finalmente lo derivaría a su solicitante inicial.

35 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 256, carpeta 16, 1878.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

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por Miguel de la Fuente Pacheco»

36

. Respecto al personal, solamente había 

un bibliotecario, un conservador, un amanuense y un portero; aunque, «hay 

otros agregados que se ocupan en la actualidad del arreglo de los volúmenes en 

los estantes nuevamente construidos y en la formación del índice general»

37

Respecto a la atención al público, el horario era todos los días, excepto los 

feriados, desde las once de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

Loayza fue reemplazado en el cargo por Mariano Felipe Paz Soldán, quien 

estaba interesado en que la catalogación se iniciara lo más pronto posible y, 

por ello, el 14 de enero de 1879 le comunicó al académico Manuel González de 

la Rosa de la suprema resolución expedida referente a su nombramiento como 

parte de la comisión encargada de formar el catálogo de la Biblioteca Nacio-

nal. Su elección se basó en su vasto conocimiento bibliográfico, producto de 

su recorrido por las principales bibliotecas europeas occidentales

38

. Dos días 

después, González De la Rosa agradeció el gesto de Paz Soldán y luego aceptó 

trabajar al lado de Polo en dicha labor. En su respuesta acotó:

Contando con que US. nos enviará los laboriosos e inteligentes auxilia-
res que nos ha ofrecido, secundado por el señor director y mi entendido 
colega señor Polo, y más que todo, con el apoyo y consejos de US. cuya 
competencia todos reconocen me prometo llevar a cabo en pocos meses, 
lo que no se ha hecho en más de medio siglo que lleva de existencia la 
Biblioteca Nacional

39

.

Tres días después se oficializaría la conformación de una comisión com-

puesta por González de la Rosa y Polo para implementar el catálogo. Para 

poder cumplir con el objetivo, recibirían la ayuda de los empleados gra-

vantes al fisco designados por resolución suprema. Odriozola prestaría a la 

comisión todas las facilidades. Cabe indicar que el catálogo y el arreglo de 

los estantes se harían según instrucciones del Ministerio de Instrucción

40

La prensa informaba al público sobre el desarrollo de esta noticia. Eran 

muchos los asiduos usuarios que acudían constantemente a la Biblioteca 

Nacional para revisar los materiales, así que esta información referente al 

próximo catálogo les sería de mucha utilidad. Prácticamente ningún medio 

36 Las bibliotecas particulares de Joaquín Paredes (1859) y de Manuel Pérez de Tudela (1863) 

llegaron a la Biblioteca Nacional en condición de compra.

37 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 256, carpeta 16, 1878.
38 Una semblanza del devenir intelectual de este personaje, en Riviale, 1997. González de la 

Rosa, junto a otros bibliófilos notables de la época, como Ricardo Palma, Manuel de Men-

diburu y Enrique Torres Saldamando, se reunían en las tardes a charlar y revisar libros en la 

Biblioteca Nacional, por invitación del mismo Odriozola (Palma, 1905, p. 1936). 

39 El Comercio. Lunes 20 de enero de 1879.
40 El Comercio. Sábado 18 de enero de 1879; El Nacional. Sábado 18 de enero de 1879; La Opi-

nión Nacional. Sábado 18 de enero de 1879. 


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

escrito dejó de informar al respecto; el proyecto del catálogo había concita-

do toda la atención.

Los dos eruditos, Polo y González de la Rosa, recibieron alrededor de quince 

instrucciones a las que debían ceñirse al momento de empezar el ordenamiento 

y la catalogación de los libros

41

. El gobierno giraría dinero a Odriozola para que 

suministrara los materiales necesarios para la labor

42

. En los primeros días de 

febrero se presentaron ante el bibliotecario el teniente coronel Julio Martínez, 

el sargento mayor Pedro Raygada y el capitán Agustín Echevarría para prestar 

sus servicios en la elaboración del catálogo, según lo oficiado y establecido por 

el ministro Paz Soldán en una nota del día 30 del mes anterior.

En paralelo al inicio de esta actividad, Odriozola mandó un oficio al gobier-

no en relación con el incumplimiento de los impresores de remitir dos ejempla-

res de lo que se producía en sus talleres, según lo estipulaban los decretos del 

8 de febrero y 31 de agosto de 1822

43

. Se necesitaba adoptar una medida eficaz 

que impidiera la reincidencia de tales omisiones; por tal razón, el 4 de febrero, 

el Ministerio de Instrucción expidió la siguiente resolución:

Que siempre que salgan a la luz cualesquiera obra, folletos, periódicos u 
hojas sueltas y los respectivos directores o administradores de imprenta 
no remitan a la Biblioteca Nacional, el bibliotecario proceda a comprar-
los pasando el recibo del vendedor al Ministerio de Instrucción para que 
disponga que por la prefectura del departamento se haga efectivo su valor 
del impresor que haya incurrido en la enunciada falta

44

.

El 12 de mayo, Prado promulgó el reglamento de la Biblioteca Nacional, 

instrumento con el cual se regularizaron su administración y funciones, y se de-

terminó el personal con el que contaría (un bibliotecario, un subbibliotecario

45

dos vigilantes, cuatro conservadores, un amanuense y un portero).

El reglamento se publicó justamente al inicio de la Guerra del Pacífico (5 de 

abril de 1879). Por ello, los principales recursos del país se destinaron a atender 

al Ejército y la Marina y a la compra de armamentos. Pese a ello, llama la aten-

ción que los empleados llegaran a la cantidad de diez. Al analizar el pliego pre-

41 El Comercio. Jueves 23 de enero de 1879; Tauro, 1964, pp. 91-92.
42 El Comercio. Sábado 25 de enero de 1879. 
43 Mediante una resolución suprema del 5 de julio de 1876 se declararon vigentes los dos decre-

tos mencionados, pero ni aun así fueron cumplidos (Tauro, 1964, p. 54).

44 El Comercio. Jueves 13 de febrero de 1879. La medida fue complementada por otra dada el 21 

de julio del siguiente año, en la cual el gobierno ordenó que los prefectos y los subprefectos 

de toda la nación impusieran la multa de 10 a 20 libras esterlinas a los dueños de imprentas 

que no acataran la norma. El monto iría a favor de la persona que diera aviso de este acto. 

La multa no eximía a la imprenta de remitir los ejemplares. La Opinión Nacional. Jueves 22 de 

julio de 1880. 

45 El primero en ostentarlo fue González de la Rosa. 


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

supuestal destinado a la Biblioteca Nacional en el bienio 1879-1880 se observa 

que el dinero que se le asignaba se ceñía al pago de los empleados, quienes eran 

los siguientes: un bibliotecario, un conservador, dos amanuenses y un portero; 

es decir, la mitad.

La aprobación del presupuesto se dio en 1878, cuando aún no comenzaba la 

guerra; no obstante, solo se consideró a cinco empleados. Lo propuesto en el 

reglamento era beneficioso, pero no existían los recursos necesarios para que 

se concretara. Por ejemplo, para el gasto de la catalogación no se consideró la 

compra de estantes ni el mantenimiento de las instalaciones eléctricas. Única-

mente figuraba un monto de 80 soles anuales para la compra de escritorio y 960 

soles para «el reemplazo de los libros que se importen» (Salas Olivari, 2016, p. 

359). Esta era una suma ínfima para las necesidades de la Biblioteca Nacional.

La Biblioteca Nacional estaba dentro de la sección de Instrucción del Minis-

terio de Instrucción, Culto, Justicia y Beneficencia, pero no era la única que la 

conformaba, pues compartía espacio con el Archivo Nacional, la Escuela de 

Artes y Oficios, la Escuela de Minas, la Universidad Mayor de San Marcos, 

la Universidad Menor del Cusco, la Universidad Menor de Arequipa y, por 

supuesto, el propio Ministerio de Instrucción. Si se compara el presupuesto de 

todas estas instancias en la partida del bienio 1879-1880, lo que le correspondía 

a la Biblioteca Nacional equivalía solo al 1,47 %; es decir, fue la institución con 

menos fondos. A pesar de ese escenario desfavorable, se impulsó la elabora-

ción del catálogo, debido a lo trascendental del proyecto.

Durante la catalogación se hizo pública la noticia de que Polo había renun-

ciado a la comisión. Su alejamiento, ocurrido el 19 de julio, se dio sin que hu-

biese podido culminar la tarea asignada

46

. Solo llegó a arreglar las colecciones 

de los diarios sin encuadernar (González De la Rosa, 1880, p. 129)

47

. Durante 

un poco más de medio año, González de la Rosa continuó con el encargo, 

hasta que el 16 de febrero de 1880, el secretario del Ministerio de Instrucción 

declaró fenecida la comisión. Por lo tanto, se aprobó autorizar a Odriozola 

para que creara un índice general y detallado de todas las obras de la Biblioteca 

Nacional

48

. La prensa daba con pesar esta noticia, ya que la comisión había 

46 Según Tauro una de las razones de su salida se debió a las discrepancias que tenía con Gon-

zález de la Rosa respecto a la ordenación de los volúmenes en los estantes (1964, p. 59). No 

obstante, se sabe también que una segunda razón, y quizá la más importante, fue que no 

recibía su sueldo mensual y cuando sucedía era con retraso, lo cual lo perjudicaba tanto a él 

como a su familia. Por ese motivo, el 8 de julio Polo pidió ser restituido en el cargo de oficial 

segundo de la administración de Correos. AGN. MJB. Legajo 70, documento 105, 1879.

47 Paz Soldán, en su presentación al Congreso el 28 de julio, informó de los avances de la Bi-

blioteca Nacional. Al respecto, mencionó la conformación de la comisión del catálogo y dio 

a entender que tanto González de la Rosa como Polo continuaban en esa labor, cuando en 

realidad este último ya se había retirado (Paz Soldán, 1879, p. XXV).

48 La Opinión Nacional. Martes 17 de febrero de 1880.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

desaparecido sin que hubiese podido culminar su objetivo. A la vez, era plausi-

ble que el gobierno la haya sostenido hasta esa fecha, pese a la guerra en la que 

estaba inmerso el país.

Días antes de que se diera por concluida la comisión, el 4 de febrero se 

emitió un decreto supremo que daba el plazo de seis meses para la elabora-

ción del catálogo general. El 24 de ese mes, González de la Rosa remitió un 

informe al bibliotecario respecto a la catalogación. Según las instrucciones 

dadas, se encargaría de los salones primero y segundo, mientras que los salo-

nes tercero, cuarto y quinto le corresponderían a Polo. Debido a la renuncia 

de este último, González de la Rosa decidió ocuparse de los salones faltantes; 

de esa manera, culminó con los que se le encargaron, además del tercero. 

Entretanto, los salones cuarto y quinto quedaron pendientes. En el catálogo 

no se incluyeron ni los libros muy maltratados ni los truncos, que eran apro-

ximadamente 10 000. Por su parte, los catalogados eran casi 40 000 (González 

de la Rosa, 1880, p. 129).

Un dato relevante salió a la luz el 1° de marzo, cuando la Secretaría del Mi-

nisterio de Instrucción le solicitó a Odriozola que informara sobre el catálogo 

que había hecho González de la Rosa, quien el 18 de febrero había asegurado 

haberlo culminado. En dicho mes, Odriozola informó verbalmente acerca de 

ese trabajo, el cual se empleó como base para que se suprimiera la comisión 

encargada del catálogo. La Secretaría también le solicitó al bibliotecario que 

comunicara si el subdirector había cumplido con todas sus obligaciones, con-

forme con el reglamento del establecimiento

49

.

La Biblioteca Nacional permaneció cerrada durante los primeros meses de 

1880

50

. El secretario de Instrucción ordenó que desde el 1° de agosto se reabrie-

ran los salones de lectura para el público; a pesar de la guerra, la ciudad debía 

seguir el curso normal de sus actividades. Las personas que iban a la Biblioteca 

Nacional, ya sea para estudiar o investigar, no debían perjudicarse por factores 

externos. Empero, pasaron varios días y Odriozola no acataba la medida

51

.

Ese mismo año, el bibliotecario se dio a la tarea de formar un salón destina-

do exclusivamente a libros americanos: el llamado salón América. En noviem-

bre informó al secretario de Instrucción de que «siendo escasísimos el número 

de volúmenes relativos a las cinco repúblicas de Centro América»

52

, le remitía 

una relación de textos para que por su intermediación llegara a manos del se-

cretario del despacho de Relaciones Exteriores, desde donde se le comunicaría 

49 La Opinión Nacional. Martes 2 de marzo de 1880.
50 Gonzáles de la Rosa, en su informe del 24 de febrero, indica que la Biblioteca Nacional estuvo 

clausurada a raíz del remate hecho allí de las alhajas colectadas para la compra del blindado 

Almirante Grau (1880, p. 129).

51La Opinión Nacional. Martes 10 de agosto de 1880.
52 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 273, carpeta 14, 1880.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

al doctor Torres Lama, representante del Perú en esos países, que iniciara la 

adquisición. Para aquel entonces se sabía que el ejército chileno tenía planeado 

llegar a Lima para ocuparla. La prioridad era resguardar la capital y garantizar 

el correcto funcionamiento de las entidades públicas. Odriozola no se amilanó 

ante esta situación; es más, siguió realizando sus funciones con normalidad, 

sin presagiar lo que vendría después.

El 9 de setiembre, Odriozola informó al secretario de Instrucción las razones 

por las que no había podido cumplir con el decreto supremo del 4 de febrero, 

relativo a la formación del catálogo general. Para dicho catálogo, Odriozola 

pidió, en su calidad de subdirector, que se nombrara a una persona de notoria 

ilustración para el ordenamiento de la Biblioteca Nacional. En ese sentido, 

lamentaba que el gobierno no hubiese considerado sus sugerencias.

También propuso que Enrique Torres Saldamando ocupara una plaza 

de conservador, ya que, desde hace dos años, servía gratuitamente a la Bi-

blioteca Nacional; además, poseía notables aptitudes e inteligencia biblio-

gráfica. Odriozola hizo hincapié en que, pese a la voluntad que tenía, no 

podía llevar adelante tal objetivo por sí solo. El bibliotecario recordaba con 

nostalgia lo siguiente:

Hubo época en que ayudado por los señores Palma, Patrón, Idiáquez, Sal-
damando y Polo, personas todas entendidas en bibliografía, pude prome-
terme llevar a buen término la tarea, pero desgraciadamente el ex ministro 
del ramo señor Paz Soldán quiso esterilizar mis esfuerzos y las de mis ab-
negados y entusiastas colaboradores

53

.

Para esa fecha, el único empleado con conocimiento bibliográfico de la Bi-

blioteca Nacional era el antiguo oficial conservador Calderón, quien estaba 

enfermo y no iba mucho a trabajar. Por su parte, los amanuenses contratados 

no contaban con lo necesario para el trabajo de organización de los libros. En 

resumen, estas fueron las razones que dio Odriozola sobre lo imposible que 

había resultado ejecutar el catálogo en el tiempo designado. A la vez que daba 

esta argumentación, solicitaba un nuevo plazo para culminar con lo comenza-

do. Entonces, luego de revisar el oficio, el gobierno atendió su pedido: el 5 de 

octubre estipuló que se extendiera el plazo hasta el 20 de julio del siguiente año. 

La guerra, la ocupación de Lima y el expolio imposibilitaron que esta empresa 

se concretara.

Antes de seguir, cabe resaltar que el gobierno peruano, según sus posibi-

lidades, continuó apoyando a Odriozola hasta fines de 1880. Pese al déficit 

fiscal, la confrontación política en la que estaba sumergido el gobierno y el 

poco presupuesto asignado a este establecimiento, se alentó a que el catálogo se 

53 AGN. MJB. Legajo 70, documento 13, 1880.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

finalizara; así pues, el bibliotecario contó con ese respaldo para seguir adelante 

en el cometido.

La guerra y el expolio
El 5 de abril de 1879 Chile declaró la guerra al Perú y Bolivia. Los combates co-

menzaron en el mar, que terminó inclinándose a favor de los sureños después 

de su triunfo en la batalla de Angamos y el hundimiento del monitor peruano 

Huáscar, el 8 de octubre. Luego vinieron la campaña terrestre y el desembarco 

del ejército chileno en las costas de Pisco y Lurín. Después de la derrota perua-

na en las batallas de San Juan (13 de enero de 1881) y de Miraflores (15 de enero 

de 1881), el camino estaba libre para el ingreso del enemigo a la capital.

Las tropas chilenas entraron a Lima el 18 de enero de 1881 y rápidamente 

tomaron el control de la ciudad. A partir de ese momento comenzó un expolio 

sistemático de varias instituciones públicas. No solo se apoderaron de libros 

o manuscritos, sino también de todo material científico, artístico y escultórico 

(Paz Soldán, 1884, p. 736)

54

. La Biblioteca Nacional fue una de las principales 

instituciones en la mira del invasor. De ello dejó constancia Odriozola en la 

carta que le envió, el 10 de marzo, a Mr. Christiancy, ministro de Estados Uni-

dos en el Perú, acerca del «crimen de lesa civilización» que cometían las autori-

dades chilenas, en alusión a la sustracción de libros que estaban bajo su cuida-

do. Asimismo, le informaba que el 26 de febrero entregó, contra su voluntad, 

las llaves de la Biblioteca Nacional, con lo cual se inició «el más escandaloso y 

arbitrario despojo»

55

.

La siguiente narración se basa en un documento inédito encontrado en el 

archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. No cabe duda de que brinda 

mayores detalles de este suceso funesto sufrido por la Biblioteca Nacional

56

.

El 9 de mayo, el gobierno provisorio de Francisco García Calderón, ins-

talado apenas el 12 de marzo, dispuso que las labores de la Escuela de Cons-

trucciones Civiles de Minas se dieran en los salones destinados al Club Lite-

54 El teniente de navío francés Albert Davin menciona que «todo lo que podía ser tomado fue 

sustraído a los laicos: utensilios de laboratorio, las colecciones, las bibliotecas, las anclas, las 

cadenas e incluso los pisos de los cuarteles de Lima» (2006, p. 30).

55 La usurpación fue planificada y la Biblioteca Nacional estaba en la mira de los chilenos desde 

los primeros instantes de la ocupación (Middendorf, 1973, tomo I, p. 318). La carta fue escrita 

por Odriozola y por Ricardo Palma, a quien Nicolás de Piérola había nombrado subdirector 

de la Biblioteca Nacional. Ambos fueron perseguidos por las autoridades chilenas por tal 

acto (Palma, 1979, p. 96). El tradicionista fue capturado y hecho preso en una habitación del 

corredor alto de la Biblioteca, pero debido a su reconocida personalidad literaria fue puesto 

en libertad (Hernández, 1933, p. 73-74); entretanto el bibliotecario, pese a la disposición de su 

inmediata prisión, consiguió asilarse en la legación norteamericana (Palma, 1912, p. 5).

56 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 279, carpeta 16, 1881. Se cuenta con algunos estudios 

en torno al expolio; véase Guibovich, 2009; Carcelén y Maldonado, 2014.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

rario ubicados en la Biblioteca Nacional

57

. Ello, a raíz de que la mencionada 

escuela fue ocupada como cuartel por el ejército chileno. El coronel Odriozo-

la, notificado de la medida, informó a José Miguel Vélez, ministro de Justicia, 

Culto, Instrucción y Beneficencia, que tal medida no podía darse porque la 

institución que dirigía también estaba ocupada por soldados enemigos. Al 

mismo tiempo, Odriozola informaba al ministro Vélez de la sustracción de 

un gran número de libros y documentos de los salones de la Biblioteca Na-

cional «y que se encontraban allí más de cincuenta cajones para llevarlos con 

los libros que aún quedaban»

58

.

El contraalmirante Patricio Lynch le devolvió a García Calderón las llaves 

de la Biblioteca Nacional el 12 de mayo, aunque para entonces ya se había 

extraído más de la mitad de los volúmenes (Palma, 1984, p. 46). Cuatro días 

después, el ministro Vélez remitió el informe de Odriozola a Manuel María 

Gálvez, ministro de Relaciones Exteriores, con el fin de que ejecutara las 

acciones necesarias con el jefe de las fuerzas chilenas y se lograra la desocu-

pación de la Biblioteca Nacional. La importancia de los libros que se en-

contraban en el establecimiento era revalidada por el ministro Vélez, quien 

indicó que «siendo de estimable valor los libros y antiguos documentos que 

aún quedan en ese local, sería muy conveniente que usted procurase recabar 

una orden expresa para que no continúe extrayéndose por los soldados los 

referidos objetos»

59

. Pese al empeño invertido, el ministro Gálvez no obtuvo 

resultados.

Posteriormente, el 29 de junio, Odriozola envió un oficio al ministro Vélez 

para comunicarle que el día anterior, aproximadamente a las tres de la tarde, 

la Biblioteca Nacional había sido invadida por una partida de tropa armada, 

conducida por el intendente de policía del ejército chileno, el coronel Valdi-

vieso. En ese instante, Odriozola se encontraba en su oficina. El intendente 

le previno que «dentro de un momento venía a ocupar todo este local, alto 

y bajo, el batallón Curicó, inclusive los departamentos que ocupados por el 

que suscribe, y el Archivo Nacional para los jefes y oficiales de dicho cuerpo 

en razón de estar amueblados»

60

. Odriozola literalmente le suplicó al inten-

dente que le permitiera quedarse, pedido que se le concedió. A la seis de la 

tarde del 28 ingresó el referido batallón y se alojó en todos los salones de la 

57 El Club Literario estaba instalado en la Biblioteca Nacional desde diciembre de 1876. AGN. 

MJB. Legajo 70, documento 2, 1876.

58 En cajones se llevaron libros, muebles y todos los accesorios útiles y en buen estado. Pese a 

que tuvieron todo el tiempo necesario, no se llegaron a llevar todos los cajones preparados 

con destino a Santiago. En mayo de 1884, Palma le informó al ministro de Instrucción de la 

existencia de cajas grandes cerradas y rotuladas que se hallaban en uno de los salones de la 

Biblioteca Nacional. AGN. MJB. Legajo 71, documento 12, 1884.

59  AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 279, carpeta 16, 1881.
60 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 279, carpeta 16, 1881.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

Biblioteca Nacional, que fueron destinados para «cuadras de la tropa, hospi-

tal y almacén de armas y municiones; el club literario y los salones en donde 

funcionó la oficina de Estadística y todos los corredores altos y bajos»

61

. En 

el mismo oficio, Odriozola recordaba una nota formal que le había enviado 

al mismo ministro Vélez, días antes del 28, en la que señalaba que, cuando le 

devolvieron la Biblioteca Nacional, lo hicieron con «la falta y descomposi-

ción de todas las chapas de las puertas y mesas y escritorios»

62

. Lo único que 

aún mantenía en su poder era la llave de la puerta principal, que «defendía y 

aseguraba la oficina»

63

.

Cuando Odriozola remitió el oficio, las fuerzas chilenas volvían a la Bi-

blioteca Nacional para ocuparla. El bibliotecario temía que lo poco que ha-

bía logrado que devolvieran volviera a desaparecer. Odriozola oía cómo los 

soldados enemigos decían que «les pertenece todo como vencedores»

64

, en 

alusión a los invaluables materiales de la institución. Tal como el informe an-

terior, este oficio también lo remitió el ministro Vélez a su par en el despacho 

de Relaciones Exteriores, quien tenía que presentar un reclamo ante el jefe 

del ejército chileno por lo que estaba ocurriendo. No obstante, su reclamo no 

fue escuchado y se siguió con el expolio. Cuenta el viajero Ernst Middendorf 

que «las salas, tan bien arregladas antes, parecía que hubiesen albergado a 

criaturas de las divinas Euménides. Los armarios y los estantes estaban va-

cíos y dondequiera, desparramados por el suelo, se veían montones de libros 

medio destrozados» (1973, tomo I, p. 319).

Pese a que se tenía planificado enviar todos los libros de la Biblioteca Na-

cional al sur, buena cantidad de ellos se quedaron en Lima

65

; específicamen-

te, en manos de individuos particulares que por diferentes medios lograron 

adquirir algún volumen de su interés

66

. Otra cantidad se quedó en manos de 

61 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 279, carpeta 16, 1881.
62 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 279, carpeta 16, 1881.
63 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 279, carpeta 16, 1881.
64 AMRE. Correspondencia B.7.4.1. Caja 279, carpeta 16, 1881.
65 El 3 de agosto se publicó, en el Diario Oficial de la República de Chile, el informe que presentó 

el polaco Ignacio Domeyko, rector de la Universidad de Chile y encargado de reconocer 

la cantidad de libros traídos desde Lima. Domeyko manifestó haber contabilizado «más de 

diez mil volúmenes entre obras de diversos tamaño y folleto […]» (Godoy Orellana, 2011, 

p. 302). La cantidad de textos sustraídos de la Biblioteca Nacional todavía está en debate y, 

más aún, cuánto se llevó el ejército chileno a su país. De lo que no hay duda es de las joyas 

bibliográficas sustraídas, como varias ediciones raras de la Biblia, elzevires, autores clásicos, 

un breviario de Venecia de 1489, una edición de Platón de 1481, el Misal Muzárabe de Toledo 

(1500), la relación de los autos de fe de Lima (Markham, 1895, p. 286); no se continua, porque 

la lista es larga.

66 El coronel del ejército José Luis Torres sostuvo que «mucho de lo robado se vendió en Lima, 

particularmente en lo referente a libros y periódicos, pues por mucho tiempo los pulperos 

italianos y los asiáticos envolvían las especias de la venta en papeles de oficio» (1890, pp. 

218-219). Es muy probable que varios de esos libros y periódicos hayan pertenecido a las 


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

ciudadanos chilenos o de funcionarios de dicho país, quienes se apoderaron 

de estos para venderlos o regalarlos

67

.

A mediados de octubre de 1883, el ejército chileno se retiró de Lima y aban-

donó todas las instalaciones que tenía en su poder en la capital

68

. En el caso 

concreto de la Biblioteca Nacional, Odriozola observó y lamentó el estado en 

que esta había quedado. En un informe que elevó al ministro de Instrucción el 

31 de octubre, afirmaba que «[…] los preciosos y raros manuscritos que compo-

nían la colección de inéditos, ha desaparecido casi por completo»

69

. Ese mismo 

día se hizo presente en la Biblioteca Nacional el señor Ramón Gutiérrez Pare-

des, secretario del Tribunal de Comercio, quien, por orden verbal del ministro 

de Instrucción, debía consultarle al bibliotecario sobre el espacio que podían 

ocupar dicho tribunal y el despacho de su secretaría. Odriozola propuso que 

usaran los ambientes asignados al Club Literario y al litógrafo encargado de 

realizar los grabados para la obra de Antonio Raimondi

70

.

El 2 de noviembre, Ricardo Palma fue nombrado director de la Biblioteca 

Nacional. Con ello se formalizó el alejamiento de Odriozola de la institución 

que dirigió durante ocho años, aunque fue designado director honorario.

Conclusiones
Durante su gestión, Odriozola promovió reformas que urgían desde hacía déca-

das y que sus antecesores no concretaron por diversas razones. En este punto, no 

se puede soslayar su aporte respecto a la adquisición de obras —especialmente 

extranjeras—, el reglamento, la compra de estantes, la contratación de más per-

sonal para las labores internas y la catalogación de los materiales bibliográficos. 

Durante esta tarea contó con el apoyo de la prensa. En los diversos artículos pe-

riodísticos queda constancia de que el progreso de la Biblioteca Nacional era de 

interés público. Sin duda, los medios escritos mostraron su apoyo a Odriozola.

Mientras ocupó la plaza de bibliotecario, el país pasó por una crisis fiscal que 

se reflejó en el bajo presupuesto que se le asignó a la Biblioteca Nacional. Si 

bien no puede dudarse del apoyo que trataba de darle el gobierno, el déficit eco-

nómico impedía que le pudiera otorgar más recursos. El presidente Prado y sus 

colecciones de la Biblioteca Nacional.

67 Sobre el periplo de los textos que llegaron a Chile y el distinto destino que tuvieron, véase 

Godoy Orellana, 2011, pp. 301-304.

68 Según Polo, durante el tiempo que duró la invasión, Odriozola tuvo que vender parte de sus 

libros para poder comer (1890, p. 79).

69 Véase el informe completo en Durand, 1972, pp. 36-37. Por otra parte, el 30 de octubre, el 

director del Archivo Nacional Manuel María Bravo también presentó un informe del estado 

en que quedó la institución que dirigía. En una visita rápida, Bravo observó que faltaban 

alrededor de cuatro mil documentos del ramo histórico de Inquisición y todo lo perteneciente 

a la Real Audiencia de Lima. AGN. MJB. Legajo 68, documento 90, 1883.

70 AGN. MJB. Legajo 71, documento 134, 1883.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Manuel de Odriozola y la Biblioteca Nacional (1875-1883)

ministros de Instrucción reconocían la importancia de la Biblioteca Nacional en 

lo referente al progreso de las luces y la educación de la sociedad. En los distintos 

dictámenes se percibe esa intención de dotarla de las herramientas necesarias 

para su correcto funcionamiento.

Finalmente, la ocupación de Lima hizo que se retrocediera lo avanzado. El 

despojo de los miles de libros, periódicos, manuscritos, piezas anatómicas y 

muebles se llevó a cabo en pocos meses. En ese escenario, Odriozola hizo lo 

que pudo; con un Estado acéfalo y una guerra prácticamente perdida, no ha-

bía a quién solicitarle apoyo. La institución a la que se entregó con ahínco fue 

despojada de su riqueza bibliográfica. A pesar de esa coyuntura, nada pudo 

opacar su genuino compromiso para sacar adelante el establecimiento que se le 

había encargado; sacó a la Biblioteca del letargo en el que se hallaba y le dio un 

dinamismo particular. Por eso, su paso por esta institución terminó marcando 

un precedente.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°50, 2022

Henry Barrera Camarena

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F

ÉNIX

. R

EVISTA

 

DE

 

LA

 B

IBLIOTECA

 N

ACIONAL

 

DEL

 P

ERÚ

, N°50, 2022

Jorge Huamán Machaca

«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y 

Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ricardo Palma 

y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú 

(2 nov. 1883 - 28 julio 1884)

1

.

«Give me the government shelves where to place books and Deo 

Volente I will give the country Library». Ricardo Palma and 

the reconstruction of the National Library of Peru 

(Nov 2, 1883 – Jul 28, 1884)

Jorge Huamán Machaca, 

Biblioteca Nacional del Perú

Lima, Perú

Contacto: jorge.huaman@bnp.gob.pe 

https://orcid.org/0000-0001-6008-8460

Resumen

Este estudio aborda el tema de la reconstrucción de los fondos bibliográficos 

de la Biblioteca Nacional del Perú, entre noviembre de 1883 y julio de 1884, 

a consecuencia del expolio patrimonial sufrido durante la guerra con Chile, 

explorando los acontecimientos y circunstancias que fomentaron su recons-

trucción. Analizaremos la labor de Ricardo Palma y explicaremos el papel de 

las autoridades de turno, la sociedad de la época y el mercado local de libros 

en dicho contexto, para lograr la reconstitución de sus fondos bibliográficos 

hasta la reapertura de la institución en julio de 1884, llenando de esta manera 

un vacío historiográfico que ha caracterizado a la historia institucional de la 

Biblioteca Nacional del Perú.

Palabras clave: Biblioteca Nacional del Perú - Patrimonio cultural - Expolio - Re-

construcción nacional - Ricardo Palma 

Abstract

This study approaches the subject of the reconstruction of the bibliographic 

collections of the National Library of Peru, between November 1883 and July 

1884, as a consequence of the patrimonial despoilment suffered during the war 

1   El presente estudio tiene como base la investigación realizada sobre la vida del historiador y 

bibliógrafo Carlos A. Romero (2005-2006) y la ponencia titulada “El expolio de la Biblioteca 

Nacional del Perú (1883) y la Colección de Libros devueltos por Chile”, presentada en el 

XXV Coloquio de Lima en su historia (16 de febrero del 2018). 

ISSN-e: 2709-5649  pp. 44-74

Recibido: 2022-07-25/ Revisado: 2022-09-23 / Aceptado: 2022-10-25 / Publicado: 2022-12-06


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú

, N°50, 2022

«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

against Chile, exploring the events and circumstances that fostered its recons-

truction. We will analyze the work of Ricardo Palma and we will explain the 

role of the authorities, on duty the society of the time and the local book mar-

ket in this context, in order to achieve the reconstitution of its bibliographic 

collections until the reopening of the institution in July 1884, thus filling a 

historiographic gap that has characterized the institutional history of the Na-

tional Library of Peru.

Keywords: National Library of Peru - Cultural heritage - Despoilment - National 

Reconstruction - Ricardo Palma

I. Introducción
La existencia de la Biblioteca Nacional del Perú constituye un capítulo impor-

tante dentro del desarrollo cultural peruano y su historia ha sido un tópico co-

mún dentro de nuestra historiografía e imaginario colectivo, pero no siempre 

basados en el riguroso análisis de las fuentes que la testimonian. Ejemplo de lo 

anteriormente afirmado pueden ser el conocimiento sobre las colecciones que 

la conformaron primigeniamente en 1821, el expolio de sus bienes en 1881 o 

los factores que desencadenaron su destrucción en 1943. 

En el presente estudio centraremos nuestra atención en los sucesos de la 

reconstrucción de la Biblioteca Nacional, específicamente en aquellos que se 

dieron desde el nombramiento de Ricardo Palma como director de la insti-

tución, el 2 de noviembre de 1883, hasta que la entregara ya reconstituida, el 

28 de julio de 1884, sin descuidar ciertamente los factores que originarían los 

acontecimientos analizados.  De esta manera, nuestro estudio busca profundi-

zar aquella historia del “bibliotecario mendigo” que lograra reunir 28 mil volú-

menes para la desposeída institución, con un mayor análisis de los sucesos que 

permitieron su resurgimiento en un periodo de ocho meses. Para ello, se deta-

llará cual fue el papel de Ricardo Palma, las autoridades de turno y la sociedad 

de la época en pro de su reconstrucción y reapertura. De esta manera buscamos 

complementar a dos trabajos de historia institucional editados recientemente 

que, dada la amplitud misma de sus propuestas, no le permitiera a sus autores 

entrar en detalles como los que ahora abordaremos en este estudio

2

.

Estas preguntas serán respondidas analizando la documentación oficial que 

generara la Biblioteca Nacional del Perú desde el inicio de su reconstrucción, la 

correspondencia de Ricardo Palma y la consulta de informes periodísticos de la 

época. En ese sentido, planteamos que la labor de reconstitución de los fondos 

bibliográficos de la Biblioteca Nacional del Perú estuvo orientada a obtener 

2  Me refiero a las obras aparecidas el año 2021, con ocasión de las celebraciones bicentenarias 

de la Institución, a saber: Imaginario y memoria y La Biblioteca Nacional del Perú. 200 años 

de historia, esta última de autoría del entrañable amigo Marcos Garfias Dávila.


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nuevos materiales para la alicaída institución, tan igual como a la recuperación 

de aquellos remanentes de sus fondos originales, al menos el de aquellos que 

habían quedado dispersos en el mercado local desde 1881. 

Para este estudio partimos del concepto de patrimonio cultural en el sen-

tido ya desarrollado por Llull Peñalba, quien conceptúa a este como “el 

conjunto de manifestaciones u objetos nacidos de la producción humana, 

que una sociedad ha recibido como herencia histórica, y que constituyen 

elementos significativos de su identidad como pueblo” (2005: 181). En esa 

línea de pensamiento, los materiales bibliográfico documentales que res-

guardaba la Biblioteca Nacional del Perú al momento de su extrañamiento 

constituían la herencia de muchas generaciones que en ese momento se 

veía irremediablemente perdida como nefasta consecuencia de la guerra 

perdida.

Teniendo en cuenta que la sustracción de bienes culturales ha sido co-

mún a la historia humana pero potenciado en los contextos de caos y fal-

ta de regulación jurídica que generan las guerras, planteamos sustituir el 

término saqueo por aquel otro de “expolio” para explicar los sucesos que 

afectaron a la Biblioteca Nacional del Perú durante la guerra con Chile; 

ello sustentado en la definición que recogemos de la RAE de “Despojar 

algo o a alguien con violencia o iniquidad”; en nuestro caso, teniendo en 

cuenta además la idea desarrollada por Carmen Terreros, consideramos 

que dicho término es aplicable a la afectación del patrimonio cultural y en 

su acepción de iniquidad o injusticia, la cual partiera de la ilicitud de las 

acciones premeditadas que provocaron dicho acto (2014: 85) y no como 

un acto circunstancial y de desorden que suele caracterizar a los saqueos 

o al latrocinio común, presente también en estos contextos. Sin embargo, 

cabe acotar que aunque esta definición aborda la forma en como salieron 

los materiales de la institución, el resultado fue el mismo: el injustificable 

despojo perpetrado de lo que había sido la primera institución cultural del 

Perú independiente.

1.1. Un balance necesario
Dos puntos cruciales que uno debe comprender al abordar el tema de la 

reconstrucción de la Biblioteca Nacional tras la guerra con Chile son: 1.- 

Siempre ha sido abordado tangencialmente y asociándolo a la actividad 

de su primer reconstructor, el tradicionista Ricardo Palma; y 2.- El tema 

siempre ha sido estudiado partiendo del testimonio que este dejara de su 

paso por la institución, sea a través de su correspondencia personal, los do-

cumentos oficiales y las memorias institucionales que fuera presentando en 

los 28 años que duró su gestión institucional, además del opúsculo titulado 

Apuntes para la historia de la Biblioteca de Lima, publicado tras su salida de la 

institución en 1912. 


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

Dicho ello, habría que recordar que aunque la muerte del tradicionista, en 

octubre de 1919, generó un primer conjunto de trabajos sobre su persona, estos 

se centraron en su aporte intelectual

3

, hecho por el cual consideramos que los 

primeros en abordar la faceta  de Palma como reorganizador de la Biblioteca Na-

cional del Perú fueron aquellos que participaron en la conmemoración del cente-

nario de su nacimiento, en 1933. En ese grupo tenemos a Jorge Guillermo Leguía 

quien abordaría el tema en los discursos de homenaje publicados ese año y con 

la aparición de la obra Ricardo Palma (1933), publicada por su hija Angélica y 

ocurriendo que ella se convertiría en su primera biógrafa y a la que todos han se-

guido en lo sucesivo respecto a los distintos aspectos de la vida del tradicionista.

Posteriormente, el tratamiento del tema siempre seguiría el sendero trazado 

por Palma; notamos ello en el estudio preliminar de Porras Barrenechea al Epis-

tolario de Ricardo Palma, pero tomando como sendero el testimonio del tradi-

cionista vertido en su correspondencia sin haber aclarado el tema (1949: xxi) y 

durante la conmemoración del sesquicentenario de la fundación de la Biblioteca 

(1971) cuando volvería a tratar el tema de la reconstrucción, aunque de manera 

repetitiva, pero siempre tomando como punto de partida el testimonio de Pal-

ma

4

Modernamente, el tema de la reconstitución de los fondos de la biblioteca ha 

sido abordado de forma tangencial por Guibovich (2009) y Carcelén & Maldo-

nado (2014) al tratar el tema de la sustracción de libros y otros bienes culturales 

en el contexto de la guerra  con Chile; de forma alterna también ha existido 

en estos tiempos un interés más cercano al tema pero tomando como punto de 

partida a Palma como personaje (Chiri Jaime, 2016; Varillas Montenegro, 2018; 

y Pantigoso Pecero, 2018) o tratando sobre la recuperación de algunos materiales 

(Cordero, 1987) pero siempre recurriendo a lo ya asentado por la tradición his-

toriográfica. 

Al final de todo, cabe reafirmar que todos estos estudios, al tratar sobre el 

papel de Ricardo Palma al frente de la Biblioteca Nacional, siempre termina-

ron destacando la discursiva figura del “bibliotecario mendigo” que solicitara 

libros para la desvencijada biblioteca pero no considerando que la labor pal-

3 Dichas contribuciones aparecieron en el homenaje realizado en el Mercurio Peruano N°16 (no-

viembre de 1919). En ella destacan los trabajos de Luis Fernán Cisneros, Raúl Porras Barre-

nechea, Manuel Beltroy, Jorge Guillermo Leguía, Luis Alberto Sánchez y otros, así como el 

argentino Antonio Sagarna.  

4  Prueba de ello constituyen los trabajos al respecto aparecidos en la edición conmemorativa 

de la revista Fénix, órgano de difusión de la Biblioteca Nacional del Perú. Debe destacarse en 

ese punto el trabajo de Lucila Valderrama quien en su “Cronología esquemática de la Biblio-

teca Nacional” al abordar el tema solo indica la devolución de 200 manuscritos obtenidos 

por Palma del presidente chileno Santa María para luego dar mayor énfasis a los donativos 

nacionales y extranjeros que darían pie al resurgimiento institucional (1971: 10). De igual for-

ma, al tratar Lohmann Villena sobre el periodo que nos interesa indicaría que tomaba como 

base el testimonio de Palma (1971: 82). 


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miana también consideró la recuperación de sus fondos originales, tema éste 

último de gran interés si tomamos en cuenta que no fueron pocos los libros que 

recuperara la Biblioteca Nacional del Perú  de su primera etapa institucional.

En línea contraria a lo anteriormente expuesto, es de destacar el interés de 

César Miró, Gerardo Trillo y Marcos Garfias Dávila. El primero, aunque in-

serto en un trabajo biográfico sobre el tradicionista, por haber puesto de ma-

nifiesto la utilidad de las marcas de propiedad institucionales establecidas en 

1836 para la campaña de recuperación de libros por Palma en poder de par-

ticulares (1953: 131); en el caso de Trillo, por haber sintetizado en su estudio 

informes institucionales sobre las gestiones realizadas en los últimos años para 

la devolución de libros por parte del gobierno chileno en los años 2007 y 2017; 

y Garfias por evidenciar los esfuerzos del gobierno de Iglesias por recuperar 

libros y papeles de la BNP apenas iniciada la reconstrucción, aunque sin entrar 

en detalles por la generalidad del trabajo (2021: 55).

II. La guerra y la reconstrucción de la biblioteca nacional del perú
2.1. La Biblioteca de la preguerra 
La Biblioteca Nacional del Perú encuentra su partida de nacimiento en el de-

creto protectoral que emitiera el general José de San Martín el 28 de agosto de 

1821. Aquí es preciso indicar que aunque su creación fue pensada en el gran 

servicio que instituciones como esta podían prestar en defensa de la libertad

5

lo cierto es que habiéndose gestado dentro de la influencia romántica europea 

que inspirara a sus creadores, pronto se cimentó aquella conciencia naciona-

lista que insuflaba el ánimo para resguardar todo aquello que concentrara la 

memoria histórico documental de los peruanos o, como bien ha descrito Llull 

para el caso europeo, para la cimentación y/o reafirmación de una cultural 

nacional (2005: 190).

La Biblioteca Nacional del Perú tuvo un auspicioso inicio, con el otorga-

miento de 3 salones que ocupara el denominado Colegio de la Libertad

6

, den-

tro del conjunto monumental que antes hubiera pertenecido al colegio jesuita 

de San Pablo. Fue inaugurada el 17 de septiembre de 1822 con 11256 volúme-

nes, ello gracias a la colección heredada de la librería del Colegio Máximo de 

San Pablo y otros donativos, entre los que cabe destacar los aproximadamente 

600 volúmenes que en conjunto entregaran el propio San Martín y sus minis-

tros Bernardo Monteagudo y Juan García del Río.

La colección más grande e importante recibida en su primera etapa institu-

cional fue la del abogado y visitador institucional Miguel Gaspar de la Fuente 

5  “Estreno de la Biblioteca Nacional” (pp.2-3). En: Gaceta del Gobierno N°25. Lima, miércoles 18 

de septiembre de 1822.

6  Este nombre le fue otorgado a la Biblioteca Nacional del Perú por el gobierno protectoral de 

San Martín, en reemplazo del anterior de “Colegio de Caciques”. 


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

y Pacheco y que llegara tras su fallecimiento en 1840, según lo había ofrecido 

por disposición testamentaria realizada en sus últimos meses de vida (Garfias, 

2021: 42).

7

  

Cabe indicar que la biblioteca se mantuvo en su emplazamiento original 

hasta el año 1858 en que, bajo la gestión de Francisco de Paula Gonzales Vigil, 

se pudo obtener la aprobación gubernamental para ampliar el espacio insti-

tucional con algunos ambientes del antiguo convento de San Pedro. Fue gra-

cias a esta ampliación que la Biblioteca pudo contar con espacio para recibir 

nuevas colecciones, como fue el caso de los libros del exdirector Juan Coello 

y nuevas donaciones, como las realizadas en 1859 y 1863 por Joaquín Paredes 

(1141 vols.) y Manuel Pérez de Tudela (2134 vols.), respectivamente.

A pesar de las mejoras, es de reconocer que la Biblioteca Nacional nunca lle-

gó a contar con un catálogo completo de los libros que había llegado a acopiar 

en esta primera etapa institucional (Middendorf, 1893: I, 317). Aquí habría que 

indicar, sin embargo, que, según testimonio de Palma, era conocido el hecho de 

que al iniciar la guerra la Biblioteca contaba con 56127 volúmenes, aparte de 

los contenidos en el depósito de duplicados. 

Colecciones llegadas a la Biblioteca Nacional del Perú en su primera etapa institucional 

(1821-1881)

2.2. Lima tomada: Ocupación y expolio de la Biblioteca Nacional del Perú
Desarrollada la campaña de Lima y producida la derrota de la reserva peruana 

en los campos de San Juan (13 enero) y Miraflores (15 enero), las tropas inva-

soras ocuparon la capital el 17 de enero de 1881. 

7  Instalada en un espacio especialmente acondicionado para contenerla y compuesta por un 

total de 7792 volúmenes, dicha colección pronto pasaría a ser conocida figuradamente como 

la “colección de los cuatro sietes”.


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Mariano Felipe Paz-Soldán, ha comentado que la Lima campestre de aquel 

contexto hubiera podido proveer espacios adecuados para acuartelar a los 20 

mil hombres del ejército invasor en los espacios urbanos y rurales de la capital, 

sin embargo, las autoridades de la ocupación optaron por utilizar como cuarte-

les los principales edificios públicos y culturales de la ciudad. Así, locales como 

el de las cámaras de diputados y senadores, el claustro carolino que albergaba 

a la Universidad de San Marcos, las escuelas de Ingenieros, San Fernando y la 

de Artes y Oficios, entre otros, pasaron a ser ocupados y sus bienes materiales 

a ser retirados. Sobre este hecho, reafirmado además por la prensa de la época

8

este escritor recordaría como:

No pasaron tres días de la ocupación, y ya se veían en las puertas de los nue-
vos cuarteles carretas cargadas de lujosos muebles, libros, instrumentos y 
otros artículos de gran valor, acomodados en cajones, formados con tablas 
de los estantes destrozados con este objeto. Lo que se consideró de menor 
valor o estimación, se vendió por mercaderes ambulantes a vil precio; los 
sobrantes se remitieron al Gobierno de Chile (Paz-Soldán, 1884: 700).

En el caso de la Biblioteca Nacional del Perú, la intervención del ejército 

de ocupación inició el 26 de febrero de 1881, cuando se solicitara al director, 

Manuel de Odriozola, la entrega de las llaves del local y dando inicio al desva-

lijamiento de los bienes de la Biblioteca por orden llegada desde Santiago de 

Chile. Todo ello quedaría consignado en la carta en la que el director enviara 

a Mr. Isaac Christiancy, Ministro Plenipotenciario de Estados Unidos en el 

Perú, explicando los sucesos ya referidos

9

.

8  La Opinión Nacional N°3127 (21 de febrero de 1884). Crónica. La ocupación militar la Escuela 

de Medicina, pp.2.

9  Biblioteca Nacional del Perú. Colección Nicolás de Piérola. Carta de Manuel de Odriozola a 

Mr. Isaac Christiancy. Lima, 10 de marzo de 1881. (Código 5000000830)


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

Visto el anterior testimonio de Paz-Soldán, podemos afirmar que lo ocurrido 

en la Biblioteca Nacional fue una muestra de la política de ocupación desplegada 

por las fuerzas invasoras. El primer contacto del invasor con la Biblioteca se dio 

a los días de iniciada la ocupación, cuando el espacio que ocupaba fue asignado 

como cuadra para el batallón de infantería Curicó (Carcelén & Maldonado, 

2014: 143). Aquí habría que indicar que dentro de los fondos documentales de 

la Biblioteca existe un antiguo expediente, el cual, debiendo estar al alcance de 

un soldado anónimo de la ocupación, este dejaría escrito para la posteridad en 

uno de sus folios en blanco, hoy marcado por el fuego: “Onoravle batallón Cu-

ricó”. Así, la sobrevivencia de dicho documento ha permitido la pervivencia de 

aquel mudo testimonio sobre los dos momentos más tristes de la historia cultural 

peruana: el expolio de sus bienes culturales durante la guerra con Chile y la des-

trucción de sus fondos bibliográfico documentales durante el incendio de 1943.

10

  

Ernst Middendorf, ciudadano alemán y residente en Lima durante aquel con-

texto, comentaría cómo este acto condenable «se realizó por mandato superior, 

y realmente con el orden y meticulosidad propios de la administración chile-

na»(Middendorf, 1973: I, 319), para luego acotar que «aunque los chilenos, por 

regla general, carecían de escrúpulos en sus saqueos, el despojo de la Biblioteca se 

efectuó secretamente» (loc. cit.). Aquí habría que complementar indicando que 

el desconcierto del viajero alemán ante la actitud del ejército chileno obedece al 

hecho de que lo sucedido en la Biblioteca Nacional del Perú constituía en reali-

dad un planificado expolio, según la significancia ya referida por Terreros (2014: 

85), y muy alejado por cierto de la rapiña que caracterizara a los actos de saqueo 

que a la par pudieron darse en otros eventos de esta naturaleza.

Por las investigaciones que realizaba, Middendorf fue asiduo visitante de la 

Biblioteca antes de la ocupación y, siendo testigo excepcional del expolio de sus 

fondos reflexionaría, indicando que fue la Biblioteca uno de los lugares que más 

codicia despertó entre los invasores. Al respecto, años después recordaría cómo 

durante la ocupación, habiendo obtenido un permiso especial de las autoridades 

de ocupación para continuar sus visitas a la Biblioteca, le fue prohibido el ingre-

so para luego confesar cómo tras algunos intentos,

La causa de la negativa se le reveló en su tercer intento. A ambos lados de 
la entrada principal se encontraban muchos cientos de cajas de madera 
vacíos destinados para transportar en ellos los libros. Cuando el autor 
pasó por allí casualmente algunas semanas después, vio la puerta abierta 
e ingresó sin que los soldados apostados se lo impidiesen. Fue un triste 
espectáculo. Las salas tan bien arregladas antes, parecía que hubiesen al-

10 Biblioteca Nacional del Perú. Colección General de Manuscritos: Expediente relativo a las re-

paraciones practicadas en el local de la Biblioteca Nacional. Lima, noviembre de 1858. (Código D 

2389)


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bergado a criaturas de las divinas Euménides. Los armarios y los estantes 
estaban vacíos y dondequiera, desparramados por el suelo, se veían mon-
tones de libros medio destrozados. Los soldados los vendían a los pulpe-
ros, y estos durante semanas envolvían los paquetes en hojas arrancadas 
de los infolios de los Padres de la Iglesia. (loc cit.)

Por otro lado, un hecho poco conocido es que el espacio de la Biblioteca 

Nacional fue utilizado también como centro de detención. Este punto de la his-

toria institucional sería referido décadas después por Clemente Palma, quien 

recordaría la visita que, cuando niño, realizara junto a Cristina Román para 

ver a don Ricardo, quien cautivo se hallaba en el segundo piso de la biblioteca 

pues las autoridades de ocupación se enteraron de que había sido este el autor 

de la carta que Odriozola dirigiera a Mr. Christiancy en protesta al despojo que 

sufría la institución. (Palma, 1933: 211).

Cifras del expolio de la Biblioteca Nacional del Perú (octubre 1883)

2.3. La reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú
Existe poca información respecto al movimiento comercial de libros surgido a 

raíz del desvalijamiento de la Biblioteca Nacional del Perú durante la ocupa-

ción de Lima por el ejército invasor entre 1881 y octubre de 1883, sin embargo, 

un primer alcance sobre dicha situación surge tras la salida del ejército invasor, 

de la capital, en la última semana de octubre de 1883, que es cuando la prensa 

limeña reinició sus funciones. 

Deo volente. Nombramiento y objetivos del «Bibliotecario mendigo»
El nombramiento de Palma comenzó a gestarse tras la salida del ejército inva-

sor de la capital peruana a fines de octubre de 1883, siendo uno de los aconteci-

mientos más mentados dentro de la historia de la Biblioteca. Se sabe que a fines 

de 1883 el tradicionista había recibido una propuesta para integrar el cuerpo 

de redacción de La Prensa, diario de Buenos Aires en el que había servido de 

corresponsal en el contexto de la guerra con Chile (Palma, 1912: 3).

Ocurrido en esos mismos días el Tratado de Ancón, el retiro de tropas ocu-

padoras del centro de Lima y producido el ingreso del presidente Iglesias a la 

capital, como antiguo compañero de colegio, Palma le solicitaría se le pudiese 


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

enviar a Buenos Aires la pensión que le correspondía como antiguo funciona-

rio del Estado. A pesar de la predisposición inicial de Iglesias, por versión del 

propio Palma sabemos que sería José Antonio de Lavalle, ministro de RR.EE. 

y antiguo amigo del tradicionista, quien se opondría a esta decisión y argumen-

tando la exigüidad de los fondos del Estado le propondría en cambio asumir 

la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú. Dicha propuesta, daría 

origen al siguiente diálogo según el recuerdo de Palma:

Abandone usted su propósito de viaje a Buenos Aires, y restaure la Bi-
blioteca Nacional. Para cualquier otro la empresa sería imposible, pues en 
las arcas fiscales no hay dinero ni para atender a los gastos menudos más 
premiosos. Utilice usted, en beneficio del país, su prestigio literario en el 
extranjero y sus relaciones personales con los hombres eminentes de cada 
nación americana y España. —¿Me propone usted, le interrumpí, que me 
convierta en bibliotecario mendigo?— Justamente, continuó Lavalle. Pida 
usted limosna para beneficiar a su patria (Palma, 1912: 4)

Esta escena, sin duda una de las más recordadas de la historiografía peruana 

y aparecida por primera vez en los Apuntes para la historia de la Biblioteca de 

Lima, fue el prolegómeno del nombramiento de Palma, el cual se oficializó por 

decreto supremo del presidente Miguel Iglesias y, a falta de un periódico oficial 

del gobierno, publicado en el diario El Comercio de la capital

11

.

En este punto cabe indicar que, aceptado el cargo por Palma tres días des-

pués, en 8 de noviembre entraría al local, siendo tal el panorama registrado 

que en 14 de noviembre elevaría al ministro del ramo un informe oficial que 

por su riqueza informativa transcribimos a continuación:

Lima, Noviembre 14 de 1883
Señor Ministro de Estado en los ramos de Justicia e Instrucción.
Señor Ministro:
Después de pasado á US. mi oficio de 5 del actual, aceptando el honroso 
cargo que me ha conferido el Supremo Gobierno, me constituí el día 8 en 
el local de la que fué Biblioteca y Archivo Nacional, y cúmpleme dar á US. 
rápido informe del estado en que he recibido el establecimiento.
 

Biblioteca no existe; pues, de los cincuenta y seis mil volúmenes que 

ella contenía, solo he encontrado setecientos treinta y ocho, en su mayor 
parte de obras en latín, y aun éstas truncas.

11 El Comercio N°15044. (3 de noviembre de 1883). El día. Biblioteca Nacional. Decreto de orga-

nización, pp.2. Cabe indicar que Juan Sánchez Silva, oficial mayor de Palacio y compañero 

de antiguas andanzas periodísticas de Palma, proveería al tradicionista de un traslado de este 

decreto en el que se aprobaba su nombramiento. Dicho documento da inicio a la Correspon-

dencia oficial y particular, 1883 a 1885. Documentos relativos a la organización de la Biblioteca que se 

conserva en la Colección general de manuscritos con el código D 4679.


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De la rica sección de manuscritos queda únicamente el recuerdo.

 

La estantería de cedro de los salones América y Variedades, construida 

en 1878, ha sido despojada de todos sus anaqueles, y destrozada su orna-
mentación. Tampoco existen los cristales de esa estantería ni los de las 
farolas.
 

Los andamios especialmente construidos para las colecciones de pe-

riódicos, los retratos, cuadros y planos que adornaban los salones, mesas, 
sillas y demás muebles, también han desaparecido.
 

Uno de los saloncitos de depósito fué convertido en caballeriza, y del 

otro, que contuvo los siete mil setecientos setenta y siete volúmenes dona-
dos por Fuentes Pacheco, no quedan ni los estantes.

12

El informe revela la condición ruinosa del local, con cañerías rotas además 

de techos y paredes a punto del derrumbe, lo cual harían a Palma que la labor 

de reconstitución de la Biblioteca era doble: refaccionar el local y reconstruir 

los fondos bibliográficos de la institución. 

Dicho lo anterior, es de destacar el estudio de César Miró, quien, aunque 

solo lo comentara de forma tangencial, destacaría como, iniciada la campaña 

de recuperación de libros por Palma, «el rescate de los volúmenes con el sello 

de la Biblioteca, en poder de particulares, [había] da[do] resultados excelen-

tes»(1953: 131). De igual forma, al tratar Guibovich sobre la sustracción de sus 

fondos patrimoniales durante la ocupación de Lima, resaltaría cómo «Palma 

se involucró asimismo en la recuperación de libros y manuscritos de manos de 

particulares, entre los que se contaron algunos tenderos de la capital.» (2009: 

94). 

Al respecto, cabe indicar que Palma consideraba que la labor de reconstruc-

ción de la biblioteca era labor común, de todos y de cada uno (Palma, 2005: I, 

pp.262). De su testimonio sabemos que uno solo fue su pedido: que el gobierno 

accediera al reglamento que él estipulara para la Biblioteca. Aceptado ello, 2 

fueron sus objetivos: la reconstrucción del local, encargado al arquitecto Ma-

nuel Julián San Martín

13

, y la adquisición de libros, actividad esta última de la 

que se encargaría en persona. Al respecto, afirma Angélica Palma cómo: 

Entregado en cuerpo y alma a la tarea amada, llamó el bibliotecario a 
todas las puertas y poquísimas dejaron de abrírsele: cuantas personas po-
seían volúmenes con el sello de la Biblioteca, comprados a vil precio en los 
días nefastos, se apresuraron a devolverlos; la gente culta de Lima prodigó 
los obsequios de libros, la de provincias le imitó. De España y de Améri-
ca, enviadas por los gobiernos, las instituciones y los hombres de letras, 

12 

El Comercio N°15052. (15 de noviembre de 1883). El día. Biblioteca Nacional, pp.2. 

13 El Comercio N°15052 (15 de noviembre de 1883). Crónica. El arquitecto, pp.2.


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

llegaron abundantemente a la Biblioteca de Lima, obras valiosas, como 
respuesta a la demanda de su director. (1953: 75)

Más allá de los breves comentarios de Angélica Palma y César Miró, lo cier-

to es que la idea del «bibliotecario mendigo» desplegada por Palma y acogida 

auspiciosamente   por el periodismo de la época, no ha permitido ver con clari-

dad, a la historiografía dedicada a dicho tópico, sobre aquel escenario en toda 

su complejidad. En ese sentido, es de lamentar que la labor de Palma y las au-

toridades de la época por recuperar los materiales primigenios de la desvalijada 

institución hayan quedado relegadas en el constructo de esa historia.

Una historia por develarse: Chile, el coleccionismo de la época y el destino de los 

libros 

Sr. D. Marcelino Menéndez y Pelayo.

Muy señor mío: 
La antigua y rica Biblioteca del Perú fue trasportada a Chile. En el último 
cuarto del siglo XIX han sido los libros, el pan de la inteligencia, conside-
rados como botín de guerra. Hemos retrocedido a los tiempos bárbaros 
del califa Omar.
 

El Gobierno del Perú ha decretado la fundación de una nueva Biblio-

teca, honrándome con la dirección de ella. El país ha acogido con entu-
siasmo el propósito y, en menos de quince días, he recibido donativos por 
más de diez mil volúmenes.
 

La nueva Biblioteca, según el decreto, debe ponerse a disposición del 

público el 28 de Julio próximo.
 

Un Bibliotecario mendigo se dirige, pues, al ilustre literato, para pe-

dirle la limosna de sus obras, y que avance su caridad hasta solicitar de 
sus esclarecidos compañeros en las Academias de Historia y de la Lengua 
contribuyan a la civilizadora fundación encomendada más que a mis mo-
destas aptitudes a mi entusiasmo y perseverancia.
Me es grato presentar a V. mis respetos y ofrecérmele como su muy sincero 
admirador y amigo

Ricardo Palma

14

14 Esta carta, conservada dentro del epistolario del intelectual español, forma parte de la Bi-

blioteca Menéndez Pelayo, la cual fuera cedida a Santander, su ciudad natal por disposición 

testamentaria. V. Palma, 1949: I, 85-86 y Palma 2005: I, 255. 


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Suscrita en Lima el 20 de noviembre de 1883, fue con misivas como esta que 

se dio origen a la campaña de reconstrucción de los fondos bibliográficos de 

la Biblioteca Nacional del Perú

15

. La justa causa a la que aspiraba y la geniali-

dad con la que fue escrita es la que hizo que Palma repitiera este tenor en los 

múltiples pedidos realizados a sus principales amistades literarias de América y 

Europa. Sin embargo, quizás haya que ver también en esta misiva el origen de 

una idea que se ha repetido por 140 años sin mayor fundamento: aquella que 

decía que todos los libros de la Biblioteca habían sido llevados a Chile.

Para hablar de este tópico es necesario partir de una premisa: no todos los 

materiales de la institución llegaron a partir hacia el vecino país del sur, tal 

como ya se evidenciaba en el Informe presentado por Ignacio Domeiko, inte-

lectual polaco al servicio de Chile y quien, al quedar encargado de recibir los 

libros llegados desde el Perú en el contexto de la guerra, indicaría que había 

recibido un promedio de 10 mil volúmenes (Carcelén & Maldonado, 2014: 

144). Durante 138 años la historiografía peruana ha repetido una versión de 

los hechos que, por no ajustarse en su totalidad a los hechos históricos, con-

viene ser revisada.

La recuperación de los materiales perdidos 
La primera noticia referida a la reconstitución de los fondos de la Biblioteca 

Nacional del Perú aparece en el traslado de una resolución dada por el presi-

dente Iglesias y fechada a noviembre 7 y que respondía a un oficio generado 

por Palma el día anterior, en el que se disponía a conceder 100 soles plata, de 

los fondos del Estado, «para atender a la traslación de los libros obsequiados 

por particulares y a los demás gastos urgentes de policía del local y útiles de 

escritorio indispensables»

16

Como vimos anteriormente, más allá de la política que se desplegaría para 

construir un nuevo fondo bibliográfico para la Biblioteca Nacional, la presen-

cia de material bibliográfico documental en los principales locales de comercio 

de Lima, además de aquellos que se hallaban en poder de coleccionistas locales 

y otros, fue conocida desde el momento mismo de su expolio y dispersión. En 

ese sentido, la toma de conciencia de que dichos materiales podían y debían 

15 Al respecto, cabe indicar que en la correspondencia oficial de la Biblioteca Nacional del Perú 

se registran las respuestas de muchas instituciones y personas que accedieron al pedido de 

limosna bibliográfica generado por Palma. En ese sentido, podemos establecer que el tradi-

cionista debió iniciar aquellas comunicaciones a partir del 12 de noviembre de 1883 y siendo 

las logias “Perseverancia N°12”, “Alianza y Firmeza N°6”, “Stella d’Italia”, “Honor y progreso N°5” 

y “Fraternal N°12” las primeras que accedieron a su llamado. V. BNP. Colección General de 

Manuscritos. Correspondencia oficial y particular, 1883 a 1885… (Código D 4679).

16 Biblioteca Nacional del Perú. Colección General de Manuscritos: Correspondencia oficial y 

particular, 1883 a 1885. Documentos relativos a la organización de la Biblioteca (Código D 

4679) 


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

regresar a la Biblioteca Nacional del Perú cobró sentido en la segunda semana 

de noviembre de 1883.

Las primeras recuperaciones del fondo bibliográfico original de la BNP pro-

vinieron de los mercados de la capital. La primera noticia que hallamos data 

del 10 de noviembre y habla de 76 volúmenes pertenecientes a la BNP y que 

habían sido hallados en un depósito del Mercado de la Concepción (hoy de-

nominado Mercado Central de Lima)

17

. Aunque la situación de libros y docu-

mentos dispersados durante la ocupación debió ser conocida por muchos, este 

caso dio respaldo a Palma para exigir al presidente Iglesias, durante su visita 

a la Biblioteca, el 13 de noviembre de 1883, que el gobierno tomara cartas en 

el asunto respecto a los materiales que se hallaban desperdigados en diversos 

establecimientos de comercio en Lima.

En ese sentido, en la edición de El Comercio del 16 de noviembre apareció un 

bando del prefecto de Lima, Sr. Ignacio de Osma en el cual comunicaba que 

habiendo llegado a noticia de la prefectura que particulares tenían en posesión 

ilegal libros, manuscritos y otros bienes de la Biblioteca Nacional u otras insti-

tuciones del Estado, conminaba a la devolución de los mismos en un plazo no 

mayor a quince días, so pena de multa de diez a cien soles, «según la importan-

cia de la ocultación y sometidos a juicio».

18

El apoyo de la prefectura fue esencial pues la publicación de dicho bando dio 

paso a una serie de recuperaciones en los locales de comercio, pero también a 

generosas donaciones y curiosamente a devoluciones realizadas por coleccio-

nistas de la época, hecho este último que tiene que ver con la circulación de 

bienes culturales en tiempos de guerra y del cual aquí vertimos una primera 

aproximación. 

Se debe indicar que en este caso jugaron un rol importante los pulperos y 

responsables de otros locales de comercio pues fue allí en principio de donde 

procedieron las principales recuperaciones. Inició con la entrega de documen-

tos en establecimientos de comercio. Por ejemplo, la realizada por Juan B. Paro-

di, quien su local N°41 de la Calle del Baratillo entregaría 8 quintales de expe-

dientes del archivo del Ministerio de Gobierno

19

, o aquella realizada por Luis 

Cesáreo, pulpero de la Calle de San Bartolomé, quien entregaría siete quintales 

y medio de documentos pertenecientes a ministerios y otras dependencias pú-

blicas

20

. No faltaron las requisas en casas de particulares, como aquella realiza-

da por la Guardia Civil de Lima y que culminaría con la recuperación de 112 

volúmenes pertenecientes a la biblioteca, tan solo por citar un caso.

17 Ibid.[ff.5]
18 El Comercio N°15053 (16 de noviembre de 1883). Crónica. Bando, pp.2.
19 El Comercio N°15064 (29 de noviembre de 1883). Crónica. Documentos, pp.1.
20 El Comercio N°15065 (30 de noviembre de 1883). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2. 


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El 30 de noviembre El Comercio recordaba el plazo de devolución de bienes 

de la Biblioteca Nacional y otras instituciones además de llamar a la reflexión 

por el conocimiento que se tenía de personas en posesión de especies sustraí-

das, antes que actuara la justicia

21

. La campaña fue manejada con tanto éxito 

que según el redactor de El Comercio, Palma había llegado a decir con mucho 

ánimo como «Deme cuanto antes el Gobierno anaqueles donde colocar los 

libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca para el 28 de julio»

22

.

Cabe indicar que, a pesar de ello, las recuperaciones siguieron dándose en 

los distintos locales de comercio de Lima, como por ejemplo el realizado por 

el señor Darío Tudela, quien hallara 28 volúmenes en una de las tiendas del 

Mercado de la Concepción en diciembre de ese año

23

.

En este punto se debe aclarar un hecho ligado a uno de los libros más em-

blemáticos de la Biblioteca Nacional del Perú. Nos referimos al caso del Opus 

Pulcherrimuz Chiromantiae (Venecia, 1499), incunable veneciano al que la tradi-

ción lo considera llegado a la Biblioteca en 1822 integrando la colección perso-

nal que donara el Libertador José de San Martín. Tenido por testigo de la his-

toria bicentenaria de la biblioteca, esta obra siempre ha sido valorada, más que 

por su contenido, por la nota escrita de puño y letra por Ricardo Palma, en la 

que indicaba haberla recuperado en 1881 de un soldado chileno por dos reales 

plata y devuelta a la Biblioteca Nacional el 10 de diciembre de 1883. Esta his-

toria, en función a quien la narraba, ha sido tenida por cierta durante casi 140 

años y citada posteriormente en repetidas oportunidades como cosa juzgada

24

sin embargo, bien vale apuntar al respecto que, según el registro periodístico de 

la época, dicho librito figuró entre los materiales recuperados por los agentes 

del orden el 19 de diciembre de dicho año en alguno de los locales de comercio 

intervenidos y motivo por el cual debiera reconsiderarse el aserto de Palma

25

Cabe indicar que Díaz Falconí, al analizar la obra creativa de Palma, ya 

ha mostrado anteriormente sorpresa al notar cómo habiendo deslizado Palma 

21 Op. cit. Crónica. Importante, pp.2.
22 El Comercio N°15066 (1 de diciembre de 1883). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2.
23 El Bien Público N°78. Lima, 12 de diciembre de 1883. Crónica de la capital. Biblioteca Nacio-

nal, pp.2. Por el papel expectante de Darío Tudela de la Flor en beneficio de la institución, 

cabe esbozar algunas líneas en su recuerdo: Nacido en 1848, se desempeñaba como regidor de 

Lima hacia 1883 cuando se inició la campaña de recuperación de libros de la BNP. Fue en ese 

contexto, cumpliendo el rol de inspector del Mercado de la Concepción, que hubo de parti-

cipar en la recuperación de los cientos de volúmenes hallados en dicho espacio del comercio 

limeño. Casado ese mismo año con doña Mercedes de Lavalle y Pardo, hija del diplomático 

José Antonio de Lavalle, vivió en Lima hasta su muerte, acaecida el 20 de marzo de 1925. Hoy 

yace enterrado en el nicho B-12 del cuartel de mármol San Julio (Puerta 4) en el Cementerio 

Matías Maestro. 

24 V. Rubén Darío (1893); Lohmann Villena (1971); Cordero (1987); Carcelén y Maldonado 

(2014); y Trillo (2019), por citar tan solo algunos casos 

25 El Comercio N°15084 (20 de diciembre de 1883). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2.


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cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

datos biográficos en sus «engendros literarios, hayan tenido el efecto de cosa 

juzgada» cuando estos en muchos casos no se ajustaban a lo comprobable en 

otras fuentes documentales (Díaz Falconí, 1967: 40).

En el caso que nos interesa, siguiendo la propuesta de que el espíritu literario 

de Palma podía extenderse a otros espectros de su quehacer intelectual, como 

este caso, más ligado a su condición de funcionario público, reconocemos que 

el testimonio de Palma se mantiene entre lo verídico y lo ficcional, sirviéndo-

nos de advertencia sobre el peligro que puede acarrear el confiar en una sola 

fuente informativa y nos hace recordar, como bien hiciera ver Díaz Falconí, 

que en Palma debemos ver al intelectual que tuvo la capacidad de hacer de su 

vida misma una tradición, es decir, un relato histórico orlado de imaginación 

(op.cit., 1967), hecho que, por cierto, para otros casos ya ha sido notado ante-

riormente. 

26

Respecto a materiales como el Opus Pulcherrimuz, debemos hacer men-

ción que el principal cúmulo de recuperaciones se dio sobre todo en los 

primeros meses de la campaña y cabría preguntarse si su hallazgo tenga que 

ver con la autorización dada por el Intendente de Policía, coronel Próspero 

Ferreyros, en 17 de diciembre de 1883, para que  los empleados de la biblio-

teca recorriesen los puestos del comercio limeño donde se había detectado 

materiales de la Biblioteca Nacional y poder reclamarlos a nombre de la 

misma

27

. En todo caso, a pesar de la notable eficacia de los agentes de la 

intendencia de policía en su labor de recuperación de bienes de la Biblio-

teca y otras instituciones del Estado, ante las noticias de la existencia de 

mucho material en poder de particulares, las autoridades limeñas arrecia-

ron su postura con un nuevo bando, emitido el 15 de diciembre, y por el 

cual, el prefecto Ignacio de Osma daba un plazo improrrogable de 15 días 

para entregar aquellos bienes del Estado que aun estuvieran en manos de 

particulares.

28

El resultado final de esta campaña desplegada hasta julio de 1884 generó 

un total de 8315 volúmenes recuperados, todos con marcas de propiedad 

que evidenciaban su pertenencia a la institución, fundamentalmente re-

flejados en el sello institucional y la marca de fuego autorizados en 1836

29

26 Véase al respecto: Gonzales-Prada, 1912: 19-20 y Huamán, 2006: 273-74. Aquí conviene recor-

dar que ya Sánchez en su momento había indicado como, “la tradición malogró a Palma para 

la historia. Cuando quiso escribir historia, escribió tradición” (1919: 298), es decir, informa-

ción real que en no pocos casos quedaba ornamentada de ficción.

27 Oficio del subprefecto de Lima, coronel Próspero Ferreyros, al director de la Biblioteca Nacio-

nal. Lima, 17 de diciembre de 1883. En: BNP. Colección General de Manuscritos. Correspon-

dencia oficial y particular, 1883 a 1885 (Código D 4679). 

28 El Comercio N°15079 (15 de diciembre de 1883). Crónica. Bando, pp.2. 
29 Redactor Peruano Tomo IV - N°66 (15 de junio de 1836). Parte oficial. Ministerio de Gobierno 

y Relaciones Esteriores. [Decreto Supremo], pp.1-2 


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Aunque no se tratara de una cantidad ínfima, sorprende que Palma no die-

ra mayor información al respecto en los documentos oficiales, teniendo en 

cuenta que este material constituía el 30% del fondo bibliográfico original 

con que contaba la institución al momento de su reapertura en 1884. Un 

ensayo de explicación pudiera ser que al tratarse la recuperación más por 

el accionar de la prefectura y porque ello disminuía la figura discursiva del 

«bibliotecario mendigo». Solo así podríamos comprender por qué le dedi-

cara solo un párrafo en la memoria de gestión presentada en julio de 1884.

Un aspecto a resaltar, según lo reconociera el propio Palma, fueron los 624 

volúmenes devueltos por orden del presidente chileno Domingo Santa María 

a raíz de un pedido realizado por Palma, aunque esto no fuera bien recibido 

por todos con satisfacción, como veremos más adelante.      

Cifras de la recuperación de material bibliográfico de la Biblioteca Nacional del Perú

En este punto habría que acotar, aunque ya no corresponde al periodo de es-

tudio de esta investigación, que en los próximos 4 años, la Biblioteca recupera-

ría de poder de particulares, en su mayoría comerciantes y coleccionistas lime-

ños, 5844 volúmenes adicionales, lo cual hace considerar que, cuando menos, 

de los 56 mil materiales sustraídos de la Biblioteca Nacional en 1881, para julio 

de 1888 habían regresado más de 14 mil volúmenes de la primigenia biblioteca, 

sin contar aquellos que irían regresando en las próximas décadas, los cuales 

debieran contarse, estimamos, por centenas y cuya historia de restitución ha 

quedado silenciada, en parte, por la destrucción de los fondos bibliográficos de 

la Biblioteca en 1943. Esta historia de devoluciones y/o recuperaciones pos-

teriores a nuestro periodo de estudio constituye tema por investigarse y aún 

vigente, a casi 140 años de su génesis.

30

 

30 Algunos ejemplos de devoluciones y/o recuperaciones de materiales sustraídos de la Biblio-

teca Nacional durante la ocupación chilena y realizadas en el siglo XX son: tres tomos de los 

volúmenes del antiguo archivo jesuita, titulados Ideales de prudencia, por gestión de Carlos 

A. Romero en la década de 1910; la Histoire du Prince Eugene de Savoye (Viena, 1777; 5 vols.) 

y Agricultura general, que trata de la labranza del campo, y sus particularidades… (Madrid, 

1777) que formaran parte de la biblioteca del general San Martín y adquiridos por la BNP 


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

La llegada de nuevas colecciones
Un aspecto relevante fue la labor que desempeñara la elite ilustrada en el pro-

ceso de recomposición de la Biblioteca Nacional, no solo por el aporte pecu-

niario para la adquisición de materiales sino también por los importantes do-

nativos que realizaron en este contexto. En ese sentido fueron destacables los 

aportes de los hermanos Felipe y José María Varela y Valle, el primero quien 

aparece donando libros de su colección a la Biblioteca

31

; el segundo, a poco 

de haber contribuido a tan noble gesto con la donación de 250 obras, entre 

las que se contaban no pocas obras raras y de difícil adquisición, fallecería en 

mayo de 1883.

32

        

Otros donativos importantes son los que realizaran: Juan Martín Echenique 

(160 volúmenes)

33

, Sebastián Lorente (200 vols.), Federico Panizo (30 libros), 

Peter Bacigalupi (2 libros)

34

, José Ignacio Távara (un paquete de folletos relati-

vos a la historia administrativa del país)

35

, Manuel Irigoyen (34 volúmenes) y 

tantos otros que la historia mantiene anónimos.

La exploración de fuentes para este periodo además ha permitido obtener 

información sobre importantes colecciones que llegaron a la Biblioteca, pero 

de las que había quedado un vago o nulo recuerdo por haberse borrado el 

registro histórico de estas durante el incendio que afectara a la Biblioteca en 

1943.

Dentro de los ofrecimientos iniciales realizados a Palma, fue la biblioteca del 

político liberal Pedro Gálvez Egúsquiza la primera colección íntegra en ser ofre-

con posterioridad al incendio de 1943; 3 libros adquiridos en Santiago de Chile por Miguel 

de Althaus y devueltos a la BNP en el 2001, a saber: Ensayo sobre los alphabetos de las letras 

desconocidas, que se encuentran en las más antiguas medallas, y monumentos de España 

(Madrid, 1752), Contestación al manifiesto publicado por el Dr. Gaspar Vásquez de Velasco 

bajo la firma de la Sra. doña María de la Cruz Carrasco (Piura, 1846) y la Memoria que el 

ministro de Estado en el departamento de Relaciones Exteriores presentada al Congreso Na-

cional de 1868 (Santiago de Chile, 1868); los 2219 volúmenes devueltos por el gobierno chile-

no el año 2007 y los 730 adicionales, devueltos el año 2017; la última recuperación registrada 

es la realizada por los herederos del bibliófilo brasileño José Middlin, al entregar el año 2018 

el manuscrito autógrafo de los Recuerdos de la Monarquía Peruana, escrita por Justo Apu 

Sahuaraura Inca en la década de 1830.

31 El Comercio N°15056 (20 de noviembre de 1883). Crónica. Entre los libros, pp.2.; sobre este 

personaje habría que indicar que, debió ser poseedor de una exquisita colección bibliográfica, 

la misma que a su muerte, acaecida en 1900, sería heredada por su hijo, el periodista Luis 

Varela Orbegoso, quien se encargaría de acrecentarla. Lamentablemente, el temprano falle-

cimiento de este último, en 1930, fomentaría que saliera a venta siendo adquirido el archivo 

personal por el historiador Raúl Porras Barrenechea y sus libros quedaron dispersados por 

colecciones del Perú y el mundo.       

32 El Comercio N°15058 (22 de noviembre de 1883). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2. 
33 El listado de dicho donativo sería publicado en El Bien Público N°73. Lima, 5 de diciembre de 

1883. Crónica de la capital. Biblioteca Nacional, pp.2 

34 El Comercio N°15061 (26 de noviembre de 1883. Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2. 
35 La Opinión Nacional N°3147 (18 de marzo de 1884). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2. 


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cida a la Biblioteca Nacional. Donada por la viuda, doña Magdalena Peralta 

Iriarte de Gálvez

36

, es de lamentar la poca información adicional que se tiene 

sobre dicha colección, pudiendo deberse tal situación a que su poseedor no fue 

muy afecto a las marcas de propiedad para sus libros y a consecuencia de la 

destrucción de la Biblioteca Nacional durante el incendio de 1943.

Otro caso interesante fue el de la biblioteca de Fernando Casós. A inicios 

de marzo de 1884, se supo del remate judicial de dicha colección en 800 soles. 

Compuesta por más de 3000 volúmenes y notando el redactor de La Opinión 

Nacional cuán asequible se ofertaba esta, plantearía públicamente a Palma si 

apelando a una colecta, «invocando el interés por la restauración de las pér-

didas de la patria, acaso encontraría una acogida favorable entre las personas 

acomodadas de la capital» para adquirir dicha biblioteca en favor de la abatida 

BNP

37

Tomando conocimiento Palma del catálogo y la valía de dicha colección, 

hizo eco de lo propuesto por dicho diario y desplegó una inmediata campaña 

de suscripción que fue magistralmente manejada día a día. Para ello, procedió 

a enviar una invitación a los principales notables de la ciudad, apelando a su 

buena voluntad y esperando su aporte hasta el martes 11 de marzo en que se 

daría dicho remate

38

. Cabe indicar que, como antiguo periodista, Palma era 

conocedor del ánimo que podía provocar en los lectores una nota bien elabo-

rada. Resultado de ello logró generar en cinco días 975 soles plata y 750 soles 

billete, con los cuales pudo obtener dicha colección por la suma de 791 soles 

(Palma, 1884: 10). 

Dicha adquisición no pudo ser más oportuna. Palma observaría que dentro 

de la biblioteca Casós destacaban cerca de 2000 volúmenes empastados y, en 

general, su excelente estado de conservación. Con el sobrante de dichos apor-

tes Palma pudo comprar adicionalmente 247 volúmenes de obras americanas 

y 700 folletos que pasarían a engrosar la colección de Papeles Varios de la insti-

tución (Palma, 1884: 10).

Un ofrecimiento de donativo a resaltar es el que realizara Juan José Moreyra, 

quien ofreció la rica biblioteca heredada de sus antepasados, estimada en 5000 

volúmenes, para que Palma escogiera lo que considerara más apropiado para 

la institución. Se hizo una selección de 1800 ejemplares, la misma que luego fue 

incrementada con 200 volúmenes más, hecho muy celebrado por la prensa de 

la época

39

 y aun por el propio Palma, por tratarse del donativo más grande que 

llegara a la institución cuando esta más lo necesitara (Palma, 1884: 16).   

36 El Comercio N°15049 (9 de noviembre de 1883). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.3. 
37 La Opinión Nacional N°3137 (6 de marzo de 1884). Crónica. Biblioteca, pp.3. 
38 La Opinión Nacional N°3140 (10 de marzo de 1884). Crónica. Biblioteca, pp.3. 
39 El Comercio N°15213 (14 de junio de 1884). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2. 


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cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

Sin duda, la tragedia de la guerra y el ímpetu de Palma por devolver una 

biblioteca en 8 meses convirtió a aquella propuesta en una causa patriótica en 

la que todos querían participar. Así, no se hicieron esperar otros importantes 

donativos como el de la viuda del exquisito coleccionista José Dávila Conde-

marín, quien ofreció a Palma la posibilidad de visitar la biblioteca de su finado 

esposo y escoger las obras que considerara debían pasar a nutrir a la renaciente 

Biblioteca Nacional.

De manera alternativa a los donativos realizados, Palma pudo gestionar a 

través del gobierno, la compra de dos librerías especializadas: con el apoyo 

del ministro Barinaga, una colección de 1400 volúmenes de obras Legislación 

y Economía Política pertenecientes a un afamado jurisconsulto de la época

40

y luego con el apoyo del ministro sucesor, Castro Zaldívar, otra biblioteca de 

1400 volúmenes, especializada en textos de medicina y ciencias naturales; cada 

una de ellas por un valor de 800 soles de la época (Palma, 1884: 11).

Un aspecto importante tenido en cuenta por Palma fue el aporte bibliográfi-

co documental que la Biblioteca Nacional podía esperar desde España, quizás 

confiando en la reciente recuperación de los lazos amicales hispano-peruanos 

a raíz del traslado de los marinos españoles fallecidos en el Combate del 2 de 

mayo de 1866 al Cementerio General de Lima

41

 y amparado también en los 

40 La Opinión Nacional N°3156 (31 de marzo de 1884). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.3. En la 

Memoria de gestión, sin embargo, Palma indicaría que se trataba de una colección de 1300 

volúmenes. 

41 En mayo de 1882 la Sociedad de Beneficencia de la colonia española avecindada en Lima 


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inocultables vínculos culturales con dicho país, pues, como bien diría el tradi-

cionista, «no por ser independiente ha dejado el Perú de ser hijo predilecto de 

la madre España» (Palma, 1884: 8). 

En ese sentido, don Ricardo plantearía la necesidad de contar con un agente 

comercial que procurara la adquisición de libros raros para la Biblioteca Na-

cional. De esta manera y con el consentimiento del ministro del ramo, contac-

taría con Leocadio López, renombrado editor y librero español, para adquirir 

en Madrid materiales para nuestra Biblioteca. Respecto al aporte de los cír-

culos intelectuales españoles, elogiaría el aporte del limeño Conde de Cheste, 

director de la Real Academia Española por haber canalizado el envío de textos 

de cuanto autor formaba el orgullo de las letras españolas (Ibid., 8). Cabe in-

dicar que, en ambos casos, el pedido fue gratamente correspondido con libros 

que llegarían a Lima en junio de 1884.    

La primera devolución de Chile y algunas voces disidentes. La polémica con An-

drés Avelino Aramburú y la palabra del Murciélago 
Un asunto no contemplado hasta el día de hoy ha constituido el análisis del 

grado de aceptación que pudo tener la campaña de «bibliotecario mendigo»i-

niciada por Palma. La pregunta surge a raíz de la críptica actitud de Palma al 

presentar su memoria de gestión de 1884, en la que sin dar mayor detalle se 

quejaba de la injuria sufrida por algún órgano de la prensa a raíz de un pedido 

realizado por el tradicionista al gobierno de Chile (Palma 1884: 10). Una revi-

sión de las fuentes de la época nos confirma que dicha queja hacía referencia al 

periodista Andrés Avelino Aramburú y la crítica que desplegara contra Palma 

desde su sección de opinión titulada «El Día», en La Opinión Nacional.

La historia  del bibliotecario mendigo que exitosamente obtuvo libros para la 

abatida Biblioteca Nacional del Perú de todos los espacios de Europa y Améri-

ca es un hecho indiscutible y la campaña, por cierto, fue seguida con atención 

por medios periodísticos como El Comercio, El Bien Público, El Nacional, y La 

Opinión Nacional, sin embargo, notamos que, aunque Palma encontró amplio 

apoyo para su cruzada de devolver al país una Biblioteca Nacional, no todas 

sus acciones fueron celebradas en el sensible contexto de la reconstrucción 

nacional, más si consideramos el fresco recuerdo de la derrota y la firma de un 

tratado de paz que incluía la sesión de aquellas tierras por las que el país guar-

daba angustioso luto en recuerdo a los caídos en defensa de la Patria. 

realizó gestiones para trasladar al Cementerio General de Lima a los marinos españoles que 

desde 1866 yacían enterrados en la Isla San Lorenzo. El pedido fue atendido por la Sociedad 

de Beneficencia Pública de Lima, la cual, asignando una parcela para la construcción de una 

bóveda mortuoria, posibilitaría el solicitado traslado y una ceremonia de inhumación en 

dicho camposanto, acaecida el 23 de noviembre de 1882.   


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«Deme el gobierno anaqueles donde colocar libros y Deo volente yo daré al país Biblioteca». Ri-
cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

En ese sentido, una polémica surgió en marzo de 1884, a causa de la llegada 

de una remesa de libros procedente de Chile. Enterada la prensa de que se 

trataba del envío del presidente Santa María a raíz de un pedido realizado por 

Palma, ello ocasionaría el comentario airado de Andrés A. Aramburú, quien 

desde su columna de opinión en La Opinión Nacional, observaría cómo habién-

dose tolerado la «mano limosnera» de Palma, que pedía en tono plañidero, no 

con la dignidad del pobre de solemnidad sino con «petulante voz de un pordio-

sero vulgar», había llegado al extremo de solicitar libros a Chile, constituyendo 

ello una súplica que hería al carácter del vencido y acotando finalmente cómo 

«La altivez de la desgracia no está traducida en semejante demanda: se quiere 

tener desperdicios de lo que fue nuestro»

42

Recibido el golpe, aquel daría pie a una inmediata respuesta de Palma, quien 

desde las páginas de La Reacción comentaría que él respondería el 28 de julio 

con una Biblioteca Nacional pero comentando a la vez cómo Aramburú había 

mostrado oposición sistemática al ideal patriótico de tener nuevamente biblio-

teca: habiendo sido el único regidor de Lima que votara en contra del pedido 

de Palma para que la Municipalidad de Lima subvencionara la encuaderna-

ción de libros durante seis meses, y desde las páginas de La Opinión Nacional 

criticando algunos detalles de la suscripción solicitada para adquirir la Biblio-

teca Casós, la devolución de cerca de mil volúmenes obtenida del presidente 

Santa María y aun haciendo notar que todo esto venía de quien no había 

obsequiado ni un solo libro a la biblioteca de su patria

43

.

La respuesta de Aramburú fue reafirmar su censura al pedido de limosna 

de nuestros bienes realizado al presidente del país que se los había llevado y 

fundamentando su falta de apoyo desde el municipio al considerar que en-

cuadernar libros era un gasto de lujo cuando había necesidades urgentes por 

hacer, siendo suficiente con tenerlos en contexto tan crítico como era aquel. 

De forma adicional debemos indicar que en esta polémica Aramburú pronto 

hallaría eco en las páginas de La Prensa Libre

44

 y aun desde El Murciélago, pe-

riódico publicado en Guayaquil por Manuel Atanasio Fuentes y desde el cual 

mostrara total respaldo a la postura de Aramburú, aunque de ello, por la leja-

nía geográfica, pocos llegarían a enterarse en el medio local

45

.

En todo caso, más allá de estas opiniones disidentes, a nivel local, la cam-

paña desarrollada por Palma fue tan exitosa que para los últimos días de di-

42 La Opinión Nacional N°3156 (31 de marzo de 1884). El día, pp.2. 
43 La Opinión Nacional N°3158 (2 de abril de 1884). El día, pp.2. Al respecto se debe acotar que 

el número total de libros recibidos fue de 624 volúmenes y no casi mil, según lo informara 

después el propio tradicionista (Palma, 1884: 10). Es de indicar además que gracias a la gestión 

de Palma también llegaría en aquella entrega el cuadro “Los funerales de Atahualpa”, obra 

que en el contexto de la ocupación había partido al país del sur. 

44 La Opinión Nacional N°3159 (3 de abril de 1884). Crónica. “La Prensa Libre”, pp.2. 
45 Comunicación verbal de Víctor Arrambide. 


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ciembre de 1883 el escritor manifestaría que la Biblioteca Nacional ya no podía 

recibir más libros hasta que el gobierno proveyese de nuevos anaqueles y ter-

minase de refaccionar todos los ambientes del edificio. 

Al finalizar el año, Palma remitiría un oficio al ministro del ramo, dando cuen-

ta de la marcha del establecimiento al 31 de diciembre de 1883 e indicando que se 

habían registrado 15230 volúmenes, además de las remesas que se esperaban 

del extranjero, estimándose que con estas podrían duplicarse los fondos de 

la institución. Estas alentadoras noticias harían suponer a El Comercio que la 

resurrección de la Biblioteca Nacional del Perú debía darse como un milagro 

ya realizado.

46

 

La refacción del espacio
Un detalle a tener en cuenta es el acondicionamiento del espacio siendo para 

ello necesario una contextualización del estado de la Biblioteca antes de la 

guerra.    

Como ya vimos anteriormente, la utilización de los espacios de la Biblioteca 

Nacional como cuadra para uno de los batallones de ocupación generó la pér-

dida de todos los anaqueles de la Biblioteca, es decir las baldas de la estantería, 

pero respetando la estantería de cedro que se había mandado a confeccionar 

durante la gestión de Odriozola entre 1877 y 1880.

En ese sentido, por los informes que fuera emitiendo Palma durante el pro-

ceso de reconstrucción sabemos que la labor de refacción consistió en habilitar 

nuevos anaqueles a la estantería y solo debiendo reemplazar en su totalidad 

el mobiliario del espacio que había contenido a la colección de Miguel Fuen-

tes Pacheco, compuesta por 7792 volúmenes pero que Palma socarronamente 

identificara como la «Colección de los cuatro sietes».

El 14 de noviembre, el gobierno dispuso que el Ministerio de Gobierno coor-

dinara con el director de la Biblioteca para escoger un arquitecto del Estado 

que se encargara de las reparaciones indispensables y urgentes además de la 

obra de carpintería que fuera necesaria para la puesta en servicio de esta insti-

tución

47

, recayendo por pedido del propio Palma el nombramiento en la perso-

na de don Manuel Julián San Martín.

A pesar de las coordinaciones con el gobierno y la aceptación de la pro-

puesta de reconstrucción del local en 1° de diciembre de 1883, las obras de re-

facción, dependientes de la liquidez del erario estatal, no avanzaron al mismo 

ritmo que la adquisición de material bibliográfico, esto último más acorde a la 

voluntad de la sociedad civil y los contactos intelectuales de Palma. En esta 

46 El Comercio N°15093 (31 de diciembre de 1883). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.5. 
47 Traslado de resolución del Ministerio de Justicia, Culto, Instrucción y Beneficencia. Lima, 14 

de noviembre de 1883. En: BNP. Colección General de Manuscritos. Correspondencia oficial y 

particular, 1883 a 1885… (Código D 4679). 


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cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

situación, fue de lamentar la poca atención que se le diera al pedido de Palma 

para refaccionar las paredes que daban soporte al techo artesonado del anti-

guo refectorio jesuita, espacio que desde 1884 sería usado como repositorio del 

Salón Europa. Se debe considerar, además, que dicho techo era considerado 

para aquel entonces, después del que ostentaba la sala de sesiones del Senado, 

como uno de los más notables y artísticos de la ciudad.

48

  

En todo caso, el inicio de la refacción de estanterías recién inició en mayo de 

1884 ante el reclamo de Palma, al considerar que no podía recibir más donati-

vos por falta de espacio habilitado para libros. 

Durante la obra, queriendo optimizar el uso de espacios, Palma autorizó la 

modificación de la anterior distribución de anaqueles, pasando a tener de 4 a 6 

anaqueles cada uno de los 134 estantes ubicados en los salones Europa y Amé-

rica. Ello dio por resultado que dicho espacio pudiera contener un tercio más 

de lo que originalmente pudo albergar; de igual manera, para los acabados, se 

decidió reemplazar las antiguas lunas de la estantería por rejas que permitieran 

una mayor ventilación y evitar la proliferación del enemigo natural de la Bi-

blioteca: «la polilla» (Palma, 1884. 13).  

Reglamento y primeros trabajadores
Punto importante en la labor de reconstrucción constituyó el personal que 

debía integrar a la naciente Biblioteca Nacional. Conocedor Palma de la expe-

riencia y conocimiento que se requería para la labor, consideró que la nueva 

48 Oficio del director de la Biblioteca y Archivo Nacional al ministro de Gobierno, Policía y 

Obras Públicas. Lima, 28 de noviembre de 1883. En: BNP. Colección General de Manuscritos. 

Correspondencia oficial y particular, 1883 a 1885 (Código D 4679). Cabría agregar que el espacio 

ocupado por el Senado de la República luego ha pasado a ser ocupado por el Museo del Con-

greso y la Inquisición. En el caso del techo que ostentaba este espacio de la BNP, se perdió 

definitivamente durante el incendio de mayo de 1943. 


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institución debía juntar experiencia y juventud. De esta manera convocó a 

José T. Polo, Enrique Torres Saldamando y Manuel Calderón. En el caso del 

primero, había participado de la catalogación de libros de la Biblioteca antes de 

la guerra; Saldamando por su acendrado conocimiento bibliográfico y Calde-

rón por haber sido el mayor conocedor de los bienes bibliográficos que había 

contenido la Biblioteca de la preguerra, siendo indispensable su participación 

en las labores de reconstitución de los fondos bibliográficos de la misma (Hua-

mán, 2021: 16)

Debe indicarse que el reglamento de 1884, aprobado en 4 de julio de ese año, 

vino a modificar el anterior de 1879

49

 y comenzó a regir desde la reinauguración 

de la institución. En términos concretos, más allá de la normatividad de su 

funcionamiento, este reglamento reafirmaba la tutela del director de la Biblio-

teca sobre el Archivo Nacional, le daba potestad para proponer al gobierno los 

empleados que debían integrarla y autorizaba la atención del establecimiento 

entre 12 del día y 5 de la tarde

50

. De igual forma, haciendo caso a la potestad 

de nombramiento obtenida por Palma, el gobierno decretaría como personal a 

este primer grupo, sin duda, el personal que hizo posible la reconstitución de la 

Biblioteca y su reinauguración el 28 de julio de 1884:

Director 

: Ricardo Palma 

Subdirector 

: José Toribio Polo

Conservadores: Enrique Torres Saldamando y Manuel Calderón

Amanuenses  : José Fernández Alvarado, Daniel F. Alvarado, Carlos A. Ro-

mero y Pedro Rinaldi

Portero  

: Miguel Pérez

51

 

Respecto a la fusión de Biblioteca y Archivo, Palma sostendría que la aten-

ción de ambos establecimientos por un mismo personal implicaba un ahorro 

de 482 soles al año para el Estado, respecto a lo que invertía en la atención de 

estas mismas instituciones con anterioridad a la guerra (Palma, 1884: 15). Cabe 

indicar que dicha fusión institucional mantuvo vigencia hasta fines del siglo 

XIX.

49 El Peruano, Semestre I - N°113 (viernes 23 de mayo de 1879). Ministerio de Justicia, Culto, 

Instrucción y Beneficencia. Reglamento de la Biblioteca Nacional del Perú, pp. 450. 

50 El PeruanoBoletín Oficial Semestre II - Núm.3 (19 de julio de 1884). Ministerio de Justicia, 

Culto, Instrucción y Beneficencia. Reglamento de la Biblioteca Nacional, pp.64-65. 

51 El Peruano. Boletín Oficial Semestre II - Núm.3 (19 de julio de 1884). Ministerio de Justicia, 

Culto, Instrucción y Beneficencia. Nombramiento de empleados de la Biblioteca Nacional, 

pp.65-66. 


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cardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú (2 nov. 1883 - 28 julio 1884) .

2.4. «Post nubila phoebus». La reinauguración: 28 de julio de 1884
Las labores de Palma habían dado fruto tras ocho meses de trabajo mancomu-

nado. Para el 14 de julio las obras de refacción habían culminado, solo queda-

ba pendiente el pintado de la fachada

52

. Aunque existía el anuncio de muchas 

remesas por llegar, lo cierto es que habría biblioteca por reinaugurar el 28 de 

julio, algo que satisfacía plenamente a Palma.

Programada la inauguración de la institución para las 2 pm., como parte de 

las celebraciones de Fiestas Patrias, el gobierno dio orden para que la Casa de la 

Moneda acuñara medallas conmemorativas de bronce, las cuales debieron ser 

entregadas a los invitados a la ceremonia y a aquellos que habían contribuido 

a esta causa con la donación y/o recuperación de materiales de la Biblioteca

53

.

Los alcances de su labor reconstructiva fueron leídos en un discurso que 

fue publicado ese mismo día en los principales diarios de la capital e impresas 

luego en una edición de tiraje limitado. En él, Palma pondría de manifiesto 

cómo habiendo recibido una institución destruida por encargo de un Estado 

en ruinas, a pesar de la desgracia nacional, él nunca había dudado de la vita-

lidad del pueblo peruano (Palma, 1884: 16). Destacaría además cómo, aunque 

en 8 meses su labor daba por resultado una biblioteca numéricamente menor a 

la que había existido, en términos temáticos era mucho más especializada que 

la que había existido anteriormente, con secciones mucho más completas, a 

excepción de la colección de biblias y periódicos, las cuales, a consideración del 

director, no reemplazaban en número y rareza a las que habían existido antes 

de la guerra (Palma, 1884: 11). 

Sobre este último punto conviene apuntar que parte de la rica colección 

de biblias que poseyera la institución hasta el momento de la guerra y de la 

cual Palma llegaría a decir que nuestra Biblioteca no tenía nada que envidiar 

a las más renombradas de Europa (Palma, 1884: 4) regresarían a la institución 

gracias a las devoluciones realizadas por el gobierno chileno en los años 2007 

y 2017 

54

 

52 V. además El Comercio N°15255 (14 de julio de 1884). Crónica. Biblioteca Nacional, pp.2. 
53 En oficio del Ministerio de Hacienda y Comercio del 11 de julio de 1884 se consigna que el 

Supremo Gobierno autorizó a la Casa de la Moneda para que el tallador Florencio Dávalos 

confeccionara 2500 medallas de cobre y 300 de plata, sin embargo, no hemos podido con-

firmar si dichas cantidades llegaron a emitirse pues medios periodísticos informarían que 

al momento de la inauguración se disponía de 2000 medallas de bronce. Véase: El Comercio 

N°15265 (25 de julio de 1884). Crónica. Medallas, pp.2. 

54 Al respecto cabe indicar que hoy, gracias a gestiones bilaterales peruano-chilenas realizadas 

en los últimos 15 años, este material, ha regresado en gran parte al Perú. La Biblia poliglota 

complutense del cardenal Jiménez de Cisneros (1514-17); la Políglota de Amberes de Benito Arias 

Montano (1567-72), también llamada Biblia Regia por haber sido costeada por el rey Felipe 

II; la biblia de Henri-François de Vence (1767), destacada por su atlas de la geografía bíblica; 

la de P. Sabatier (1751), con un estudio de las primeras traducciones latinas de la Biblia y, la 

Biblia Poliglota de Londres, del obispo Brian Walton (1654), que muestra los textos bíblicos en 


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En todo caso, la reconstitución de los fondos bibliográficos realizada por 

Palma fue destacada por cuanta persona pudo asistir a la Biblioteca Nacio-

nal tras su reinauguración. Así lo evidenciaría Middendorf, quien reconocería 

que, a diferencia de la colección primigenia, llena de infolios teológicos que 

nadie consultaba, la biblioteca regenerada, aunque contaba con un contingen-

te bibliográfico menor, se presentaba moderno y acorde al espíritu de la época 

(Middendorf, 1973: I, 319).

A pesar de la loable labor desplegada en 8 meses de trabajo, las labores de 

reconstrucción no permitieron formar un catálogo institucional. Al momento 

de la reapertura, el personal de la Biblioteca solo había logrado elaborar un 

catálogo muy rudimentario de los libros del Salón América, el cual serviría 

de base para la elaboración del Catálogo de libros del Salón América que se pu-

blicaría en 1891 bajo la supervisión del viejo conservador Manuel Calderón, 

en la que fuera su última labor tras 48 años de servicio dentro de la Biblioteca 

Nacional del Perú (Huamán, 2021: 16). 

Finalmente, cabe indicar que sabedor Palma del éxito de la campaña realiza-

da en la primera institución cultural del Perú Independiente, llegaría a afirmar 

cómo a partir de ese momento podían llegar Paz-Soldanes, Fuentes u otros y 

empezar a arar sobre lo que él ya había dejado (Palma: 2005: t.I, pp.265). Sin 

duda el viejo tradicionista era consciente que su nombre quedaría unido por 

siempre al de la Biblioteca Nacional del Perú. Fue por ello que el reconoci-

miento intelectual y político por la labor realizada propiciaron que su gestión 

se mantuviera por 28 años, hasta el año 1912 en que renunciaría al cargo de 

director de la Biblioteca Nacional del Perú. 

III. Palabras Finales
La reconstrucción de la Biblioteca Nacional del Perú ha sido, dentro de la his-

toria cultural peruana, uno de sus tópicos más citados, sin embargo, solo to-

mando en consideración el testimonio de Ricardo Palma. El presente estudio 

nos ha permitido constatar que dicho proceso tuvo una complejidad superior 

a la que pudo testimoniar su propio reconstructor.

Sobre las causas que dieron origen a su reconstrucción se ha visto que, en 

el contexto de la invasión militar de Lima, fue su expolio a manos del ejército 

vencedor, en 1881, el que mayor resonancia tuviera en términos políticos y 

culturales, hecho que a la vez posibilitaría el éxito de la campaña reconstitutiva 

desplegada por Palma.

Por otro lado, contrariamente a lo que el imaginario colectivo peruano ha 

venido repitiendo por tradición, queda comprobado que el desvalijamiento 

nueve idiomas, hoy vuelven a mostrar su esplendor. Custodiadas en la bóveda de nuestra ins-

titución, estas joyas de la imprenta europea le devuelven aquel extraviado prestigio a nuestra 

biblioteca y fortalecen nuestra memoria como nación. 


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del patrimonio bibliográfico de la Biblioteca Nacional posibilitó la llegada de 

libros y documentos al vecino país del sur, pero también la redistribución de 

estos en el mercado local y una dinámica de circulación en el mundo del colec-

cionismo local que se ha prolongado hasta nuestros días.  

Es por ello que podemos concluir que si bien la campaña liderada por Palma 

fomentaría la reinauguración institucional, ocho meses después, el 28 de julio 

de 1884 con 27894 volúmenes, es de destacar que casi la tercera parte de esos 

fondos «obtenidos» (8315 volúmenes) constituyeron en realidad la recupera-

ción de los fondos originales de la Biblioteca Nacional, lograda a través de las 

pesquisas realizadas por la Prefectura de Lima, y a la cual habría que sumar 

5800 volúmenes adicionales obtenidos en los cuatro años siguientes, dando 

un total de aproximadamente 14 mil volúmenes recuperados de la primigenia 

Biblioteca Nacional, lo cual constituye la cuarta parte de sus fondos originales. 

Ello, aunque no disculpa el accionar del ejército invasor en contexto de guerra, 

debe ayudar a corregir aquella idea de que todo lo salido de la Biblioteca Nacio-

nal en 1881 fue a parar al vecino país del sur.

De esta manera creemos haber contribuido al esclarecimiento de uno de los 

tópicos más mentados de la historia cultural peruana, en conmemoración de 

los 200 años de vida institucional de la Biblioteca Nacional del Perú.  


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Referencias bibliográficas

Fuentes de archivo
Biblioteca Nacional del Perú (1883). Correspondencia oficial y particular, 1883 a 

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Colección general de manuscritos D 4679 (Sin código de inventario)

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GESTIÓN DE LA INFORMACIÓN 

Y DE LA CULTURA

Rosa María Yataco Marín

Oscar Fernando García Vásquez


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Rosa María Yataco Marín

Tiflotecnología y el acceso a la información de las 

personas con discapacidad visual

Tyflotechnology and access to information for people with visual 

disabilities

Rosa María Yataco Marín

Biblioteca Nacional del Perú

Lima, Perú

Contacto: rosa.yataco@bnp.gob.pe

https://orcid.org/0000-0002-9712-0599

Resumen

El acceso oportuno a la información asegura el pleno ejercicio de los derechos 

vinculados a la educación, la cultura y la comunicación. Para que las personas 

con discapacidad puedan lograr este acceso, es importante que cuenten con los 

medios necesarios que les permitan informarse autónoma e igualitariamente 

de las oportunidades como cualquier otro ciudadano. El objetivo de este ar-

tículo es dar a conocer las herramientas tecnológicas que están a disposición 

de las personas con discapacidad visual y que funcionan de acuerdo con su 

resto visual, el contexto por el cual adquirieron esta condición y su nivel de 

especialización en el manejo de tecnologías. Finalmente, se describen las tiflo-

tecnologías para el acceso a la información que emplean los usuarios de la Sala 

de lectura para Personas con Discapacidad Visual «Delfina Otero Villarán» de 

la Gran Biblioteca Pública de Lima.

Palabras clave: tiflotecnología, acceso a la información, discapacidad visual.

 Abstract

Timely access to information ensures the full exercise of rights related to edu-

cation, culture, and communication. For people with disabilities to achieve 

this access, it is important that they have the necessary means that allow them 

to be informed autonomously and equally about the opportunities like any 

other citizen. The objective of this article is to make known the technological 

tools that are available to people with visual disabilities and that work accor-

ding to their visual residue, the context by which they acquired this condition 

and their level of specialization in the management of technologies. Finally, for 

access to information used by users of the «Delfina Otero Villarán» Reading 

Room for People with Visual Disabilities of the Great Public Library of Lima 

are described.

Keywords: tyflotechnology, access to information, visual disability. 

Recibido: 2022-07-24/ Revisado: 2022-09-28 / Aceptado: 2022-10-05/ Publicado: 2022-12-06

ISSN-e: 2709-5649 pp. 76-90


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Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas 

con discapacidad visual

Introducción
El proceso de información y aprehensión de conocimiento requiere contar con 

diversas fuentes de información bibliográficas y no bibliográficas. En la actua-

lidad, existen distintos medios y herramientas para poder acceder a la infor-

mación; sin embargo, la mayoría de ellos están basados en el aspecto funcional 

de la visión. 

En el ser humano, un gran porcentaje de la información llega a través del 

sentido de la vista, ya que es el que más información otorga a la persona y el 

que está ligado con la mayoría de las actividades cotidianas, sociales y acadé-

micas. Cuando la ceguera es total, el oído y el tacto pasan a ser los principales 

canales para la recepción de la información; entretanto, para las personas con 

baja visión, el residuo —o resto— visual es un recurso más por utilizar y apro-

vechar. 

Gracias al avance tecnológico, hoy en día las personas con discapacidad vi-

sual tienen a su alcance una serie de herramientas y dispositivos mediante los 

cuales pueden superar las diferentes barreras de acceso a la información. Por 

ello, el aprovechamiento de la tecnología, aplicada al acceso a la información, 

permite satisfacer las necesidades específicas de la comunidad de personas con 

discapacidad visual e influye positivamente en su autonomía, bienestar, vida 

diaria, movilidad, acceso a la educación, empleo, ocio, cultura, entre otros.

Contexto de la discapacidad
Definiciones 

Para divulgar información relacionada con la discapacidad visual, es preci-

so conocer algunos conceptos básicos, así como su tipología. De esta manera 

será posible entender qué implica una ceguera total o una baja visión, con el 

objetivo de satisfacer adecuadamente las necesidades de información de los 

usuarios.

 Persona con discapacidad: El Estado peruano promulgó la Ley General de 

la Persona con Discapacidad, ley 29973 (2012), herramienta que otorga 

el marco legal de protección y atención para que las personas con disca-

pacidad puedan lograr su desarrollo e inclusión social. Dicha ley define a 

una persona con discapacidad como 

aquella que tiene una o más deficiencias físicas, sensoriales, mentales o 
intelectuales de carácter permanente que, al interactuar con diversas ba-
rreras actitudinales y del entorno, no ejerza o pueda verse impedida en el 
ejercicio de sus derechos y su inclusión plena y efectiva en la sociedad, en 
igualdad de condiciones que las demás. 


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 Discapacidad visual: Actualmente, se percibe a la discapacidad visual des-

de una perspectiva social, por lo que se podría definir como 

la dificultad que presentan algunas personas para participar en activida-
des de la vida cotidiana, que surge como consecuencia de la dificultad 
específica relacionada con una disminución o pérdida de las funciones 
visuales y las barreras presentes en el contexto en que se desenvuelve. 
(Ministerio de Educación, 2013, p. 7).

• Accesibilidad: Hasta hace algunos años, este término se utilizaba para 

referirse a las facilidades del entorno físico o urbano; por ejemplo, la 

colocación de rampas y otros dispositivos que permitan o simplifiquen el 

tránsito de las personas. Actualmente, el término accesibilidad significa 

que:

un lugar esté acondicionado a fin de que ella pueda penetrar y circular en 
él sin obstáculos, que las instalaciones, los equipos y los medios de comu-
nicación estén concebidos para permitir su uso, con o sin adaptación, por 
una persona que tiene limitaciones físicas, sensoriales o mentales. Si bien 
es cierto que, en un principio, la accesibilidad se refería tradicionalmente 
a la facilidad con la cual se accede o se interactúa con el entorno físico, 
el advenimiento de la sociedad de la información vio evolucionar el con-
cepto de accesibilidad a fin de tener en cuenta las nuevas realidades. (Roy, 
2005, p. 131).

• Obra en formato accesible: De acuerdo con lo estipulado en el Tratado de 

Marrakech, de 2013

1

, una obra en formato accesible es aquella que ha 

sido reproducida para otorgarle al lector el acceso a ella de manera tan 

viable y cómoda como ocurre con las personas sin discapacidad visual 

o sin otras dificultades para acceder al texto impreso. En suma, podría 

tratarse de una obra en sistema Braille, un libro hablado, un libro digital 

accesible o un texto en macrotipo.

Clasificación de la discapacidad visual

Existen varias formas de clasificar a la discapacidad visual; sin embargo, para 

este artículo se sigue la clasificación de Barraga (1992), quien identificó cuatro 

niveles de discapacidad visual, los cuales guardan relación con los niveles de 

deterioro visual:

 Ceguera total: La persona presenta carencia de visión o únicamente per-

cibe algunas gradaciones de luz, pero ello no le permite su aprovecha-

1 https://www.wipo.int/treaties/es/ip/marrakesh/index.html


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Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas 

con discapacidad visual

miento para la orientación o movilización, por ejemplo. El acceso a la 

información se da a través del tacto y la audición.

 Ceguera parcial: La persona presenta un residuo visual que le permite per-

cibir la luz, algunas escalas de color; asimismo, puede distinguir cuerpos 

grandes y contornos, pero difícilmente, formas. Es importante potenciar 

el residuo visual, aunque la adquisición de información y conocimiento 

se sustente básicamente en el tacto y la audición.

 Baja visión o deficiencia visual severa: La persona posee un mayor residuo 

visual, el cual le permite ver objetos, colores y caracteres a pocos centí-

metros. Es importante dotarle de recursos (lupas, por ejemplo), para que 

la mayor parte de la adquisición de conocimientos se realice a través del 

residuo visual que posee.

 Personas con limitación o deficiencia visual moderada: La persona presen-

ta un mayor residuo visual, aunque todavía necesita una iluminación 

adecuada. Es posible que pueda leer textos impresos a pocos centímetros 

sin ayudas ópticas (lupas).

En adelante, nos referiremos a dos grandes grupos: las personas ciegas o con 

ceguera y las personas con baja visión. 

Causas de la discapacidad visual

Las causas de la discapacidad visual son diversas y casi siempre son consecuen-

cia de alguna enfermedad. A pesar de que el origen de la discapacidad de los 

usuarios de la biblioteca pueda ser un asunto personal y privado, conocerlo es 

importante para identificar la forma o medio de acceso a la información que 

prefieran o que se adapte mejor a sus necesidades. Por ejemplo, es usual pensar 

que todas las personas con ceguera total saben leer en sistema braille, pero no 

siempre es así. Muchas de ellas no están alfabetizadas en este sistema porque 

adquirieron la discapacidad a una edad adulta, lo que dificultó su aprendizaje. 

Por este motivo, es fundamental conocer estas causas y considerarlas a la hora 

de atender o diseñar servicios de acceso a la información dirigidos a usuarios 

con discapacidad visual.

La ceguera o la baja visión pueden deberse a múltiples factores y también 

dependen de la zona del ojo afectado y del grado de visión. Existen diversas 

causas que determinan la discapacidad visual; estas pueden ser congénitas (al-

binismo o retinitis pigmentaria), adquiridas (desprendimiento de retina, diabe-

tes o traumatismos) o víricas (Herrera y Ramírez, 1999, pp. 137-160).


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Discapacidad visual en cifras

Para el diseño y la implementación de políticas públicas y el desarrollo de pro-

gramas que buscan lograr la igualdad de oportunidades y cerrar las brechas 

de la exclusión de las personas con discapacidad, es preciso acceder a infor-

mación estadística. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) 

(2017) indicó cuántos peruanos y peruanas con discapacidad hay en el país, 

qué tipo de discapacidad presentan y qué diferencias hay entre ellos según su 

edad, género y nivel educativo. 

Así pues, en los Censos Nacionales 2017 se muestra que en el Perú existen 

3 051 612 personas con discapacidad, cifra que equivale al 10,4% del total de 

la población del país. De acuerdo con este documento, la presencia de alguna 

discapacidad es mayor en el área urbana (10,7%) que en el área rural (9,3%).

Tomando en cuenta el tipo de discapacidad, la que más prevalece en el país 

es la visual (48,3%), seguida de la motora (15,1%) y la auditiva (7,6%). En ese 

sentido, la dificultad para ver (discapacidad visual) es la discapacidad predomi-

nante, pues afecta a 1 473 583 personas.

Tiflotecnología

Según la mitología griega, Tiflos era una isla en la que se desterraba a las per-

sonas. Por su parte la tiflología, del griego typhlós (ciego) y logía (el estudio de 

algo), es definida por la Real Academia Española como «parte de la medicina 

que estudia la ceguera y los medios de curarla» (https://dle.rae.es/tiflolog%-

C3%ADa?m=form). Actualmente, se utiliza el prefijo tiflo- para referirse a dife-

rentes aspectos que tienen que ver con las personas con discapacidad visual, 

entre ellos, a la tecnología.

Atendiendo al significado de las palabras que la componen —«tiflo» y «tec-

nología»—, podría decirse que la tiflotecnología es 

el conjunto de técnicas, conocimientos y recursos encaminados a procu-
rar a las personas con discapacidad visual los medios oportunos para la 
correcta utilización de la tecnología con el fin de favorecer su autonomía 
personal y plena integración social, laboral y educativa. (Morales y Berro-
cal, 2003). 

En ese sentido, la tiflotecnología es la tecnología adaptada o creada a partir de 

las necesidades de las personas con discapacidad visual.

Su campo de aplicación es muy amplio, debido, sobre todo, al tipo de usuario 

—la persona con discapacidad visual— que la utiliza como un medio imprescin-

dible para el acceso a la información en distintos ámbitos. Aunque este término 

incluya instrumentos no electrónicos, actualmente se aplica, principalmente, al 

estudio y al manejo de equipos electrónicos de lectura, acceso y procesamiento 


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Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas 

con discapacidad visual

de la información (Meroño, 2000). Por ello, los recursos tiflotécnicos se emplean 

tanto como ayuda al estudio (regletas y punzones para escritura braille), como en 

labores cotidianas (bastones), en el trabajo, etcétera, y constituyen herramientas 

decididamente accesibles para las personas de este colectivo. 

Tiflotecnología para el acceso a la información
El desarrollo tecnológico abre nuevas posibilidades para aquellas personas 

que encuentran dificultades para acceder a la información de un libro o de 

cualquiera otra publicación impresa; este es el caso de las personas con disca-

pacidad visual. Estos obstáculos no son inherentes a su condición, sino que 

se manifiestan como consecuencia de la escasa oferta mundial de obras en for-

matos accesibles, por lo que la tecnología significa una oportunidad para que 

el acceso a la lectura y a la información sea cada vez más oportuno, inmediato 

y autónomo para estas personas.

Con el objetivo de alcanzar el ansiado acceso a la información y, de algu-

na manera, no quedar relegadas de los beneficios que esta les otorga, las per-

sonas con discapacidad visual han sabido adaptar recursos, herramientas y 

tecnología a sus necesidades especiales de información. Un claro ejemplo es 

la creación del sistema de lectoescritura braille, el cual es una adaptación del 

sistema de lectura nocturna

2

 que Luis Braille supo aprovechar en beneficio de 

la comunidad y que, a partir de su creación, permitió que las personas ciegas 

pudieran acceder a la educación, luego de varios siglos de olvido. Actualmente, 

estas personas no solo adquieren conocimiento a través de información en este 

sistema, sino mediante otros formatos como el sonoro y el digital accesible, 

gracias a la ayuda de la tiflotecnología.

En muchos casos, las actividades tan cotidianas como la lectura de un libro, 

una revista, una página web, etcétera, no serían posibles para estas personas si 

no contaran con medios alternativos de lectura y acceso. Actualmente, quie-

nes forman parte de este colectivo pueden acceder a la información impresa y 

digital con ayuda de herramientas tiflotecnológicas. 

Se ha mencionado que una persona con discapacidad visual utiliza la tiflo-

tecnología en diversos ámbitos y contextos, y que esta no se restringe al acceso 

a la información académica o con fines de culturización. De igual modo, son 

muchos los recursos existentes que le permiten a una persona con discapaci-

dad visual acceder a la información y al conocimiento, pero básicamente se 

pueden dividir en dos categorías: 

2  El sistema de lectura nocturna fue un código creado por el militar francés Charles Barbier, a 

inicios del siglo XIX, con fines militares; pues permitía que los soldados pudieran comunicar-

se en la oscuridad y sin la necesidad de realizar sonido alguno.


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• Adaptaciones de bajo nivel de especialización: son materiales más sencillos 

y de fácil manejo. Aquí se incluyen los magnificadores de texto e imagen 

(útil únicamente para las personas con residuo visual o baja visión), la 

síntesis de voz, las grabadoras de sonido y la salida braille (ya sea con 

máquina de escribir o impresoras). 

• Adaptaciones de alto nivel de especialización: por su especial complejidad 

requieren una capacitación previa para garantizar su correcto manejo 

(Maheux, 2000). En esta categoría están los softwares y las aplicaciones lec-

toras de pantalla, los revisores de documentos y los tomadores de notas.

Tipos de tiflotecnología de acuerdo con su uso

a. Ayudas técnicas que permiten el acceso a la informática y a internet

 Ampliadores de caracteres: es un tipo de software diseñado especialmente 

para ser utilizado por personas con baja visión; es decir, por quienes no 

son totalmente ciegos, pero, debido al poco residuo visual que aún po-

seen, ya no son capaces de ver el tamaño normal de los caracteres de una 

computadora, a menos que estos sean ampliados de alguna forma (Nava-

rro, 2004). Entre los más comerciales destacan Magic Screen Magnifica-

tion, ZoomText y MaGUI (programa magnificador de pantalla gratuito 

para Windows).

 Lectores de pantalla: son softwares que permiten acceder a la información 

de la pantalla de una computadora, mediante dispositivos o sintetizado-

res de voz (Morales y Berrocal, 2003). Este sintetizador traducirá a voz 

los elementos que aparezcan en la pantalla. El usuario, con ayuda del 

teclado de la computadora, podrá explorar todos los elementos que se le 

presenten, redactar documentos, accionar comandos de lectura, conocer 

la distribución de la información, navegar por internet, usar las redes so-

ciales, etcétera. Entre los más usados en la región están JAWS

3

, NVDA

4

 

y Orca; todos ellos pueden usarse en computadoras o laptops. Para la 

lectura en dispositivos portátiles, como smartphones o tablets, destacan 

TalkBack (Android) y VoiceOver (iPhone). Es importante mencionar 

que estos softwares o aplicaciones no realizan la descripción detallada ni 

la interpretación de imágenes o fotografías. 

b. Ayudas técnicas que permiten la lectura de textos impresos 

• Magnificador de texto impreso: también se le conoce como lupa electró-

nica. Es una herramienta diseñada para facilitar el acceso a la lectura 

para las personas con baja visión, la cual consiste en una cámara CCD 

3  Acrónimo de Job Access with Speech.
4  Acrónimo de Non Visual Desktop Access.


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Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas 

con discapacidad visual

(dispositivo electrónico sensible) que se conecta a un monitor de compu-

tadora de 14, 17 o 19 pulgadas. Los textos que quieran ampliarse deben 

colocarse sobre una bandeja o mesa de lectura; se puede conseguir una 

ampliación lineal sobre la mesa de hasta sesenta veces, según el modelo 

y el tipo de monitor utilizado. 

• Lectores de texto impreso: son dispositivos que digitalizan cualquier tipo 

de documento impreso (libro, revista, etcétera), con la ayuda de un sof-

tware OCR

5

. Una vez obtenida la digitalización, esta es «leída» en voz 

alta por la voz sintética de este dispositivo. De esta manera, una perso-

na ciega podrá leer páginas completas de libros, revistas, diarios, entre 

otros, de manera completamente autónoma. Estos dispositivos son muy 

útiles para personas que aún no están alfabetizadas en sistema braille.

c. Ayudas técnicas que permiten la lectura y la producción de texto en sistema 

braille

 Máquina de escribir: permite la escritura mecánica o electrónica de textos 

en sistema braille. La cabeza productora de relieve es la que se traslada, 

por lo que el carro no se desplaza y su utilización requiere menos espacio. 

Los modelos más conocidos son la máquina de escribir Perkins (en su 

versión mecánica y electrónica) y la Tratapoint.

• Impresoras braille: funcionan como impresoras convencionales en tinta, 

con la diferencia de que el resultado es en braille. Utilizan martillos elec-

tromecánicos que definen los caracteres braille en el papel, cuyo gramaje 

debe ser de 140 hasta 180 gramos. Hay gran variedad de modelos y se 

pueden conectar a cualquier computadora, la cual necesitará un software 

traductor que cumple las funciones de procesador de texto. Para poder 

imprimir en braille, se debe tener la versión digitalizada del documento 

original que se quiera imprimir (Meroño, 2000). Entre los modelos más 

comerciales están Index e Irie. 

• Línea braille: es un dispositivo electrónico que permite la salida de conte-

nido en código braille desde otro dispositivo (computadora) al cual se ha 

conectado. Ello permite que una persona ciega o con baja visión acceda 

a la información que este aparato le facilita.

Sala para Personas con Discapacidad Visual «Delfina Otero Villarán» de la Gran 

Biblioteca Pública de Lima
La Sala para Personas con Discapacidad Visual «Delfina Otero Villarán», in-

augurada el 20 de julio de 2001, tiene como objetivo facilitar el acceso a la lectu-

5  Reconocedor Óptico de Caracteres.


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ra y a la información de las personas con discapacidad visual, a través de obras 

en diversos formatos accesibles y mediante tiflotecnologías de la información. 

Este espacio lleva su nombre en honor a Delfina Otero Villarán, destacada 

bibliotecaria y egresada de la primera promoción de la Escuela Nacional de 

Bibliotecarios de la Biblioteca Nacional, quien se especializó en el desarrollo de 

servicios de lectura para personas ciegas (Basadre, 1975).

Los usuarios que frecuentan mayormente este servicio son estudiantes de 

diferentes niveles académicos (educación básica, técnica y superior); así como 

profesionales de diversas especialidades y adultos mayores. Respecto al tipo de 

discapacidad visual, acuden usuarios con ceguera total y con baja visión desde 

diferentes puntos de la capital.

Su colección está distribuida en tres formatos accesibles: sistema braille, li-

bros hablados y texto digital accesible. También cuenta con títulos para su 

impresión en sistema braille. Entre los servicios que ofrece destacan la lectura 

en sala, la digitalización de textos, las conversiones de texto a audio y la impre-

sión de textos en sistema braille

6

. Asimismo, se realizan actividades culturales 

y de fomento de lectura, como talleres de sistema braille y el club de lectura Le-

yendo con Tacto

7

. Desde enero de 2022, la Biblioteca Nacional del Perú ha sido 

reconocida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) 

como la primera entidad autorizada en el marco del Tratado de Marrakech. 

Gracias a ello, las personas con discapacidad visual de todo el país pueden ac-

ceder a más de 800 000 obras en formatos accesibles en diversos idiomas, desde 

el Consorcio de Obras Accesibles (ABC, por sus siglas en inglés)

8

.

Recursos tiflotecnológicos
Esta sala de lectura pone a disposición de sus usuarios una serie de dispositivos 

y softwares tiflotecnológicos que facilitan el acceso a la lectura en el formato 

de su preferencia y acorde con su nivel de especialización informática y tecno-

lógica.

6  El Servicio de Impresión de Textos en Sistema Braille es gratuito que se brinda en la Gran Bi-

blioteca Pública de Lima. Beneficia a usuarios con discapacidad visual de todo el país, quienes 

pueden solicitar la impresión de un texto y recibirlo en sus domicilios mediante el servicio de 

cecogramas ofrecido por Serpost.

7  Es un programa de mediación de lectura de la Gran Biblioteca Pública de Lima que promue-

ve la lectura en voz alta, el análisis y la conversación acerca de textos literarios (poesía y 

narrativa breve) e informativos en sistema braille y otros formatos accesibles de lectura para 

personas con discapacidad visual.

8  ABC es una alianza entre los sectores público y privado, encabezada por la OMPI. Su objeti-

vo principal es incrementar el número de libros en formatos accesibles, como braille, audio-

libro, texto electrónico y caracteres grandes, y ponerlos a disposición de las personas ciegas, 

con discapacidad visual o con otras dificultades para acceder al texto impreso.


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Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú

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Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas 

con discapacidad visual

a. Software:

 Lectores de pantalla JAWS y NVDA: mediante estos programas, el usua-

rio con ceguera puede utilizar la computadora de manera totalmente 

autónoma para navegar en internet; redactar un documento en un pro-

cesador de textos u hoja de cálculo, etcétera. Estos lectores de pantalla 

también se emplean para la lectura de libros digitales accesibles. Este pro-

grama va leyendo en voz alta lo que va apareciendo en pantalla.

 Magnificador de pantalla ZoomText: amplía la información en pantalla 

y la controla mediante un ratón (mouse) o la combinación de teclas. El 

usuario puede graduar los colores, los tamaños y los contrastes, según el 

residuo visual que posea.

 OCR OpenBook: es un software especializado para la lectura de docu-

mentos impresos por medio de su reconocedor de caracteres que envía 

las señales gráficas y las convierte en voz. Esto supone una solución ideal 

para personas con discapacidad visual. Este programa trabaja con un 

escáner convencional. 

 Sintetizador de texto a voz Balabolka: es un software que convierte cual-

quier texto digital en archivos de audio. Es muy útil para la elaboración 

de libros hablados. 

 Traductor braille Duxbury DBT: es un programa que convierte texto a 

caracteres en sistema braille para su posterior impresión mediante una 

impresora braille.

b. Dispositivos 

 Lector de texto impreso Pearl: reconoce el texto impreso de libros, revis-

tas, etcétera; toma una fotografía de este para luego verbalizarlo en voz 

alta. Este equipo es portátil, recargable, funcional y no requiere mucho 

espacio.

 Lector de texto impreso All Reader: es un escáner parlante con el cual 

una persona ciega puede digitalizar textos por sí misma. El equipo lee 

en voz alta todo lo digitalizado para que el usuario pueda acceder a su 

contenido de manera independiente. También da la opción de guardar 

el documento digitalizado en un dispositivo de almacenamiento portá-

til.

 Lector de texto impreso EyePal: este equipo digitaliza y lee en voz alta 

el contenido de cualquier tipo de texto impreso, así como sus imáge-

nes, para que las personas con baja visión puedan visualizarlos, pues 

cuenta con una pantalla LCD, a través de la cual es posible graduar el 


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tamaño de fuente y elegir contrastes. Es portátil, lo que permite que los 

usuarios puedan usarlo en las diferentes salas de lectura de la institu-

ción. 

 Impresora braille Index DV5: es un hardware cuya función es igual que 

la de las impresoras convencionales. La única diferencia es que el docu-

mento no se imprime en tinta sino en braille. Para editar el documento 

que se quiere imprimir es necesario usar el software traductor Duxbury. 

Esta impresora braille permite la impresión de grandes cantidades de tex-

to en minutos. Gracias a sus características se ha podido implementar 

el Servicio de Impresión de Textos en Sistema Braille de la Biblioteca 

Nacional del Perú. 

 Línea braille Focus 40 Blue: es un dispositivo de entrada y de salida de 

información digital, basado en los seis puntos que conforman el sistema 

braille. Permite que las personas ciegas puedan leer en sistema braille una 

Figura 1

Lector de texto impreso EyePal

Nota: 

usuario accediendo al contenido de un libro a través del dispositivo lector de 

texto impreso EyePal. 


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Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas 

con discapacidad visual

obra digital, página web u otro texto desde una computadora, smartphone 

o tableta.

 Máquina Smart Perkins: es una máquina de escribir en sistema braille 

que cuenta con una pantalla LCD que permite visualizar la escritura en 

versión regular (tinta). Es muy requerida por los usuarios que se encuen-

tran en las primeras etapas de la alfabetización braille.

• Ampliador de texto Topaz: es un equipo que amplía el texto de cualquier 

publicación impresa, en una pantalla de 20 pulgadas. Posee tres contro-

les en forma de dial que permiten ampliar o disminuir el tamaño del 

texto en pantalla, así como graduar el color, el contraste y el brillo de 

acuerdo con el residuo visual del usuario. 

Figura 2

Línea braille

Nota: 

usuaria accediendo a contenido digital en sistema braille a través de la línea brai-

lle. 


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Figura 3

Ampliador de texto Topaz

Nota: usuario con baja visión ampliando caracteres de libro impreso de acuerdo con sus necesi-
dades y residuo visual. 


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Tiflotecnología y el acceso a la información de las personas 

con discapacidad visual

Comentarios finales 

 El gran anhelo de toda persona con discapacidad visual es acceder a la 

información al mismo tiempo, con el mismo coste y con la misma capa-

cidad de elección que los demás ciudadanos.

 La información impresa no tiene, per se, ninguna utilidad para una per-

sona con discapacidad visual si no cuenta con las tecnologías necesarias 

para poder acceder a sus contenidos. 

 El usuario o el lector con discapacidad visual será quien elija el formato 

accesible de lectura que se amolde a sus características particulares de 

acceso a la información. Por ello, es importante que las bibliotecas o los 

servicios de información cuenten con una variada oferta de dispositivos 

tiflotecnológicos, pero también con diversas obras en formatos accesi-

bles para personas con discapacidad, como el braille, el libro hablado, el 

libro digital, etcétera. 

 La inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad requiere no 

solo la adaptación de infraestructuras, sino también la apuesta decidi-

da por adaptar los medios de comunicación como instrumentos funda-

mentales para el acceso a la información y el conocimiento; y, por ende, 

como mecanismos de inserción e integración en una sociedad como la 

actual, caracterizada por la difusión tecnológica.

 Es muy importante que el personal a cargo de un servicio bibliotecario o 

de información dirigido a las personas con discapacidad visual conozca 

las causas por las cuales adquirieron dicha condición para poder brin-

darles una atención personalizada y una herramienta acorde con sus ne-

cesidades lectoras y su grado de visión. 

 Actualmente, se cuenta con diversos dispositivos legales, tanto nacio-

nales e internacionales, que respaldan la conversión de obras impresas 

a formatos accesibles de lectura para personas con discapacidad visual. 

Por tanto, está en manos de los bibliotecólogos luchar contra la «ham-

bruna de libros», término empleado por la comunidad con discapacidad 

visual para referirse a la escasez de obras accesibles. 


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Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del 

Perú, sede San Borja: 2006-2022. Análisis FODA y perspectivas

Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca 

Nacional del Perú, sede San Borja: 2006-2022. Análisis 

FODA y perspectivas

History of the Newspaper Library Room of the National Library 

of Peru, San Borja headquarters: 2006-2022. SWOT analysis 

and perspectives

Oscar Fernando García Vásquez

Biblioteca Nacional del Perú

Lima, Perú

Contacto: osgarva@gmail.com

https://orcid.org/0000-0001-7256-4786

Resumen

Este artículo inicia con la definición de la palabra «hemeroteca». Posteriormen-

te, se centra en la historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional 

del Perú desde 2006 hasta 2022. Enseguida, define las condiciones y la impor-

tancia de la Ley de Depósito Legal; asimismo, destaca el rol de las hemerotecas 

para la investigación. Al respecto, menciona los servicios de información que 

ofrece la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú. Luego de ello 

se utiliza el análisis FODA del licenciado Jorge Eduardo Pineda Osorio quien 

lo presentó para optar el título de licenciado en Bibliotecología y Ciencias de la 

Información por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), 

titulado «Aplicación de los cuadros de identificación de problemas y prioriza-

ción de causas en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú». Finalmen-

te, en las conclusiones se describen las perspectivas de la Sala de Hemeroteca 

de la Biblioteca Nacional del Perú con la finalidad de apuntalar su desarrollo y 

garantizar su apoyo a la comunidad educativa.

Palabras clave: hemerotecas, servicios de información, FODA.

Abstract

This article begins with the definition of the word «Newspaper library». Sub-

sequently, it focuses on the history of the Newspaper Archive Room of the 

National Library of Peru from 2006 to 2022. Next, it defines the conditions 

and importance of the Legal Deposit Law; likewise, it highlights the role of 

newspaper archives for research. In this regard, it mentions the information 

services offered by the Newspaper Library of the National Library of Peru. 

ISSN-e: 2709-5649 pp. 91-108

Recibido: 2022-06-03/ Revisado: 2022-09-23 / Aceptado: 2022-10-07/ Publicado: 2022-12-06


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After that, the SWOT analysis of the graduate Jorge Eduardo Pineda Osorio 

is used, who presented it to opt for the title of graduate in Library Science and 

Information Sciences by the National University of San Marcos (UNMSM), 

entitled «Application of the identification tables of problems and priorization 

of causes in the newspaper library of the National Library of Peru».

Finally, the conclusions describe the perspectives of the Newspaper Archive 

Room of the National Library of Peru to underpin its development and gua-

rantee its support to the educational community.

Key words: newspaper libraries, information services, SWOT.

1. Definición de hemeroteca
El Diccionario de la lengua española define a la hemeroteca como la «Bibliote-

ca en que principalmente se guardan y sirven al público diarios y otras publi-

caciones periódicas» (https://dle.rae.es/hemeroteca?m=form).

La Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú resguarda los pe-

riódicos y las revistas de Lima y provincias desde 1774 hasta la actualidad, 

además de las Publicaciones oficiales que son editadas por diversos organismos 

del Estado peruano, como ministerios, municipalidades, entre otros. También 

alberga las Memorias de los diferentes organismos del Estado y entidades pri-

vadas.

Gracias a la Ley de Depósito Legal, las diversas publicaciones periódicas 

peruanas llegan a la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú. 

Esta norma obliga a los editores a entregar tres ejemplares de sus publicacio-

nes periódicas a la BNP, lo cual representa un costo cero para la institución 

en cuanto a la adquisición de materiales hemerográficos, en comparación con 

otras instituciones similares en el Perú en los ámbitos público y privado.

Con estos materiales hemerográficos la Sala de Hemeroteca brinda servicios 

de información a sus usuarios, quienes solo deben presentar su DNI de mayor 

de edad o a partir de los quince años; en el caso de los menores de edad, es-

tos deben acudir acompañados de un familiar o tutor. Los extranjeros pueden 

mostrar su pasaporte. Cabe precisar que los documentos de identidad señala-

dos permiten revisar publicaciones periódicas a partir del año 1900 en adelan-

te. Si las consultas son de fechas anteriores a ese año, se debe tramitar un carné 

de investigador en la Sala del Usuario ubicada cerca de la entrada de la BNP 

por la avenida De la Poesía (a la espalda de la estación La Cultura del Metro 

de Lima). Este carné tiene un costo de 7.90 soles. Además, es necesario enviar 

una carta de presentación a la BNP sobre el tema que se va a investigar; no es 

necesario traer una fotografía, ya que la institución se encarga de tomarla.

Martínez de Sousa presenta las siguientes definiciones de hemeroteca:


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Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del 

Perú, sede San Borja: 2006-2022. Análisis FODA y perspectivas

1. Guarda, custodia y conservación de las publicaciones periódicas. 2.  Edi-
ficio, local o sala donde se guardan publicaciones periódicas. 3.  Conjunto 
o colección de publicaciones periódicas destinadas a servir al público. 4. 
Departamento de una biblioteca donde se conservan y sirven al público 
publicaciones periódicas. 5. Colección de publicaciones periódicas de una 
biblioteca (1993, p. 430).

Los tipos de publicaciones periódicas que resguarda la Sala de Hemeroteca 

de la Biblioteca Nacional del Perú, en su sede de San Borja, son los siguientes: 

periódicos de Lima (P), periódicos de provincias (P1), revistas de Lima (R), re-

vistas de provincias (R1), Publicaciones oficiales (0) y Memorias (M). 

La Sala de Hemeroteca de la BNP comenzó a funcionar en abril de 2006 

y en ella se realizan investigaciones académicas de diferentes ámbitos: histo-

ria, literatura, psicología, derecho, bibliotecología, archivística, conservación 

y restauración, museología, ciencias sociales en general, ciencia, entre otros. 

A partir de la información de la que disponen en la Sala de Hemeroteca de 

la BNP, los investigadores publican artículos académicos, tesis y libros. Tal es 

el caso del escritor y periodista peruano Umberto Jara, quien ha investigado 

sobre el terrorismo en el Perú; del también periodista Efraín Rúa, cuyo tema 

central es la matanza ocurrida en la Universidad Nacional de Educación La 

Cantuta; y del experimentado y destacado periodista Justo Linares, quien ha 

consultado sobre diversos tópicos.

De igual forma, García define a las hemerotecas como:

1. Colección de diarios, y por extensión, de otras publicaciones periódi-
cas. El nombre se debe a Henry Martin, administrador de la Biblioteca 
del Arsenal de París. 2. Edificio, local o mueble donde se guarda dicha 
colección para su consulta. 3. Centro que selecciona, reúne, ordena y di-
funde diarios y otras publicaciones periódicas para atender a las necesi-
dades culturales, educativas o de investigación de los miembros de una 
comunidad a la que sirve o de las de una institución de la que depende. 4. 
Sección formada con los diarios y otras publicaciones periódicas en una 
biblioteca. (2000, p. 232).

En la Sala de Hemeroteca de la BNP se puede investigar sobre historia y 

ciencia debido a que cuenta con material hemerográfico antiguo y material 

documental actualizado, respectivamente.

El ordenamiento de los materiales en los depósitos de esta sala sigue un orden 

alfabético y cronológico para su adecuada conservación a lo largo del tiempo. 

Para evitar el deterioro de los materiales hemerográficos, los referencistas les 

solicitan a los usuarios que revisen en orden y con cuidado las publicaciones 

periódicas.


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Cabe precisar que la Sala de Hemeroteca de la BNP no es la única en su tipo 

en Lima Metropolitana, ya que también existen las siguientes:

Todas estas hemerotecas facilitan publicaciones periódicas peruanas para 

investigaciones de todo tipo, pero principalmente históricas.

La Hemeroteca del Banco Central de Reserva del Perú resguarda diarios pe-

ruanos desde el año 1846, revistas especializadas en economía y revistas de 

actualidad en español, inglés y francés. Entretanto, La Hemeroteca de la Gran 

Biblioteca Pública de Lima conserva publicaciones peruanas a partir del año 

2006 hasta la actualidad. La Hemeroteca del Instituto Riva-Agüero de la Pon-

tificia Universidad Católica del Perú (PUCP) posee, según su página web, las 

siguientes colecciones:

La hemeroteca tiene alrededor de 3200 títulos de revistas peruanas y extran-

jeras, así como 1322 títulos de periódicos que manifiestan su importancia por 

la antigüedad de sus fondos. Contiene títulos que van desde finales del siglo 

XVIII hasta nuestros días.

  De ella destacan las siguientes colecciones:

 Colección completa del Mercurio Peruano (1791-95)
 Colección completa del Diario de Lima (1790-92)
 La colección casi completa del diario El Comercio (1839-a la fecha)
 Diario El Peruano (desde 1839)
 La Prensa
 El Pueblo (Arequipa)
 La Gaceta Judicial (1891-1893)
 El Perú Ilustrado (1887)

Finalmente, la Hemeroteca de la Biblioteca Central de la Universidad Na-

cional Mayor de San Marcos cuenta con diarios nacionales (La Prensa, El Co-

mercio, La República, entre otros) e internacionales (La Nación de Argentina, 

Tabla 1

Otras hemerotecas de Lima Metropolitana


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Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del 

Perú, sede San Borja: 2006-2022. Análisis FODA y perspectivas

El País de España, desde 1901 hasta la actualidad, etcétera). Además, alberga 

revistas nacionales e internacionales en diferentes idiomas, especializadas en 

temas científicos, economía, literatura, filosofía y otros. También posee una 

colección de revistas publicadas por la Universidad Nacional Mayor de San 

Marcos (500 títulos). 

2. Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú 2006-

2022
La Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú, en el distrito de 

San Borja, comenzó a atender en abril de 2006 y desde entonces ha atendido a 

miles de usuarios y ha acogido muchas solicitudes de material hemerográfico. 

Se ubica en el tercer piso del lado izquierdo de la sede de la BNP y tiene un área 

de 400 metros cuadrados, con capacidad para atender a 84 usuarios en simul-

táneo. Cuenta, además, con una adecuada iluminación y ventilación; en cada 

una de sus 23 mesas hay dos enchufes para conexiones eléctricas de equipos 

informáticos y hay conexión wifi gratuita. En un ambiente ubicado al final de 

la sala, los usuarios pueden descansar, despejarse o tomar un refrigerio para 

reponer energías. Actualmente, el aforo es de solo sesenta usuarios debido a la 

pandemia de la COVID-19.

Inicialmente, la estructura orgánica de la Biblioteca Nacional del Perú esta-

ba determinada por el decreto supremo 024-2002-ED, publicado en las normas 

legales del diario oficial El Peruano el 7 de setiembre de 2002. En esta norma se 

establecieron las áreas y las funciones de la Hemeroteca Nacional.

Al comenzar sus funciones administrativas, la Hemeroteca Nacional conta-

ba con la Dirección General de la Hemeroteca Nacional (DGHN), que a su vez 

estaba dividida en:

• Dirección Ejecutiva de Selección y Adquisición Hemerográfica (DES-

AH): encargada de recabar todos los materiales hemerográficos recibi-

dos gracias a la Ley de Depósito Legal, así como de aceptar donaciones y 

comprar material documental hemerográfico.

•  Dirección Ejecutiva de Procesos Técnicos Hemerográficos (DEPTH): en-

cargada del registro y la catalogación de todas las colecciones hemerográ-

ficas que llegaban a la Dirección General de Hemeroteca Nacional.

• Dirección Ejecutiva de Servicios Hemerográficos (DESH): responsable 

de normar y brindar un buen servicio a los usuarios de la Sala de Heme-

roteca de la BNP.

Posteriormente, el 17 de julio de 2018 se emitió la resolución jefatural 093-

2018-BNP, mediante la cual se creó una nueva estructura orgánica para la Bi-

blioteca Nacional del Perú.


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El área de servicios de información de la Biblioteca Nacional del Perú pasó 

a denominarse Dirección de Acceso y Promoción de la Información (DAPI), 

conformada por el Equipo de Servicios Bibliotecarios-Sede San Borja y el Equi-

po de Gestión Cultural, Investigaciones y Ediciones.

3. Importancia del Depósito Legal de las publicaciones periódicas 
El Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú está regulado por la Ley 

de Depósito Legal de la Biblioteca Nacional del Perú, ley 26905, publicada el 20 

de diciembre de 1997; el decreto supremo 19-98-ED, publicado el 1 de setiembre 

de 1998; el Reglamento de la ley 26905 de Depósito Legal de la BNP, ley 28377, 

publicada el 18 de octubre de 2004; y la Ley que modifica disposiciones de la 

Ley de Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú, ley 28377. En esta 

última norma se establece lo siguiente:

Artículo 2°. Modificación del artículo 4° de la Ley 26905.
Entrega de ejemplares.

Artículo 4°. Para el cumplimiento del Depósito Legal es obligatorio entre-
gar a la Biblioteca Nacional, según sea el caso:
a) Cuatro ejemplares de cada libro, folleto o documento similar.
b) Tres ejemplares de publicaciones periódicas.

Gracias a esta legislación, la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional 

del Perú puede obtener tres ejemplares de cada publicación periódica que se 

edite en todo el país. Ello le permite contar con material hemerográfico históri-

co y actualizado para todo tipo de investigaciones.

Es preciso mencionar que todas las publicaciones periódicas que llegan a la 

Sala de Hemeroteca de la BNP constituyen parte del patrimonio hemerográ-

fico de la nación, por lo que la Biblioteca Nacional del Perú debe procurar su 

adecuada conservación y brindar un excelente servicio de información a todos 

sus usuarios.

Al respecto, recordemos que la Biblioteca Nacional del Perú no presta a do-

micilio ningún libro, periódico, revista, foto, mapa, video, manuscrito ni nin-

gún tipo de material bibliográfico documental, porque todos ellos forman parte 

del patrimonio bibliográfico documental de la nación.

4.- Importancia de las hemerotecas para la investigación
Scorza define que la importancia de las hemerotecas se debe a que permiten 

«Volver hacia atrás, revisar el conocimiento pasado. De allí la importancia y 

conservación de las hemerotecas» (2002, p. 7).

Como se mencionó anteriormente, la Sala de Hemeroteca de la Bibliote-

ca Nacional del Perú resguarda material hemerográfico peruano desde el año 


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1774 hasta la actualidad. Por ello, el material que tiene almacenado en sus de-

pósitos permite realizar investigaciones de tipo histórico nacional y mundial; 

asimismo, la actualidad de la información de algunos de sus materiales facilita 

la investigación científica.

Borgoñós sostiene que la importancia de las hemerotecas se debe a que:

Quizás han sido precisamente las hemerotecas los centros en los que más 
se ha invertido durante las últimas décadas por un detalle fundamental: 
las publicaciones periódicas, las comúnmente llamadas «revistas», per-
miten al usuario estar al día en sus investigaciones a nivel mundial. No 
suponen, como las monografías, esperar a una nueva edición, sino que pe-
riódicamente (semanal, quincenal, mensual, etc.) se van actualizando, lo 
cual les otorga una vigencia constante y este hecho, más aún en el ámbito 
universitario, es de superior importancia. (2001, p. 10).

Las revistas científicas y de actualidad política y social permiten a los inves-

tigadores tener una perspectiva adecuada y actualizada de los avances acadé-

micos en sus rubros. Ello también ha ido in crescendo a lo largo de la historia 

de la humanidad. Es así que, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y el 

comienzo de la carrera espacial, la generación de conocimiento ha ido avan-

zando aceleradamente y se ha generalizado. Todo ello también ha mostrado 

un desarrollo vertiginoso después de la pandemia de la COVID-19, coyuntura 

en la que la utilización de los diferentes recursos de información que ofrece 

internet aumentó considerablemente a través de diferentes mecanismos, como 

los documentos digitales y las reuniones y los cursos educativos virtuales. Ello 

también ha supuesto un impulso para las bibliotecas digitales y virtuales.

5. Servicios de información que ofrece la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca 

Nacional del Perú
Miyagi afirma:

Se pueden identificar dos niveles de servicios en una unidad de informa-
ción: los servicios básicos y los de valor agregado. Un servicio básico es el 
de lectura, que responde a lo que una de las leyes de Ranganatham: «un 
libro para cada lector».
 

Otro servicio típico es el de referencia, mediante el cual el biblioteca-

rio atiende preguntas concretas o dudas de un cliente; el producto de esta 
transacción es la respuesta hallada. 
Servicios con mayor valor agregado son los de difusión selectiva de in-
formación, búsqueda bibliográfica a la medida, entre otros; se trata de 
servicios más personalizados.


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Sea que se trate del servicio de lectura, el de referencia o cualquier 

otro, es muy probable [que] exista variación entre la calidad de servicio 
que recibe un cliente A y un cliente B. La variación de la calidad obedece-
rá a factores como rapidez de la atención, trato recibido, tiempo de espera, 
calidad de la información obtenida, etc. (2001, pp. 2-3).

Actualmente, la Sala de Hemeroteca ofrece los servicios de lectura de mate-

rial hemerográfico en sala, fotografía (gratuito con el propio equipo del usua-

rio), digitalización de materiales hemerográficos (con costo), filmación (gratuito 

con el propio equipo del usuario) y servicio de fedateo o certificación de pu-

blicaciones periódicas (con costo). El horario de atención es de lunes a viernes 

de 9 a.m. a 6 p.m. y los sábados de 9 a.m. a 4 p.m. Debido a la poca demanda 

del servicio de fotocopias, este se está dando de forma restringida. También se 

cuenta con el servicio de internet wifi y de consultas telefónicas y por correo 

electrónico institucional.

Para la atención al público usuario, la Sala de Hemeroteca cuenta con tres 

licenciados en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la UNMSM, 

un bachiller de la misma carrera y casa de estudios, y un técnico en biblioteca.

Debido a la gran cantidad de publicaciones periódicas peruanas, en algunos 

casos es complicado para los usuarios ubicar la información que requieren. Por 

ello, además del catálogo OPAC de la BNP, los bibliotecarios-referencistas de la 

Sala de Hemeroteca han preparado diversos listados en Excel para facilitar la 

rápida ubicación de determinados materiales hemerográficos:

•  De periódicos de Lima por años y por título de la publicación periódica 

desde 1744 hasta 2015;

•  De periódicos de provincias por años, título, distrito, provincia, departa-

mento y título de la publicación periódica desde 1819 hasta 2015;

•  De revistas de Lima por título;
•  De revistas de Lima por años, título de la publicación periódica, distrito, 

provincia, departamento y tema;

• De revistas de provincias por año, título de la publicación periódica, 

distrito, provincia, departamento y tema general de la publicación (por 

ejemplo, educación); y

•  De fechas exactas de atentados terroristas en el Perú.

Todos ellos son muy útiles para la búsqueda de información, pero requieren 

ser actualizados por lo menos hasta el año 2021, ya que, por ejemplo, el listado 

de periódicos de Lima y de provincias solo tiene información hasta 2015. 


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Luego de la actualización, la revisión y la mejora de los listados en Excel y de 

los demás mencionados, estos se pueden convertir a formato PDF y colgarse en 

la página web de la Biblioteca Nacional del Perú para el acceso libre de todos 

los usuarios, tal como se ha hecho con las colecciones hemerográficas particu-

lares de José María Arguedas, Alfonso Barrantes Lingán, Ricardo Palma Soria-

no, Raúl Porras Barrenechea, Paul Rivet, Pedro Zulen, entre otras destacadas 

personalidades peruanas que se ubican en la Sala del Fondo Antiguo de la 

Biblioteca Nacional del Perú.

6. Análisis FODA de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú
El análisis FODA es una herramienta que permite identificar con precisión 

las fortalezas, las oportunidades, las debilidades y las amenazas de una deter-

minada institución para lograr su mejora continua y prevenir amenazas que 

dificulten su adecuado funcionamiento y, a partir de ello, poder desarrollar un 

plan estratégico.

Las fortalezas del análisis FODA se centran en las iniciativas internas que 

funcionan bien en una determinada institución. Entretanto, las oportunidades 

de este análisis son el resultado de la relación entre fortalezas y debilidades. En 

suma, son las brechas por cerrar y las metas que se quieren lograr.

Las debilidades del análisis FODA se refieren a las iniciativas internas que 

no funcionan correctamente. Finalmente, las amenazas de este análisis son 

todos aquellos problemas, obstáculos o desafíos que enfrenta una institución.

Para este artículo se eligió el análisis FODA ya que permite un análisis es-

tructurado interno y externo de la situación de las instituciones para guiar la 

toma de decisiones más adecuada para su desarrollo y también para reducir el 

riesgo de cometer errores.

Para el análisis FODA de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional 

del Perú utilizaremos como base la tabla elaborada para el informe profesional 

del licenciado Jorge Eduardo Pineda Osorio para optar el título de licencia-

do en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la UNMSM, titulada 

«Aplicación de identificación de problemas y priorización de causas en la he-

meroteca de la Biblioteca Nacional del Perú». Cabe precisar que solo analiza-

remos dos aspectos por cada ítem; es decir, dos fortalezas, dos oportunidades, 

dos debilidades y dos amenazas.


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Tabla 2

Análisis FODA de la Hemeroteca Nacional


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Fuente: Pineda, 2014. 


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6.1 Análisis de fortalezas de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del 

Perú
«F1.- Material hemerográfico obtenido por la Ley de Depósito Legal, lo cual 

representa un costo cero para la Sala de Hemeroteca de la BNP»

En este cuadro se indica el costo diario, mensual (redondeado a 30 días) y 

anual de la adquisición de los periódicos y las revistas de Lima, que constituye 

un ahorro total anual para la Sala de Hemeroteca de la BNP de 9069 soles, 

sin incluir los periódicos y las revistas de provincias. Esto es gracias a la Ley 

de Depósito Legal, que obliga a entregar tres ejemplares de cada publicación 

periódica que se edite en el país.

Este factor representa, a la vez, una ventaja cuantitativa y cualitativa respec-

to a otras hemerotecas del país, ya que es un considerable ahorro monetario 

para la Sala de Hemeroteca de la BNP en cuanto a la adquisición de materiales 

hemerográficos y permite que los usuarios peruanos y extranjeros tengan a su 

disposición todas las publicaciones periódicas que se editen en el Perú.

Tabla 3

Cuadro de costo anual para la adquisición de periódicos y revistas de Lima


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Gracias a la Ley de Depósito Legal, la BNP está en ventaja frente a institu-

ciones similares como la Hemeroteca del Banco Central de Reserva del Perú 

(BCRP), de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), del Congreso 

de la República o de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UN-

MSM).

«F4.- Personal profesional capacitado y con experiencia»
La Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú cuenta con personal 

preparado académicamente (tres licenciados en Bibliotecología y Ciencias de la 

Información por la UNMSM, un bachiller de la misma carrera y un técnico en 

biblioteca), con amplia experiencia laboral, conocimiento de la colección he-

merográfica que se resguarda, empatía para la atención a los usuarios y conoci-

mientos tecnológicos actualizados. Todas estas cualidades les permiten brindar 

un correcto y adecuado servicio a los usuarios.

«O1.- Aumento de usuarios por facilidades de transporte en Lima»
En los últimos años han mejorado las condiciones del transporte en Lima a 

través de la construcción del tren eléctrico, el metropolitano y los corredores 

complementarios. Si bien estas medidas no han logrado mejorarlo totalmente, 

sí han podido disminuir el tiempo de viaje de los usuarios. La Sala de Hemero-

teca de la BNP está ubicada en la intersección de las avenidas Aviación y Javier 

Prado, detrás de la estación de la Cultura del metro de Lima, en el distrito de 

San Borja.

Por ejemplo, con el tren eléctrico, un usuario que vive o estudia en Bayovar, 

en el distrito de San Juan de Lurigancho, puede llegar a la BNP en solo media 

hora. Ese mismo tiempo le toma llegar a la BNP a alguien que vive en Villa El 

Salvador. Antes de la implementación del tren eléctrico, el tiempo estimado 

para llegar a la Biblioteca Nacional hubiese sido de dos horas. Asimismo, gra-

cias al corredor rojo se puede llegar rápidamente desde el Callao hasta la BNP. 

Finalmente, a través del metropolitano, cuyo paradero más cercano a la BNP 

está entre la avenida Javier Prado y la Vía Expresa, los usuarios que viven en 

distritos al sur y al norte de Lima pueden llegar en un tiempo muy corto a la 

Biblioteca Nacional.

«O14.- Aprovechamiento y optimización de los avances tecnológicos»
El personal de la Sala de Hemeroteca utiliza el programa informático Excel 

para elaborar diversos listados temáticos para ayudar a los usuarios en la bús-

queda de información. Además, emplea el Catálogo de Acceso Público en Lí-

nea (OPAC) de la BNP y se capacita y actualiza en las diferentes tecnologías de 

información.


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«D9.- Explosión documental (publicación de más diarios y revistas a nivel nacio-

nal)»
Esta es una gran debilidad que deben enfrentar tanto la Sala de Hemeroteca de 

la BNP como la Sala de Colección Peruana donde se almacenan libros, ya que 

la constante aparición de nuevas publicaciones, agregadas a las ya existentes, 

genera la falta de espacio para almacenarlas. Esta es una problemática que 

afecta a todas las salas de atención de la BNP.

«D12.- Catálogos informáticos dispersos del material hemerográfico»
Los diferentes listados temáticos en Excel de la Sala de Hemeroteca deberían 

ser incorporados en la página web de la BNP, luego de una revisión y aproba-

ción, para brindar un buen servicio a los usuarios y que estos puedan conocer 

detalladamente toda la colección que maneja la Sala de Hemeroteca de la BNP.

 «A1.- Deterioro del material hemerográfico por sobreexposición a los usuarios»
Una amenaza constante es la inadecuada manipulación de los materiales he-

merográficos por parte de algunos usuarios, así como su deterioro por sobre-

exposición debido al préstamo en sala. Ante ello, surge como alternativa su 

digitalización y que sean revisados en este formato para evitar cualquier daño.

«A5.- Internet como vía preferida de investigación por parte de los investigadores»
La tendencia mundial está orientada a la digitalización de los materiales docu-

mentales y a su revisión en este formato. Por ello, en todo el mundo están sur-

giendo las llamadas bibliotecas digitales o virtuales. En el Perú existe una pági-

na web para los investigadores denominada Fuentes históricas del Perú (https://

fuenteshistoricasdelperu.wordpress.com/), donde pueden revisar el material 

documental de su interés sin acudir a las bibliotecas.

La Sala de Hemeroteca de la BNP también cuenta con algunas de sus publi-

caciones periódicas microfilmadas para que los usuarios puedan revisarlas en 

caso de que la publicación original esté deteriorada.

Hasta hace algunos años, la Sala de Hemeroteca de la BNP contaba con la 

base de datos EBSCO, que era de gran utilidad para complementar las bús-

quedas de información de los usuarios. En ese sentido, sería ideal realizar los 

trámites correspondientes para adquirirla nuevamente.

Igualmente, la BNP cuenta con la Biblioteca Pública Digital, que es una pla-

taforma para préstamos de libros digitalizados para los usuarios, la cual solo re-

quiere la inscripción con DNI o con carné de extranjería cuando corresponda.

En cuanto al contenido de la Biblioteca Pública Digital de la BNP se mencio-

na lo siguiente:


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Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del 

Perú, sede San Borja: 2006-2022. Análisis FODA y perspectivas

Los contenidos son amplios y diversos, desde clásicos antiguos y contem-
poráneos hasta literatura universal y peruana. También se tiene acceso a 
diversas áreas del conocimiento como las artes, ciencias sociales, ciencias 
exactas, literatura infantil, entre otros.
[…]
Además, la Biblioteca Pública Digital responde a la necesidad de personas 
con discapacidad visual o con dificultades para leer, ya que cuenta con 
funciones de accesibilidad para una lectura inclusiva que permite a todos 
los usuarios disfrutar del contenido, ofreciendo herramientas para que el 
texto se pueda escuchar.
[…]
Asimismo, la Biblioteca Pública Digital se complementa con nuestros 
fondos antiguos y patrimoniales a los que pueden acceder desde la BNP 
Digital, donde existen más de 70 mil materiales digitalizados disponibles 
al público.

Pueden visitarnos en el siguiente enlace: http://bibliotecadigital.bnp.
gob.pe/inicio/

7. Perspectivas de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú
a. Importancia de la Ley de Depósito Legal para que la Sala de Hemeroteca de la 

BNP resguarde las publicaciones periódicas peruanas
La Ley de Depósito Legal es fundamental para que la Sala de Hemeroteca de la 

BNP resguarde todas las publicaciones periódicas peruanas que han aparecido 

y están por aparecer. Gracias a ella, los usuarios pueden acceder a material 

hemerográfico de primera mano para sus investigaciones y también es posible 

conservarlo como patrimonio hemerográfico de la nación. Para ello se requiere 

la generación de espacio para su almacenamiento y para evitar la explosión 

documental de publicaciones periódicas.

b. Importancia de la Sala de Hemeroteca de la BNP para las investigaciones pe-

ruanas y peruanistas
La Sala de Hemeroteca de la BNP, al resguardar las publicaciones periódicas 

peruanas, permite que investigadores nacionales y extranjeros accedan a mate-

rial de primera mano para sus investigaciones, principalmente históricas.

c. Importancia del análisis FODA de la Sala de Hemeroteca de la BNP
El análisis FODA de la Sala de Hemeroteca de la BNP permite detectar con 

anticipación las debilidades y las amenazas que podrían impedir su correcto 

funcionamiento. Una de las debilidades que enfrenta la Sala de Hemeroteca 


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de la BNP es la explosión documental de publicaciones periódicas y la falta de 

espacio para el almacenamiento de estos materiales. Ello podría causar su dete-

rioro debido a un inadecuado o excesivo uso, lo cual sugiere que se implemente 

la digitalización de materiales antiguos.

d. Explosión documental (publicación de más diarios y revistas en el país)
Una seria debilidad que enfrenta la Sala de Hemeroteca de la BNP es la múl-

tiple publicación de nuevos títulos de material hemerográfico peruano, ya que 

el espacio físico para almacenarlos podría colapsar en el mediano plazo. Por 

ello, los directivos de la BNP deben buscar alternativas para generar espacio 

para albergar más publicaciones periódicas peruanas y todo tipo de material 

bibliográfico documental.

e. Internet como vía preferida de investigación por parte de los investigadores
Debido al constante avance de la tecnología a través de la digitalización de 

diversos materiales bibliográficos documentales en internet, ello significa, a la 

vez, una amenaza y una oportunidad para la Sala de Hemeroteca de la BNP. 

Es una amenaza porque los usuarios, al tener materiales accesibles desde in-

ternet, ya no acudirían a sus instalaciones. Y es una oportunidad porque con 

esta herramienta se pueden difundir y conservar los materiales hemerográficos 

peruanos y los usuarios peruanos y extranjeros podrían acceder a ellos desde 

cualquier lugar del país para sus investigaciones. 

f. Necesidad urgente de generar espacio para almacenar las publicaciones perió-

dicas en la Sala de Hemeroteca de la BNP
Desde 2006 hasta la actualidad (junio 2022), la Sala de Hemeroteca de la BNP 

almacena las publicaciones periódicas de todo el país, pero lamentablemente el 

espacio para ello se está acabando y es probable que en los próximos dos años 

ya no haya más lugar. Por lo tanto, es necesario que los directivos de la BNP 

realicen las gestiones necesarias para construir más espacios dentro de la BNP 

o que se habilite un lugar amplio y accesible para tal fin.

g. Deterioro del material hemerográfico por sobreexposición a los usuarios
Para evitar que las publicaciones periódicas peruanas se deterioren por sobre-

exposición a los usuarios o por un uso inadecuado, sería conveniente digi-

talizar los materiales más antiguos y publicarlos en la página web de la BNP. 

De este modo, no solo se evitaría su deterioro, sino que también los usuarios 

nacionales y extranjeros tendrían más facilidades para realizar sus investiga-

ciones.


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Historia de la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del 

Perú, sede San Borja: 2006-2022. Análisis FODA y perspectivas

h. Digitalización de las publicaciones periódicas del siglo XVIII y XIX
Es necesario que la BNP digitalice las publicaciones periódicas del siglo XVIII y 

XIX para evitar su deterioro y para poder brindar un servicio de información 

en este formato.

i. Campañas de concientización sobre el adecuado uso de las publicaciones perió-

dicas y su valor como patrimonio histórico documental 
Todos los usuarios deben estar concientizados de que las publicaciones perió-

dicas que resguarda la Sala de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú 

constituyen su «memoria histórica», por lo que deben ser revisadas con extre-

mo cuidado. Estas publicaciones permiten reconstruir la historia del Perú.

j. Necesidad de integrar y actualizar los listados en Excel temáticos en la página 

web de la BNP
Durante los últimos años, los referencistas de la Sala de Hemeroteca de la BNP 

han elaborado listados temáticos en el programa informático Excel, los cuales 

son una ayuda imprescindible para que los usuarios puedan ubicar rápida y 

exactamente el título y el año de la publicación periódica que necesitan para 

sus investigaciones. Por ello, sería muy útil que estos listados estén accesibles 

desde la página web de la BNP.

k. Necesidad de realizar un plan de marketing para la Sala de Hemeroteca de la 

BNP para que los usuarios acudan a usar sus servicios
Debido a la pandemia de la COVID-19, la afluencia de usuarios ha disminui-

do considerablemente. Un elemento necesario para atraerlos nuevamente es 

la elaboración de un plan de marketing integrado y adecuado. Este debe estar 

orientado a todo tipo de usuarios que busquen utilizar los servicios de la Sala 

de Hemeroteca de la BNP.


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Referencias bibliográficas

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vestigación. La Hemeroteca de la Facultad de Economía y Empresa de la 

Universidad de Murcia. Tejuelo, 2, 9-15. http:www.anabad.org/admin./ar-

chivo/docdow.php?id=457

García, E. (2000). Diccionario del Archivero- Bibliotecario: terminología de la elabo-

ración, tratamiento y utilización de los materiales propios de los centros documenta-

les. Ediciones Trea.

Martínez de Sousa, J. (1993). Diccionario de bibliología y ciencias afines. Funda-

ción Germán Sánchez Ruipérez.

Miyagi, F. (2001). Marketing en unidades de información y afines: ¿solo una 

moda?  Biblos, 10, 1-6. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codi-

go=283160

Pineda, J. (2014). Aplicación de identificación de problemas y priorización de causas 

en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú [Informe profesional, Uni-

versidad Nacional Mayor de San Marcos]. CYBERTESIS-Repositorio de 

Tesis Digitales.

Scorza, J. (31 de octubre de 2008). La Hemeroteca «Ignacio Ortiz» del Centro de 

Investigaciones «José Witremundo Torrealba». http://www.saber.ula.ve/hand-

le/123456789/16878


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ESTUDIO DE FUENTES 

BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES

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Benjamín Blass Rivarola

Priscila Arbulú Zumaeta

Octavio Santa Cruz Urquieta


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Matías Maggio-Ramírez

Lima estrellada. Una lectura de las obras de Pedro 

Peralta Barnuevo e Hipólito Unanue en la fundación 

de la Biblioteca Pública de Buenos Aires

Starry Lima. A reading of the works of Pedro Peralta Barnuevo 

and Hipólito Unanue in the foundation of the Public Library of 

Buenos Aires

Matías Maggio-Ramírez

Universidad Nacional de Tres de Febrero

Buenos Aires, Argentina

Contacto: mmramirez@untref.edu.ar

https://orcid.org/0000-0002-1106-1381

Resumen

El objetivo del artículo es analizar la pervivencia de la figura del cielo estrella-

do en dos obras: Lima fundada, de José Peralta Barnuevo, y Observaciones sobre 

el clima de Lima y sus influencias en los seres organizados, en especial el hombre, de 

Hipólito Unanue, desde la historia cultural. La escritura poética y metafórica, 

a pesar de que estos libros trataran cuestiones propias del género ensayístico y 

pusieran de relieve la salubridad del clima limeño, permitió indagar en distin-

tas tradiciones sobre la representación del cielo estrellado en la estructura del 

poema épico y en la influencia de los astros en las personas.

Palabras clave: cielo estrellado, Lima, determinismo climático, historia natu-

ral, poesía épica.

Abstract

The aim of this article is to analyse the survival of the figure of the starry sky 

in two works, Lima fundada by José Peralta Barnuevo and Observaciones sobre 

el clima de Lima y sus influencias en los seres organizados, en especial el hombre by 

Hipólito Unanue, from cultural history. Poetic and metaphorical writing, even 

though books dealt with issues typical of the essay genre and highlighted the 

salubrity of Lima´s climate made it possible to inquire into different traditions 

about the representation of the starry sky in the structure of the epic poem and 

in the influence of the stars in people.

Keywords: starry sky, Lima, climatic determinism, natural history, epic poe-

try.

 

Recibido: 2022-06-03/ Revisado: 2022-09-23 / Aceptado: 2022-09-24/ Publicado: 2022-12-06

ISSN-e: 2709-5649 pp. 110-125


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Lima estrellada. Una lectura de las obras de Pedro Peralta Barnuevo e Hi-

pólito Unanue en la fundación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires

Esta peculiaridad de las inteligencias bien dotadas ha sido representada en el Perú por dos 

hombres que, durante dos siglos, y cada uno dominando en el suyo, se dividieron el imperio 

de la sabiduría. Peralta lleva el cetro durante el último tercio del siglo XVII y los primeros 

períodos del XVIII; Unanue lo hereda de manos de aquél y lo sostiene sin rival, pero rodea-

do de discípulos, hasta el año 1833 en que falleció octogenario.

Juan María Gutiérrez (1957, p. 16)

1. Lecturas bonaerenses
La fundación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires fue una de las instancias 

centrales para comprender la cultura impresa del periodo virreinal en el Río 

de la Plata. Con ese gesto, la Primera Junta de Gobierno favoreció «la conser-

vación de libros y la lectura de estudio como vehículo de aprendizaje social» 

(Parada, 2009, p. 174), a la vez que fue una prueba del proceso revolucionario 

que visibilizó un espectro de lecturas e intereses que se creyó necesario sociabi-

lizar y compartir. El texto fundacional, publicado en la Gazeta de Buenos Ayres 

el 13 de setiembre de 1810, reconocía aliviado que «por fortuna tenemos libros 

bastantes para dar principio a una obra, que crecerá en proporción del sucesi-

vo engrandecimiento de este pueblo», por lo que se abrió una suscripción pa-

triótica para los gastos de estantes y demás costos «inevitables». En el libro de 

ingresos y donaciones, así como en la Gazeta, se dejó noticia de la participación 

de la comunidad que entregó libros, periódicos, maderas, cuadernos y dinero 

para acompañar la iniciativa institucional de la Primera Junta

1

La creación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires fue la apropiación de 

un gesto del regalismo propio de las reformas borbónicas. La expulsión de los 

jesuitas había dejado una gran biblioteca, aunque en parte fue vendida a parti-

culares. Antes de decretarse la fundación de la Biblioteca ya se había solicitado 

el envío de los libros que quedaran en los distintos edificios de los jesuitas para 

incorporarlos en el catálogo fundacional. La importante presencia de libros en 

lenguas vernáculas como el castellano y el francés dejó entrever que la Biblio-

teca crecería más allá de los límites religiosos donde reinaba el latín. El saber 

laico buscaba la clave para lograr la felicidad pública como sinónimo del pro-

greso en libros y periódicos. 

1   En el libro de donaciones se registró el autor, el título de la obra en castellano —aunque la 

obra se encontrara en otro idioma salvo en latín—, la cantidad de tomos y el formato del 

libro. Se han realizado dos transcripciones parciales del libro de donaciones en La Revista de 

la Biblioteca Pública de Buenos Aires, bajo la dirección de Manuel Ricardo Trelles en 1879, en 

este caso con la transcripción de las noticias sobre la Biblioteca en la Gazeta de Buenos Ayres

y en la Revista de la Biblioteca Nacional, dirigida por Felipe Barreda Laos en 1944. Para rastrear 

los títulos que aquí nos interesan se tuvieron en cuenta tanto las noticias sobre la Biblioteca 

en la prensa como las transcripciones del libro de donaciones, así como su cotejo con foto-

grafías digitales del libro manuscrito. Los registros del libro de donaciones permiten analizar 

el horizonte de expectativas y temas que interesaban a los lectores que fueron los principales 

donantes. 


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Entre los poco más de mil libros que fueron registrados entre 1810 y 1824, 

dos títulos de autores peruanos se encontraron en el libro de ingresos y do-

naciones, los cuales mantenían un diálogo entre ellos

2

. Entre los ejemplares 

extraídos del Colegio San Carlos y algunos de los que eran de su rector Luis 

José de Chorroarín, en 1810 se registró la entrada: «Peralta. El poema histórico 

titulado: Lima fundada, con las notas históricas declaratorias &c. en p.

no

» en 

dos volúmenes. En 1822 se anotó en el libro que «El D.

r

 D.

n

 Hipolito Vnanue, 

presentó su obra intitulada Observaciones sobre el clima de Lima y sus influen-

cias en los seres organizados, 2.

da

 edicion Madrid 1815, 4° p.

ta

» en un volumen 

(Primeras donaciones…, 1944)

3

. Ambas obras utilizaron la fuerza de la escritu-

ra poética para argumentar tanto sobre la importancia del clima en la salud de 

los limeños como para narrar la historia de una ciudad, sin perder de vista el 

cielo estrellado.

2. Hipólito Unanue

La constitución del cielo influye en los seres organizados que habitan debaxo de él. Pende de 

aquí especialmente el tono de la naturaleza productiva, y la calidad de sus partos. Por esto 

en los tiempos antiguos en que florecieron las ciencias, el estudio de los climas fue uno de los 

que mejor se cultivaron.

Hipólito Unanue (1815)

Unos meses antes del temblor que en 1806 sacudió las torres de Lima, se publi-

có en aquella ciudad la primera edición de Observaciones sobre el clima de Lima 

y sus influencias en los seres organizados, en especial el hombre. Su autor, Hipólito 

Unanue, catedrático de Medicina en la Real Universidad de San Marcos, gozó 

de fama y reconocimiento al ser su obra apreciada «no sólo por Literatos de 

América, sino también de los de Europa», como Alexander von Humboldt 

en su Ensayo político sobre la Nueva España

4

. La segunda edición corregida por 

el autor se entregó a imprenta en Madrid luego de que, en octubre de 1807, se 

viera en Lima un cometa y en noviembre de 1811, otro que permaneció visible 

2   Se recortó el periodo entre esas fechas porque entre 1825 y 1833 no se registró ningún tipo 

de material en el libro de ingresos. Se privilegió el relevamiento de esa fuente institucional, 

antes que la periodística, como signo del pasaje de las bibliotecas privadas a las públicas. Por 

otro lado, no son los únicos autores o temas peruanos que aparecen en el catálogo, pero en 

este primer acercamiento al análisis de la fuente se hizo esta selección por la cita de Unanue 

a Peralta 

3   Lamentablemente, ninguno de los títulos donados se encuentra en el Tesoro de la Biblioteca 

Nacional Mariano Moreno. El ejemplar de Unanue de 1815 pertenece a la donación Balcar-

ce. 

4   Agradezco la lectura de José Emilio Burucúa al primer borrador de este trabajo que se presen-

tó en su seminario «Tradición clásica y mundo moderno» que dictó en el Instituto de Altos 

Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín. 


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durante seis meses sin necesidad de telescopio. Unos años más tarde, un gran 

incendio en Guayaquil destruyó media ciudad, un huracán arrancó de raíz 

varios árboles de la alameda de Lima y hubo terremotos en Ica y Piura (Palma, 

1993, p. 118). El 2 de abril de 1814, las aguas oscuras del tintero de Unanue 

descansaron. Se envió el manuscrito a Madrid, donde se imprimió con las li-

cencias necesarias la nueva edición al año siguiente, mientras que, en Lima, 

por esos tiempos de clima independentista, el virrey José Fernando de Abascal 

recibía en su escritorio —no con sorpresa—tres pequeñas bolsas con sal, habas 

y cal. 

En la edición de 1815 de la obra de Unanue se citaba, en la Advertencia, el 

juicio crítico del Memorial Literario de Madrid

5

 a la primera edición donde, tras 

indicar:

[…] lo versado que esta [Unanue] en las ciencias naturales, y también que 
no le  

son extrañas las humanidades; pero lo que se advierte con 

más particularidad es el caudal de buenos conocimientos anatómicos y 
médicos de que está adornado, y la mucha erudición con particularidad 
de los autores ingleses. Es preciso confesar no obstante que el castellano 
es incorrecto, y que suele a veces el autor exaltar su imaginación de tal 
modo que en las narraciones emplea el estilo propio de las descripciones 
poéticas […]. (Unanue, 1815, p. 6).

Ante el juicio del lector español —que lee en la prosa del médico un exceso 

de imaginación por donde se cuela la escritura poética—, Unanue redobló la 

apuesta. Esgrimió metáforas para explicar que la imaginación acude como el 

calor de primavera que viste de hojas y flores los árboles desnudos del invierno. 

Sabía que no había hecho más que «[…] interpon[er] en la narración filosófica 

las imágenes y descripciones poéticas, teniendo por maestro a Platón, quien, 

como observa Longino, lo executa con freqüencia en sus tratados filosóficos» 

(Unanue, 1815, p. 7).

La clásica tradición escolástica consideraba a la poesía como «“infima inter 

omnes doctrinas” (Summa theologica, I, i,9)» (Rico, 1997, p. 32). El mismo enfoque 

también se encontraba en San Alberto, al afirmar «poeticus modus infirmior est 

inter modos philosophiae», ya que la escolástica no se interesó por la dignificación 

de la poesía (Curtius, 2017, p. 318). Unanue, ilustrado y neoclásico, citó en su 

ensayo los versos de Horacio y Virgilio. Hasta un fragmento de la obra épica 

de Torcuato Tasso Jerusalén liberada es glosado por Unanue en sus Observacio-

5   Se supone que Unanue se refiere al periódico Memorial literario instructivo y curioso de la Corte 

de Madrid que con periodicidad mensual primero y, luego bimensual, se publicó en varias 

etapas: «desde 1784 a 1791, de 1793 a 1797, y de 1801 a 1808». Cada número tenía alrededor de 

125 páginas en octavo y costaba de 3 a 4 reales. Su fundador fue Joaquín Ezquerra y contaba 

con el auxilio de Pedro P. Trullech (Sáinz, 1983, p. 186). 


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nes. El gesto neoclásico del médico buscaba insertar su obra en una antigua 

tradición para validar su propia escritura, al igual que el historiador y poeta 

del siglo XIV Albertino Mussato. Este sostenía que el saber necesita y utiliza 

la poesía, ya que no se puede prescindir de Virgilio, Ennio y Homero porque:

Con ellos corroboran los filósofos
sus dichos, y con ellos los juristas,
los gramáticos, rétores, dialécticos,
los que inquieren del mundo los secretos:
sin nuestra Musa no hay saber ni técnica;
y aun a la propia Iglesia, no lo olvides,
oirás cantar también con nuestra métrica. (Rico, 1997, p. 32).

Unanue encontró la forma de articular la poesía como recurso estilístico y 

cita de autoridad para el saber científico e ilustrado. Su escritura encaraba los 

límites del ensayo medicinal y sorprendía a los lectores españoles al cruzar el 

umbral de la portadilla. En la América hispánica, y principalmente en el Perú, 

el carácter atrabiliario aquejó no solo a los pueblos originarios sino también 

a los españoles criollos. Las lecturas inglesas de Unanue se revelan cuando 

sostiene que el hombre adquiere todos sus conocimientos por medio de las 

imágenes exteriores que transmiten los sentidos, por lo que ante un

cielo despejado y brillante […] harán que desde la niñez se imprima el cuño 
de las gracias festivas, y su expresión la risa. Un cielo nebuloso ofreciendo 
las ideas con un ayre opaco, introducirá las semillas de los sentimientos 
melancólicos; mucho más si la imaginación es sensible, y delicados los 
nervios: porque entonces las impresiones se hacen completas y retienen 
con tenacidad (Unanue, 1815, p. 134).

Este último temperamento, indicó más adelante, era el que regía a los abo-

rígenes del Perú. La melancolía afectó, según Unanue, a varias naciones que 

llegaron a Lima porque «los cuerpos han cedido o contrariado a las impre-

siones debilitativas del clima» (185, p. 137)

6

. El estilo poético de Unanue sería 

entonces propio de los habitantes de Lima, síntoma de la influencia del clima, 

de las estaciones y del cielo. 

Desde el título, la obra se insertó en la tradición de la medicina ligada al 

determinismo climático, que sostenía que los climas cálidos fomentaban la 

6   En 1683, Francisco Montaldo fue el canónigo encargado de la defensa en el proceso de bea-

tificación de fray Toribio de Mogrovejo. En el panegírico comienza con una descripción de 

la ciudad de Lima en la cual la relaciona con Saturno: «[…L]a ciudad de Lima […] Tiene por 

estrellas verticales tres famosos astros, que con sus generosas influencias, y con la templanza 

que resulta de su propia oposición, fecundan.[…] Melancólicos influjos causarán sin duda 

estas estrellas verticales a no suprimirse la térrea calidad de Saturno con la benéfica de Mer-

curio, que reprime sus daños, y causa templadísimos efectos» (Sala Catalá,1994, p. 283). 


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pereza y la melancolía, pero, a diferencia de los eruditos europeos, creía que 

había factores morales que podían hacer contrapeso. El macrocosmos dejaría 

su huella en la escritura, florearía los textos científicos y también influiría en la 

música. A quienes deseaban disipar la melancolía se les recomendaba buscar 

la conversación de un amigo o escuchar música porque esta podía «refrenar los 

delirios» (Unanue, 1815, p. 240). El cielo y las estrellas tenían, aún en el siglo 

XIX, una relación con el mundo natural, al determinar la salud. La Iglesia, se-

gún el Compendio Moral Salmaticense de Marcos de Santa Teresa, impreso 1805, 

apoyaba la astrología natural porque 

[...] es cuando por la diversa disposición de los astros, por su situación, 
movimiento, resplandor, nacimiento, y ocaso se anuncia agua, frío, calor, 
o eclipse, u otros efectos naturales; y ésta es lícita, según opinión común; 
porque los dichos efectos pueden naturalmente conocerse por sus causas. 

En cambio, la astrología judiciaria o genetlíaca «es, cuando del curso de los 

astros, de su conjunción, y aspecto se anuncian los efectos futuros fortuitos, o 

los presentes y pasados del todo ocultos, y las acciones libres de los hombres»

7

.

7   En 1726, Benito Feijoo, en su Teatro crítico universal, ataca a la astrología judiciaria y a los 

almanaques (Tomo I, Discurso VIII). Los argumentos que desgrana en 44 puntos contra los 

genetlíacos bien pudieron ser inspirados, además de los clásicos dominicos Santo Tomas y 

San Agustín, por los textos que J. Swift publicó en febrero de 1708 bajo el seudónimo de Isaac 

Bickerstaff. Addison y Steele, amigos de Swift, encarnaron a Bickerstaff en la cruzada contra 

la astrología encabezada por John Hewson que firmaba con el ya famoso seudónimo John 

Partridge su almanaque judiciario Merlin. En 1710, los viejos colegas de The Spectator escribie-

ron en The Tatler n° 216 que «Es verdad que John Partridge no sólo murió en aquel tiempo [28 

de marzo de 1708] sino que continúa muerto al día de hoy [24 al 26 de agosto de 1710]». Los 

textos de The Tatler fueron prontamente recopilados en libros con el título The Lucubrations 

of Isaac Bickerstaff. Esta hipótesis apresurada y jocosa no podrá llegar a comprobarse, ya que 

luego de su muerte la biblioteca del padre Feijoo fue trasladada al monasterio de Samos y 

desapareció posteriormente en un incendio. Feijoo también cargará su pluma siempre afi-

lada contra el astrólogo francés Juan Morin, quien fuera apreciado por el rey cristianísimo 

Luis XIII, en el tomo I, carta XXXVIII de sus Cartas eruditas y curiosas. Como curiosidad, en 

Buenos Aires, los dos tomos en in cuarto de The Lucubrations se encontraban en el inventario 

de la biblioteca de Juan Hipólito Vieytes. Para el año 1790, en la Imprenta de Don Antonio 

de Sacha, en Madrid, se imprimió el Índice último de los libros prohibidos y mandados a expurgar: 

para todos los reinos y señoríos… Allí aparecen los libros puestos en el Índice Expurgatorio desde 

el año 1747 hasta fines de diciembre de 1790 bajo el celoso cuidado del Inquisidor General 

D. Agustín Rubín de Ceballos. En la regla IX de las Reglas, mandatos y advertencias generales

página xx, puede leerse que de forma taxativa «[…] se prohíben los Libros, Tratados, Índices, 

Cédular, Memoriales, Recetas, Nóminas, Escritos y Papeles de Geomancia, o Hidromancia, 

Aeromancia,  Piromancia, Onomancia, Chiromancia, Nigromancia, o en que se contienen  

sortilegios, hechizos, o cualesquier agüeros, encantaciones, De Arte Mágica, divinaciones, 

brujerías, cercos, caracteres, sellos, sortijas y figuras, o invocaciones de demonios, en qual-

quier manera que sea. Ítem, todos los de Astrología Judiciaria, que llaman de nacimientos, 

y levantar figuras, interrogaciones y elecciones, en que se afirman, o dan Reglas, o se enseña 

Arte o Ciencia para conocer por las Estrellas y sus aspectos futuros contingentes sucesos, o 

casos fortuitos o acciones que dependen de la voluntad libre humana, aunque en los tales 


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En la introducción de las Observaciones…, Unanue transcribió, luego de es-

cribir sobre las bondades del sol en la costa limeña, «que hace disfrutar en 

casi todo el año un temple de Primavera» el canto VIII del poema épico Lima 

fundada, de Pedro Peralta y Barnuevo:

En su horizonte el Sol todo es aurora
Eterna el tiempo todo es Primavera;
Solo es risa del Cielo cada hora,
Cada mes solo es cuenta de la Esfera
Son cada aliento un hálito de Flora,
Cada arroyo una Musa lisonjera;
Y los vergeles, que el confin le debe,
Nubes fragantes con que al Cielo llueve.             

Para Unanue «el primer poeta de América ha cargado de coloridos el quadro 

de esta descripción, quando todos los viageros de Europa convienen, en ser el 

del Paraíso el temperamento de Lima» (1815, p. 20). Las palabras del polígrafo 

mercurista se anudan en un pasado, ya que apuntan a una de las claves de in-

terpretación: el cielo estrellado ptolemaico, del poema Lima fundada.

3. Pedro Peralta y Barnuevo
En 1732, desde la imprenta de Sobrino y Bados se da a conocer en la capital 

del virreinato del Perú el libro Lima fundada o conquista del Perú. Poema heroico 

en que se decanta toda la historia del descubrimiento y sujeción de sus provincias, por 

D. Francisco de Pizarro… escrito por el doctor Pedro de Peralta Barnuevo, Roca 

y Benavides. Al texto lo antecede una «Aprobación» del doctor Pedro José 

Bermúdez de la Torre y Solier, que también había sido rector de la Universidad 

de San Marcos. La «Aprobación», sostiene José Antonio Mazzotti, «es en sí 

misma el primer ejercicio crítico y analítico que se ofrece del largo poema desde 

el mismo momento de su publicación» (2006, p. 471). Mazzotti se adentra en el 

texto de Bermúdez para rastrear 

Libros y las demás cosas se diga y proteste que no se afirma de cierto, o en que se enseña a 

responder lo hecho o acontecido en las cosas pasadas, libres y ocultas de hurtos y otras seme-

jantes, aunque se diga también que no se afirma de cierto. Y se prohíbe y manda que ninguna 

y manda que ninguna persona haga juicio acerca de las dichas cosas. Pero se permiten los 

juicios y naturales observaciones que están escritos, y se hacen para ayudar a la Navegación, 

Agricultura o Medicina […]». Dentro de la reglamentación se permite la circulación de textos 

ligados a la astrología natural porque «[…] proviene de causas naturales como los eclipses, 

lluvias, tiempos serenos o secos, pestes, los quales no pertenecen a divinación prohibida». 

La permeabilidad de la regla inquisitorial también aceptaba «los juicios de nacimientos, que 

sin afirmación enseñan a sospechar o conjeturar las inclinaciones, calidades, complexiones 

corporales de cada uno, sin pasar en manera alguna a los dichos futuros contingentes […] 

que penden de la voluntad libre». La astrología natural se encuentra ligada a los astros y a su 

influencia en el aquí y ahora o en la cadencia de su repetición como las estaciones del año o 

las mareas. 


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un ideal social de armonía y orden que […] muestra bastante bien las 
tensiones y pasiones subyacentes en el discurso criollista […] [a]simismo, 
la concepción poética y universalista de la «Aprobación» […] puede dar 
cuenta de un microcosmos cifrado en el poema de Peralta que sirve como 
programa de re-facción sociopolítica (p. 471). 

 

Allí encuentra que la presentación de Peralta como un Virgilio espa-

ñol, la alusión al erotismo del viajero y su recepción favorable en la tierra con-

quistada no son gratuitas, ni tampoco la reivindicación de los criollos como 

estrellas novomundiales. La estrategia de Bermúdez y Peralta es, siempre desde 

el prisma de Mazzotti, la conquista de un espacio discursivo propio para 

localizar la relación entre los descendientes de los conquistadores […] y 
las masas indígenas que eran constantemente presentadas en situación 
de inferioridad material y cultural. A la vez, los criollos desarrollaban la 
analogía para reclamar una posición de abandono injusto por parte de los 
«chapetones», de los que sin embargo no podía desligarse políticamente. 
(2006, p. 479).

Fue necesaria, según el análisis que aquí se sigue, la asociación de la estruc-

tura narrativa —así como en su topoi, el cielo estrellado— con la tradición clá-

sica en la que se demuestra un amplio bagaje de conocimientos sobre astrono-

mía ptolemaica cuando había sido superada por Copérnico, Kepler y Galileo

8

.

La estructura de los cielos en Lima fundada
El poema está dividido en diez cantos que, siguiendo la clave interpretativa de 

Bermúdez desarrollada por Mazzotti, se corresponden con las nueve musas y 

Phebo (Apolo). Ellos, a su vez, se relacionaban con los «diez radiantes Olympi-

cos espacios». La concordancia se sostiene de forma erudita al citar las «Tablas 

del rey Don Alfonso, seguidas de todos los Astrónomos modernos, que refiere 

el Padre Ricciolli en su Almagesto […] Según Macrobio y Glareano, que siguen 

a Hesyodo en su Theogonia». El esquema es el siguiente (Mazzotti, 2006, p. 

481):

8   Francisco Ruiz Lozano comenzó a publicar en Lima, en 1656, un Repertorio de los Tiempos, en 

el cual —según José Sala Catalá (1994, p. 256)— se ofrecía al público las principales efemérides 

astronómicas y astrológicas del siguiente año en el que, por orden del virrey conde Alva de 

Liste, se funda para él una cátedra de Astrología y Matemáticas en la Universidad Mayor de 

San Marcos. Unos años después, en 1665, publicó su Tratado de Cometas, observación y juicio 

del que se vió en esta ciudad de los Reyes, y generalmente en todo el Mundo, por los fines del año 1664 y 

principios de 1665. Ya en 1650, Sala Catalá encuentra que se conocía la obra de Galileo, ya que 

el superintendente y gobernador de la mina de Huancavelica publicó una nota necrológica 

en la que se deja de lado el proceso inquisitorial y se «informa con mucho detalle de la origi-

nalidad de su obra». 


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Canto 1°   Musa, Clío 

 

la Luna  

Canto 2° 

Musa, Euterpe   

Mercurio

Canto 3° 

Musa, Talía 

 

Venus

Canto 4° 

Musa, Melpómene 

el Sol

Canto 5° 

Musa, Terpsícore 

Marte

Canto 6° 

Musa, Erato 

 

Júpiter

Canto 7° 

Musa, Polimnia  

Saturno

Canto 8° 

Musa, Urania   

Cielo Sidéreo, o Estrellado

Canto 9° 

Musa, Calíope   

Aqueo, o Cristalino

Canto 10°  Canto, Phebo   

el Primer Móvil

Así como en el primer canto el tema es el viaje de Pizarro por mar bajo la mi-

rada de la Luna que gobierna las mareas, el siguiente canto narra la embajada 

de Tito Atauchi dominado por Mercurio, patrono de los embajadores sabios, 

discretos y elocuentes, lo cual se encuentra en consonancia con el nombre de 

Euterpe, que significa «suavidad» y por esta razón inspira dulzura. En el canto 

tercero, «el tierno amante afecto que sacrificó, el mismo invicto Héroe a la 

hermosa Princesa, Hermana de Atahualpa» se encuentra regido por Venus, el 

orbe celeste y por la musa Talía.

Así pues, el motivo de los cantos se encuentra enlazado con el cielo y con 

aquello que representan los dioses griegos y le da nombre a los cuerpos celestes 

en la tradición astrológica, la cual recupera Juan Bautista Riccioli en su Alma-

gesto

Tal como sostiene Aby Warburg (2005, p. 417), «La astrología no es en el fon-

do sino un fetichismo onomástico proyectado al futuro»

9

. A fines de la Edad 

Media, las observaciones reales de las estrellas errantes y las fijas cedieron su 

puesto a un culto primitivo a los nombres de estos astros. La Edad Media here-

dó la astrología de la Antigüedad y la legó al Renacimiento para sobrevivir en 

el tiempo. «Los teólogos ortodoxos podían aceptar la teoría de que los planetas 

afectaran a los acontecimientos y a la psicología y, mucho más, a las plantas y 

los minerales. La iglesia no combatía esa idea» (Lewis, 1997, p. 85), pero sí, en 

cambio, cuestionaba la astrología judiciaria porque eliminaba el libre albedrío. 

El argumento principal era que el hombre justo podía vencer a las estrellas. La 

9   Giorgio Agamben (2007, pp. 166-167), en su texto «Aby Warburg y la ciencia sin nombre», 

escribió que «[s]i Warburg pudo además presentar el problema del Nachleben des Heidentums 

[renacimiento del paganismo] como su propio problema supremo en tanto estudioso, fue por-

que comprendió, con una sorprendente intuición antropológica, que el de “la transmisión y 

la supervivencia” es el problema central de una sociedad “caliente” como la occidental, tan 

obsesionada por la historia como para querer hacer de ella el motor de su propio desarrollo. 

[…] En esta perspectiva, donde la cultura es vista siempre como un proceso de Nachleben

es decir de transmisión, recepción y polarización, también se vuelve comprensible por qué 

Warburg debió fatalmente concentrar tanta atención sobre el problema de los símbolos como 

sobre su vida en la memoria social». 


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Lima estrellada. Una lectura de las obras de Pedro Peralta Barnuevo e Hi-

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iglesia también luchó contra la adoración de los planetas. El poeta cristiano 

no creía en el dios porque creía en el planeta, sino en el cuerpo celeste, en su 

influencia sobre la tierra y en dios como una unidad en su mente.

A pesar del amplio conocimiento de la ciencia astronómica con el que con-

taban los limeños en el siglo XVIII, tanto en la «Aprobación» como en el poe-

ma se retoman los ecos del Timeo de Platón, que serían fosilizados en la defi-

nición de astrología que en 1611 dio Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de 

la lengua castellana como la «[c]iencia que trata del movimiento de los astros y 

los efectos que dellos proceden, cerca de las cosas inferiores y sus impresiones, 

que por otro nombre dicen astronomía». 

En Lima fundada, el orden celeste se repite. Ya no solo como se estableció en 

la «Aprobación», dando a los cantos la influencia en su contenido narrativo 

del «fetichismo onomástico» de los dioses paganos encarnados en los cuerpos 

celestes, sino en su interior. Siendo la tierra el elemento más pesado, se precipi-

ta en la mise en page como notas al pie. Desde allí, con su tipografía abigarrada 

y diminuta, es donde Peralta Barnuevo aparece para observar el movimiento 

de las esferas encarnadas en los cantos que narran la historia de la ciudad 

que nunca abandonó. Desde las notas, la astrología es natural, es propia de la 

observación en la que los nombres de los dioses paganos solo aparecen como 

glosa de un saber enciclopédico para dar sentido a la historia de Lima. Tam-

bién en la Tierra —es decir, en las notas al pie— se indican datos astronómi-

cos-matemáticos, como en la nota n° 1 del canto VIII al verso De Acuario en 

los confines ilumina: «[p]asa por el zenit de Lima el grado 27, min. 48, seg. 8». En 

la nota siguiente puede leerse la explicación de las Espiras, Spiras o Hélices 

que «son líneas curvas semejantes a los tornillos, y estas son las que forma el 

Sol con su movimiento diurno, por la declinación que va teniendo cada día, 

aunque por lo insensible de la diferencia se llaman Círculos Paralelos, porque 

son a la Equinoccial». Pero es en la nota 3 donde aparece la primera persona, 

el observador del cielo que goza de reconocimiento internacional:

Tiene Lima de latitud o altura de Polo austral 12 gr. 15 min. según mis 
nuevas observaciones, concuerdan con las del célebre Pedro Fernández 
de Quiroz. Su longitud es de 301 gr. 25 min. Puesto el primer meridiano en 
la isla del Ferro, asi mismo según mis observaciones, habiendo hallado la 
diferencia de meridianos entre esta ciudad y la de París de 5hor. 16 min. 
20 seg. Con el cotejo de las hechas en Bolonia por Manfredi, y de las de la 
Real Academia de París, que por su carta me le participó. La cual halló M. 
Frezier tan verdadera, como lo expresa en la relación de su viage, donde 
me cita con testimonio individual.


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Mientras la maquinaria de los cielos se encuentra en movimiento, su escri-

tura no es azarosamente cantos repletos de versos de oralidad ficticia, tal vez 

con la vana intención de acompañar la música de las esferas. Entretanto, en 

las notas al pie, en el centro del universo, la escritura tiene la linealidad de la 

prosa y de la razón.

4. Lima, el Paraíso en la Tierra
En la «Aprobación», cuando Bermúdez da cuenta del octavo canto, del cielo 

estrellado, no queda duda de la íntima relación con la ciudad de Lima:

En el Octavo Canto se describe adornada de todas las galas poéticas y 
geographicas esta gran Corte del Reyno del Perú en su Corografía, Topo-
grafía, Delineación, y Planta, ajustada a la luciente Fábrica del Firmamen-
to, o Cielo Octavo, cuya Esfera resplandece poblada de todas las estrellas 
fixas […] componiendo una celeste luminosa Ciudad, habitada de innu-
merables Soles […] [La musa Urania] contempla sus movimientos [de las 
Estrellas] y observa los influxos de sus astros.

 En la astrología ptolemaica el octavo cielo se encuentra regido por las estre-

llas fijas, las que «aparecen siempre en la misma posición unas respecto a otras 

y que son visibles a la salida o a la puesta del sol, dependiendo de su posición 

respecto de ellas» (Warburg, 2005, p. 26). En la Divina Comedia, de Dante Ali-

ghieri, el Paraíso está dividido en función de la máquina de los cielos ptolemai-

ca. El poeta y Beatriz ascienden por los siete planetas hasta llegar al cielo de 

las estrellas fijas u octava esfera, el cielo de los espíritus triunfantes. Allí Dante 

queda ciego momentáneamente al contemplar a san Juan Apóstol y, luego de 

ser interrogado, recupera la vista para toparse con Adán. Ante tal encuentro, 

Dante no puede con la curiosidad que brota por sus ojos y Adán lo interpela: 

«Quieres saber en qué año Dios me puso/en el jardín excelso en que tu guía/a 

tan larga escalera te dispuso, / y cuánto deleitó a la vista mía/ y qué causa eno-

jó tanto a mi dueño/ y el idioma que hablaba, y lo que hacía» (Alighieri, 2004, 

Canto XXVI, pp. 109-114). Estas inquietudes encontraron respuesta, pero tam-

bién siguieron latentes y serán respondidas en el cielo estrellado de Lima. 


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Desvío
Ernst Robert Curtius (2017, pp. 280-286) tipifica los tópicos usuales en la litera-

tura europea medieval en los que encontró un tema retórico-poético que, como 

un bajo continuo, se escuchó desde el Imperio romano hasta el siglo XVI. El 

locus amoenus, o paraje ameno, es el escenario bucólico en el que ha de hallarse 

un paisaje hermoso, un árbol, un prado, una fuente o arroyo, las aves y su can-

to, las flores y una suave brisa. El paraje ameno en medio de un bosque salvaje 

indica al menos un movimiento, un viaje de los protagonistas que se adentran 

en el descubrimiento del lugar de los lugares. La épica filosófica de fines del 

siglo XII adopta el locus amoenus en las descripciones del Paraíso terrenal. Cur-

tius (2017, p. 283) encuentra que «Juan de Hanville nos lleva a la fabulosa isla 

de Thyle, donde se reúnen los filósofos de la antigüedad en un paraje de eterna 

primavera (SP, I, p. 326)». El clima del Paraíso es el de la primavera.

El médico Unanue citó al unísono a todos los viajeros de Europa que sostie-

nen que el clima de la ciudad de Lima es el del Paraíso, razón por la que cita, 

en su escrito de 1806, el canto VIII, en su cantiga III del poema Lima fundada

5. Retorno adánico
Sin intentar realizar un estudio de las influencias de la poética de Dante Ali-

ghieri en la obra de Peralta Barnuevo, se puede aventurar que la maquinaria 

celeste ordenaba los cantos en ambos poemas. Además, las preguntas que Dan-

te le realizó tácitamente a Adán se respondieron también en Lima —o a estas 

alturas, en el Paraíso limeño—. La primera inquietud que Adán responde en la 

Divina Comedia es sobre el año en que Dios lo puso en el Paraíso. Es, de alguna 

manera, preguntar por el acta de fundación de aquel locus amoenus. En el poe-

ma Lima fundada puede leerse:

IX
Después de siglos quince el Sol media
Lustros siete al feliz natal divino,
Cuando porque habitar no convenía
Las fundaciones del primer destino
Al Tello, al Díaz el héroe envía
Al Don Benito, a que en fiel más fino
Pese el sitio; porque en su alabanza
Antes que el pueblo, funde su esperanza

Una vez más, las notas que incorpora Peralta llegan al auxilio del lector des-

prevenido para indicar el año de la fundación de Lima, es decir, 1535. El 8 de 

enero de ese año, Pizarro envía a 


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Ruy Díaz, Juan Tello y Alonso Martín de Don Benito para que reconocie-
ran el temperamento, fecundidad, río, leña y puerto, a fin de hacer en él 
la fundación de su ciudad, trasladando a ella la que había comenzado en 
Jauja, y después en Sangallan; por no poderse mantener en estas partes sus 
vecinos, y por la distancia del Mar. 

El tópico del paraje ameno al que se llega luego de cruzar la selva se encuen-

tra cifrado en la nota de Peralta, así como en estos versos:

X
Van los de esta del Cielo prometida
Feliz fecunda tierra exploradores;
De la campaña inculcan estendida
Aires, aguas, boscages, frutos y flores:
En la orilla, que dejan ya inquirida
De ondas y vientos notan los favores
Y si su ardor pudiese, allá subiera
A indagar las estrellas en la esfera.

Se puede seguir respondiendo la inquisitoria adánica sobre la lengua y ras-

trear en las notas al pie de la obra de Peralta el problema de nombrar, de dar 

sentido al mundo exultante que rodea a Pizarro, de utilizar el lenguaje para 

llamar a las cosas que lo circundan, pero ello nos obligaría a tomar nuevos 

desvíos. El cielo y la poesía limeños estaban en la letra impresa que se leyó en 

Buenos Aires.

6. Conclusión provisoria
La puerta de entrada fue la medicina tropológica en la que el clima y el sujeto 

guardan una íntima relación; también es motivo de estudio la influencia de los 

astros en la salud. La América hispánica tuvo en Lima exponentes como José 

Manuel Dávalos, un rico mulato que egresó de la Universidad de Montpellier 

en 1787 con su disertación titulada De morbis nonnullis Limae grassantibus ip-

sorumque therapeia, en la cual, además de limpiar las infamias con las que De 

Pauw había ensuciado el honor de Lima, sostenía que el clima de esta ciudad es 

[…] salubérrimo, y que no se pueden imputar a él las enfermedades de 
los limeños. Éstas, según dice, se deben a sus alimentos grasos, viscosos 
y pesados, al comer mucho y mal, a la costumbre de llenarse de carne de 
puerco, de papas (que, a lo que sospecha Dávalos, contienen cierto ele-
mento nocivo), de yuca (que, cruda es un veneno) y de aromas y especies 
picantes. (Gerbi, 1960, p. 265). 


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A pesar de la disputa que años después tendría con Hipólito Unanue, am-

bos estaban de acuerdo en defender la benignidad del clima de Lima tal como 

el polígrafo Pedro Peralta Barnuevo había escrito años antes en su poema. El 

clima limeño es destino de varios recorridos que pueden comenzar con la lite-

ratura de viaje y sus cronistas, los textos médicos, los panegíricos religiosos y 

la poesía épica del barroco tardío que aquí se analizó. Se podría sostener que el 

uso de metáforas, en las que la ciudad de Lima encuentra su paralelo con el Pa-

raíso, es un lugar frecuente y que en manos de los criollos ilustrados sirvió, tal 

vez provisoriamente, como una reacción identitaria ante la Historia Natural 

europea enmarcada en el clásico experimento de Montesquieu con la lengua 

de carnero que tomaba de la Historia Natural del conde de Buffon. Unanue 

matizó el determinismo climático que cuestionaba a los americanos. Podría 

aventurarse que se volvió a narrar la conquista del Perú en las notas al pie que 

Peralta escribió al interpelar las fuentes escriturarias a las que tuvo acceso. Tal 

vez respondían las mismas preguntas que Dante le hizo a Adán. 

Podría, sobre la arena, a la espera de las olas, escribirse que el Paraíso como 

paraje ameno que se encontró en el poema Lima fundada y en Observaciones so-

bre el clima es una marca fuerte que sobrevivió a la revolución copernicana. La 

utilización de la astrología y el ordenamiento pagano del cielo estrellado no fue 

un susurro que se transmitiera entre generaciones, sino que mutó de tal mane-

ra que fuera también aceptado por la Iglesia y sus flamígeros inquisidores. Qué 

portentos guardaba tal concepción del mundo que sirvió para que los criollos 

limeños narrasen su historia y cuidaran de su salud. Dos libros bajo el mismo 

cielo tuvieron a la ciudad de Lima como protagonista y ambos fueron leídos 

más allá de sus fronteras cuando fueron donados para fundar la Biblioteca 

Pública de Buenos Aires.


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Benjamín Blass Rivarola

Un texto rescatado de Manuel González Prada

A rescued text from Manuel González Prada

Benjamín Blass Rivarola

Biblioteca Nacional del Perú

Lima, Perú

Contacto: benjamín.blass@bnp.gob.pe

https://orcid.org/0000-0002-0149-4183

Resumen

Manuel González Prada es considerado como el primer intérprete de la reali-

dad peruana y el inspirador de la poesía contemporánea. Sin embargo, a pesar 

de que cultivó diversas formas estróficas distintas de las españolas, las que fue-

ron plasmadas en libros de muy diversa factura —como Minúsculas, Exóticas, 

Baladas o Letrillas— y redactó distintos textos de crítica literaria, dicha labor 

no ha sido difundida ni estudiada como se merece. Por tal motivo, a través 

del rescate y el análisis del prólogo del libro F+F: letrillas, de Federico Elguera 

y Federico Blume, no recopilado en sus Obras completas, este texto presentará 

algunos aspectos de su labor como crítico, los cuales lo convirtieron en un re-

ferente de la modernidad literaria peruana.

Palabras clave: literatura peruana siglo XIX, poesía peruana siglo XIX, crítica 

literaria, ensayos, prólogos.

Abstract

Manuel González Prada is considered the first interpreter of the Peruvian rea-

lity and the inspirer of contemporary poetry. However, even though he cul-

tivated various strophic forms different from the Spanish ones, which were 

embodied in books of very diverse bills —such as Minúsculas, Exóticas, Baladas 

or Letrillas—, and wrote different texts of literary criticism, this work has not 

been disseminated, nor studied as it deserves. For this reason, through the res-

cue and analysis of the prologue of the book F+F: letrillas, by Federico Elguera 

and Federico Blume, not compiled in his Complete Works, this text will present 

some aspects of his work as a critic, which made him in a referent of Peruvian 

literary modernity.

Keywords: Peruvian literature 19th century, Peruvian poetry 19th century, 

Literary criticism, essays, prologues.

Recibido: 2022-07-25/ Revisado: 2022-09-23 / Aceptado: 2022-10-11/ Publicado: 2022-12-06

ISSN-e: 2709-5649 pp. 126-147


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Un texto rescatado de Manuel González Prada

Introducción
Muchos autores han destacado el papel de Manuel González Prada en el culti-

vo de la crítica literaria. Esta labor fue desarrollada, principalmente, entre 1884 

y 1895, a cuya época corresponden, con pocas excepciones, los trabajos conte-

nidos en libros como Pájinas libres, Nuevas páginas libres y El Tonel de Diógenes

En esa línea, son conocidos los estudios de González Prada referidos a autores 

franceses (Renan o Víctor Hugo) o españoles (Campoamor, por ejemplo). 

Entre esos textos —que, por cierto, no han sido difundidos ni mucho me-

nos, estudiados— merece destacarse el conjunto de prólogos dedicados a re-

conocidos escritores peruanos de la talla de José Santos Chocano y literatos 

no incluidos en el canon literario peruano como V. Mérida (seudónimo de 

Aureliano Villarán), Paulino Fuentes Castro, Abel de la E. Delgado, Miguel W. 

Garaycochea y Luis Navarro Neyra. Estos prólogos, como veremos más ade-

lante, fueron publicados en el libro Nuevas páginas libres, editado por Alfredo 

González Prada, en Santiago de Chile, en 1937.

Sin embargo, González Prada publicó un sétimo prólogo, el cual no fue in-

cluido por Luis Alberto Sánchez en los tomos correspondientes de las Obras 

completas, publicadas por PetroPerú, entre 1985 y 1989. Nos estamos refirien-

do al texto «Letrillas de F+F. Primera serie», suscrito por Manuel González 

Prada, que fue uno de los prólogos del libro F+F: letrillas, de Federico Elguera 

y Federico Blume, de 1884, el cual ponemos a disposición de los lectores e in-

vestigadores.

¿Cuál es la importancia de este y de los otros prólogos de González Prada? 

Consideramos que el estudio de estos textos puede permitir el análisis de las 

virtudes y las limitaciones de la visión crítico-literaria del autor de Minúsculas 

Exóticas.

F+F: letrillas
En 1884 fue publicado el libro F+F: letrillas, de la autoría de dos de los más des-

tacados poetas costumbristas y satíricos de nuestro país: Federico Elguera y Fe-

derico Blume. El citado libro contiene las composiciones publicadas por estos 

escritores en periódicos como La Opinión Nacional, El Nacional y Prensa Libre:

Si bien algunas de las composiciones que forman parte del presente folleto 
no llevan la firma de F + F, no se crea que en el [sic] existe algo de cosecha 
ajena.
 

Las letrillas firmadas por Balduque [Federico Blume] o Federico Elgue-

ra, no son sino las que una de las efes ha escrito, cuando abandonando 
la colaboración de la otra, se ha lanzado de su cuenta y riesgo a zurrar 
la badana a alguno o algunos tipos. De manera pues, que, en el presente 
folleto, no hay ninguna composición que no pertenezca a los conocidos 


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letrilleros de lo [sic] «Opinión Nacional» y de la «Prensa Libre». (Elguera y 
Blume, 1884, p. 107).

Federico Elguera (1860-1928) fue educado en Europa y formó parte de la Bo-

hemia de 1886 en Lima. Fue poeta, periodista, abogado, político y diplomático. 

Colaboró en publicaciones eventuales y también en El Comercio, con el seu-

dónimo de «El Barón de Keef», y publicó los libros Marionetas (1894), El Barón 

de Keef en Lima (1913 y 1999), El Barón de Keef en clínica (1923 y 1999) y La vida 

moderna (1999).  

Elguera tradujo del francés diversas obras teatrales entre las que podemos 

mencionar La falsaria, de Alfonso Daudet (1895); Insomnio, de Millanvoye y 

Eudel (1896); El amigo de las mujeres, de Alejandro Dumas (1902); Guerra a la 

tuberculosis, de J. Weill-Mantou (1903); Durand y Durand, de M. Ordenneau y 

Valabregue (1906); y Papa Lebonnard, de J. Aicard. 

Asimismo, se debe mencionar que Elguera fue alcalde de Lima entre 1901 

y 1908. Durante su gestión modernizó la capital y centró sus esfuerzos en el 

saneamiento de la ciudad ya que construyó baños públicos, canalizó las sucias 

acequias convertidas en focos infecciosos, creó el Instituto de Bacteriología 

e Higiene Municipal y construyó un lazareto para cobijar a los enfermos de 

lepra.

Figura 1

Portada de la primera edición de F+F: Letrillas (1884)


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Respecto a su personalidad y su trabajo literario, Enrique A. Carrillo, más 

conocido como «Cabotín», en un texto escrito en 1914, señala lo siguiente:

Supe luego, que este hombre complejo ocultaba, bajo su coraza de pacho-
rra habitual, una actividad fecunda y tesonera; noté que si su pesimis-
mo arrancaba de una observación penetrante de los vicios sociales, no 
le conducía, sin embargo, como última consecuencia, al je m´en fichisme y 
al nirvana, sino que, antes bien, le inducía a reaccionar contra la apatía 
ambiente, tratando de vigorizar caracteres y de despertar entusiasmos; ad-
vertí que tras de su exterior melancólico y moroso disimulaba una men-
talidad ágil y traviesa, y no pude sorprenderme, por lo tanto, cuando me 
contaron que en sus años juveniles, el Barón Fritz de Keef, en colaboración con el 
brillante y regocijado escritor Fritz von Blume, había publicado, bajo el seudóni-
mo de F - | - F, una serie de intencionadísimas letrillas, verdaderas obras maestras 
en ese género ligero. A veces, encontraba juntos a ambos letrilleros.
 Alto era el 
uno, moreno, de voz bronda y ceño adusto; gordo el otro, parco en el 
hablar y cargado de entrecejo. Los conceptos que cambiaban trascendían 
a amargura y desaliento. (Carrillo, 2007 [1914], pp. 533-534; el énfasis es 
nuestro).

Figura 2

Foto de Federico Elguera

Fuente: Mundial, año VIII, no. 441 (23 nov. 1928), p. [18].


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Por su parte, Federico Blume (1863-1936), poeta, dramaturgo, periodista y 

profesor universitario, es considerado como un exponente destacado de la ver-

tiente costumbrista y satírica. Utilizó el seudónimo «Balduque» tanto en sus 

poesías como en sus textos periodísticos. En ese sentido, del mismo modo que 

Abelardo Gamarra, Manuel Moncloa y Covarrubias («Cloamón») e Ismael 

Portal, gustó de observar las costumbres locales e ironizar sobre ellas. 

Como periodista, colaboró en medios como El ComercioLa Opinión Nacio-

nal y Variedades, y fue el principal «redactor» del semanario humorístico La Ne-

blina, entre 1894 y 1895, dirigido por el escritor costumbrista Hernán Velarde.

Asimismo, Blume escribió un juguete cómico en colaboración con Manuel 

Moncloa y Covarrubias, y compuso la ópera Ollanta y algunas piezas ligeras 

con el destacado músico José María Valle Riestra. Del mismo modo, fue un 

pionero del cine peruano al dirigir, en 1913, la película Negocio al agua.

Sus descendientes publicaron, en 1948, Sal y pimienta, una antología de sus 

más destacados textos poéticos y periodísticos. 

En un artículo publicado con el seudónimo «Botelino», en 1910, Leonidas 

Yerovi, uno de los más afamados escritores satíricos de nuestro país, presenta 

una semblanza precisa sobre la personalidad del autor de Sal y pimienta

Figura 3

Caricatura de Federico Blume, presumiblemente por Francisco González Gamarra

Fuente: publicada en Variedades, año VI, no. 97 (8 ene. 1910), p. 75.


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Solo más tarde, mucho después y cuando nos unieran lazos de una afec-
tuosa amistad, he podido comprender cómo dentro de aquella descuidada 
personalidad de burgués reumático y displicente, alienta un espíritu fresco 
y siempre juvenil, retozón y alegre, abierto a todas las expansiones ama-
bles.
 

Blume escribe desde hace muchos años, más de veinte; ha producido 

rimeros de composiciones y artículos y hoy continúa produciendo como 
en sus mejores tiempos, inagotablemente, laboriosamente. Es el poeta festi-
vo más fecundo y espontáneo y criollo que tenemos, y sus letrillas se hicieron céle-
bres y se aprendían en un tiempo de memoria y hoy nos sabemos muchas todavía. 
Sus artículos de costumbres, escritos todos llana y velozmente, son cuadros gracio-
sísimos y que parecen vividos por ciertas clases de nuestro medio. A través de ellos 
hay siempre un dejo de filosofía benévola y burlona al mismo tiempo
. (Botelino, 
1910, p. 74; el énfasis es nuestro).

Figura 4

Primera página del artículo «Siluetas bohemias: Federico Blume», escrito por «Botelino»

Fuente: publicada en Variedades, año VI, no. 97 (8 ene. 1910), pp. 74-76.


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***

F+F: letrillas se inicia con el texto, a manera de prólogo, «Letrillas de F+F. Prime-

ra serie», artículo publicado previamente en El Comercio y El Nacional

1

. En el 

prólogo, González Prada destaca el estilo festivo y dicharachero de los autores 

con estos conceptos: 

Hay en las «Letrillas» un perfume de Juventud que atrae y deleita, una ne-
gligencia espontánea que obliga a seguir la lectura de verso tras verso sin 
cansarse jamás, y una facilidad que sorprende pues los flamantes letrilleros 
principian a escribir como no han concluido muchos de nuestros más cele-
brados poetas. (González, 1884, p. [1]). 

[…] Poetas de combate, caballeros a la manera de Bayardo, son los autores 
de las «Letrillas». Opuestos diametralmente a los bardos, canijos y llorones 
cuyo reino no es de este mundo, ríen con la risa franca y bulliciosa de los 
corazones sanos, se interesan por el bien de sus semejantes, hablan serio 
cuando quieren; y son capaces de afrontarse con un tirano para gritarle 
como el héroe de la rapsodia de Schubert: «Nerón, tú no eres más que un 
perro sediento de sangre». (González, 1884, p. [3]). 

Como una nota al margen, debemos destacar que, a pesar de que este texto 

refleja, en gran forma, el interés de Prada por el uso de las letrillas, así como su 

concepción sobre la crítica literaria, este prólogo no ha sido reproducido ni en 

Nuevas páginas libres (1937), que contiene seis ensayos similares, ni en las Obras 

completas del autor de Pájinas libres, editadas por Luis Alberto Sánchez entre 1985 

y 1989. Más adelante ahondaremos en ambos tópicos. 

En cuanto a F+F: letrillas, la edición incluye un «Prologuillo» y un «Prólogo» 

suscritos, respectivamente, por Abelardo Gamarra y R.M. Espiell. En ambos 

textos se destacan los valores literarios de las letrillas así como su propósito esen-

cial: «la elegancia, malicia y osadía toda crítica de su realidad nacional», a decir 

de Luis Alberto Sánchez. Veamos un ejemplo de esta afirmación:

Por nuestra parte nos limitamos a consignar lo que en esta labor merece 
cumplida distinción: el valor que se ha tenido para salir al frente con noble 
entereza, y desafiar las iras del despecho y del amor propio lastimado, arros-
trando combate singular contra la hipocresía, el egoísmo, el desacierto, la 
petulancia y la falsificación del patriotismo que invocan en estas horas de 
incruenta amargura para nuestra infortunada patria, muchos de sus hijos 
que solo la conocen cuando viven de los sacrificios que le imponen. (Espiell, 
1884, p. [9]).

1   A pesar de las búsquedas efectuadas, este texto aún no ha sido ubicado en las ediciones de 

dichos diarios. 


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Un texto rescatado de Manuel González Prada

Los conceptos anotados en los textos transcritos nos indican que los F+F, 

siguiendo la tradición de Pardo y Aliaga y otros autores, fustigan con gracia 

y buen manejo del idioma algunas de las costumbres atávicas de nuestra so-

ciedad: el militarismo, el arribismo, el acomodo político, las prebendas, entre 

otros. Anotemos algunos fragmentos: 

Ese que anda por la calle 
dándose grande importancia 
y ocultando su ignorancia 
con la esbeltez de su talle, 
y, que dice en gran misterio 
que con este ministerio 
el país no se regenera: 
ESE QUIERE UNA CARTERA. 

 

(«Realidades»)

 

Ya ha publicado la prensa

Artículos a millares,
Sobre algunos militares
Que han perdido la vergüenza;
Y que muy tiesos frescos,
La pasan yendo y viniendo,
Y en todas partes luciendo
Sus trajes carnavalescos.

A su Ex[c]elencia - por consiguiente,
 

Pido un decreto

 

Pido un decreto

Que regenere toda esa gente.  

 

(«Venga un decreto»)

 

Me gusta una chica

De rostro picante:
Por ella deliro,
Por ella me muero;
Mas ella no quiere.
Tenerme de amante,
Porque a ella le gusta ....
 

LE GUSTA EL DINERO  

(«Mi novia») 


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El libro F+F: letrillas gozó de gran acogida en su momento. Así lo hace notar 

Enrique A. Carrillo «Cabotín», en la necrología de Federico Elguera publicada 

en 1928: 

Ha desaparecido, con Elguera, una de las efe de la festiva razón social 
F-/-F. Las nuevas generaciones no conocen esas donosísimas letrillas, in-
comparables por la facilidad del estro, por la flexibilidad del verso, por la 
castiza travesura, por la picardía de sus incisivas alusiones. Por una inex-
plicable injusticia, no aparecen ellas en las antología[s] y en los esbozos 
de historia de la literatura peruana que circulan. Sin embargo, Elguera y 
Blume son, sin disputa, los herederos intelectuales de Felipe Pardo y Aliaga, y así 
lo estampaba, en cláusulas magistrales la pluma imparcial de Manuel González 
Prada
. La edición de las letrillas se agotó. Ni los propios autores han con-
servado un ejemplar. El editor que las reimprimiera haría un buen nego-
cio y desenterraría una joya literaria de los más puros quilates. (Cabotín, 
1928, p. [18]; el énfasis es nuestro).

En este punto del artículo, podríamos preguntarnos cuál es la importancia 

del rescate de la obra de Federico Elguera y Federico Blume y, fundamental-

mente, del prólogo de Manuel González Prada. Como veremos más adelante, 

Figura 5

Primera página de la necrología dedicada a Federico Elguera, escrita por «Cabotín» (Enrique 

A. Carrillo)

Fuente: publicada en Mundial, año VIII, no. 441 (23 nov. 1928), pp. [17]-[18].


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Un texto rescatado de Manuel González Prada

no solo se trata de dar a conocer un texto desconocido de González Prada, sino 

que tratamos de mostrar, por un lado, la identificación del autor de Minúsculas 

con el empleo de las letrillas desde su juventud y, por otro lado, su visión de la 

crítica literaria plasmada en los diversos ensayos editados en las Nuevas páginas 

libres, por ejemplo. 

Manuel González Prada y las letrillas
Sobre la base de los manuscritos existentes en el Fondo Bibliográfico «Luis 

Alberto Sánchez-Manuel González Prada» de la Biblioteca Nacional del Perú, 

la Editorial Milla Batres publicó, en 1975, las Letrillas, de Manuel González 

Prada

2

. En el texto introductorio denominado «Esclarecimiento necesario so-

bre los manuscritos inéditos de González Prada», Luis Alberto Sánchez hace 

una serie de precisiones acerca de lo significativo que fue para González Prada 

el uso de esta especie literaria:

Prada empezó escribiendo letrillas. De suerte que su persistencia en el gé-
nero obedece a una inclinación primordial. En efecto, en El Comercio de 
Lima […] de [18 de setiembre de] 1867, o sea cuando Prada tenía solo 23 
años, se inserta la primera composición impresa que de él se conoce: es 
una letrilla, que consta en los cuadernos y que transcribimos en el apén-
dice, y tiene como estribillo la palabra «empleo»: («Lo que busca Cosme: 
es empleo»). Desde entonces, desde sus 23, tenía Prada la obsesión contra el ven-
tralismo y la burocracia canónica y sinecurial. Persiste en tema y modo hasta muy 
entrado en años
. (Sánchez, 1989, pp. 24-25; el énfasis es nuestro)

3

.

Veamos un fragmento de esta letrilla suscrita con el nombre «Manuel G.P.»: 

 

 

¡Oh revolución maldita!

 

 

Mateo esclama bufando;

 

 

Mas Don Cosme va gritando:

 

 

¡Ven, revolución bendita!

 

 

Y es que ya pescó Mateo

 

 

Lo que Cosme busca: empleo.

 

 

¡Aberración sin igual!

 

 

¿Verte de empleado tú?

 

 

¡Capricho de Belcebú!

 

 

Dice a Tadeo Pascual:

2   Dicho manuscrito está contenido en un cuaderno con hojas sueltas denominado «Letrillas y 

otros versos; baladas, romances, triolets, rondas, etc.». El lector puede obtener más informa-

ción sobre el contenido de ese Fondo en el Boletín de la Biblioteca Nacional, años XXXII-XXXI-

II, no. 77-80 (1977-1978), pp. 5-36. 

3   Esta letrilla no fue publicada en las Obras completas de González Prada. 


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Y es que Pascual a Tadeo

 

 

Birlarle quiere su empleo. 

Para Sánchez, dichas Letrillas «constituyen otra faz de Prada, tal vez la menos 

conocida y aun la menos sospechada y la más picante y graciosa» (Sánchez, 1989, p. 

17; el énfasis es nuestro). Por tal motivo, en esas composiciones se observa la 

influencia de Francisco de Quevedo y Juan del Valle y Caviedes, en la medida 

en que se aprecia una dura crítica a algunos de los males de nuestra sociedad: 

la infidelidad, la hipocresía, los políticos ventrales, entre otros. Al respecto, 

Sánchez, en el prólogo señalado nos dice lo siguiente:

Es cierto que uno de los temas en que más reinciden sus letrillas es el de la 
infidelidad conyugal para destacar la tontera del marido, las trapacerías 
de los funcionarios públicos; generalmente la caricatura de un hombre po-
deroso: político, propietario o militar; en suma el ventralismo. El cornu-
do, el sobornador, el sobornado, el cura apóstata, asoman con frecuencia 
en sus poesías festivas. (Sánchez, 1989, p. 19).

Además de los mencionados, los protagonistas de las letrillas de González 

Prada son, por ejemplo, diversas autoridades: presidentes, jueces, generales y 

muchos sacerdotes. Entre esos personajes, merece destacarse a los enemigos 

más acérrimos de González Prada: Nicolás de Piérola, a quien le dedicó una 

feroz letrilla denominada «Perinola». Compartamos un fragmento: 

Mira, la Europa te llama;
Fleta un buque, y, viento en popa,
Enfílate para Europa
Donde Dreiffus [sic] y Madama;
Ve: la ocasión se te ofrece,
Darte un buen consejo quiero:
Vete a Roma a ser herrero
De León Catorce o trece. (González, 1989 [1975], p. 202).

No es casual que González Prada —limeño, al fin y al cabo— haya cultivado 

esa especie literaria cuya principal característica es la sátira

4

, la cual es definida 

por Raúl Porras de la siguiente manera: 

La sátira es innata en el carácter limeño. Brota espontáneamente de la 
conciencia popular. Ningún pueblo como el de Lima poseerá en más alto 

4  El Diccionario de la Real Academia Española define a la sátira de las siguientes formas: 1. 

Composición en verso o prosa cuyo objeto es censurar o ridiculizar a alguien o algo. 2. Dis-

curso o dicho agudo, picante o mordaz, dirigido a censurar o ridiculizar. Ver: https://dle.rae.

es/s%C3%A1tira 


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Un texto rescatado de Manuel González Prada

grado el don de percibir el ridículo. Como ha dicho ese admirable maestro 
que se llama Francisco García Calderón: en nosotros «la gracia andaluza 
ha vencido a la austeridad castellana». De ahí esa cierta inestabilidad de 
la conciencia pública, que tan pronto crea ídolos como los caricaturiza; de 
ahí el desarraigo de los ideales, que no encuentran una base duradera en 
la opinión; de ahí también ese eterno descontento limeño del presente que 
levanta oposiciones a todos los gobiernos. […] Nuestros satíricos se han 
burlado de todas las instituciones republicanas. Don Felipe Pardo, con ser 
diputado y ministro, no pudo dejar de poner en solfa la carta fundamental 
de la nación. (Porras, 1957, p. 9).

González Prada no solo cultivó la sátira, el humor —y muchas veces, el 

malhumor— en otras de sus publicaciones como, por ejemplo, Presbiterianas o 

Grafitos. Por todo ello, es comprensible que, en las páginas prologales de F+F: 

letrillas, de Elguera y Blume, haya destacado la valía de esos autores con estas 

palabras:

Los que hayan nacido austeros como Catón e inflexibles como don Quijo-
te arrojen a un lado las letrillas de F. + F., sin leer una sola de sus páginas; 
pero los que sean hombres de mundo y se amolden a las circunstancias, 
poniendo cara de pascuas en una boda y cara de cuaresma en un entierro, 
empiecen con las «Realidades» y concluyan con las «Adivinanzas», porque 
han de reírse a mandíbula batiente, porque han de pasar ratos verdadera-
mente divertidos. (González, 1884, p. [1]). 

Al mismo tiempo, es importante señalar que, en el prólogo dedicado a F+F. 

letrillas, no solo se puede apreciar la importancia que le daba González Prada 

a las letrillas como especie literaria sino que, como lo veremos en el siguiente 

apartado, podremos observar algunas de las ideas de nuestro autor sobre la 

crítica literaria. 

González Prada y la crítica literaria
En 1937, Alfredo González Prada, hijo de nuestro autor, publicó en Santiago 

de Chile el libro Nuevas páginas libres. Este volumen contiene veintiún ensayos, 

artículos y prólogos, de los cuales diez fueron inéditos, y la mayor parte de los 

publicados aparecieron en periódicos, revistas o libros de escasa circulación, a 

excepción del prólogo a las Poesías completas de José Santos Chocano.

En su texto introductorio, Alfredo González Prada, citando a Luis Alberto 

Sánchez, dice lo siguiente: «“Hay quienes piensan que las ediciones de ciertas 

obras desconocidas u olvidadas de un autor prócer, constituyen un atentado 

contra su gloria. Creo lo contrario”. […]. Tal nuestro criterio para exhumar 

ciertas páginas repudiadas por el propio autor». (González, 1937, p. 10).


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En la quinta parte del libro, Alfredo González Prada incluyó seis prólogos 

suscritos por su padre para las siguientes obras: 

•  Cuartos de hora, de V. Mérida (Lima, Imprenta de La Opinión Nacional

1879). Lleva la firma de «M. G. Prada» y fue suscrito el 15 de enero de 

1879. «V. Mérida» fue el seudónimo del poeta Aureliano Villarán. 

•  Notas literarias y hojas para el pueblo, de Paulino Fuentes Castro (Lima, 

Imprenta Liberal, 1882). Este texto fue escrito en mayo de 1882 y lleva el 

subtítulo de «Cuatro palabras». 

•  Brisas del Rímac, de Abel de la E. Delgado. El prólogo fue escrito en 1890 

o 1891. El editor lo ha transcrito de un recorte del semanario de Lima 

La Integridad, en el que se anuncia la próxima aparición del poemario. 

Sin embargo, según lo expresado por el editor, el libro aparentemente no 

llegó a publicarse. 

•  Poesías completas, de José Santos Chocano. Este prólogo fue escrito en 

1902 para dicho libro, editado por Maucci en Barcelona. Ha sido repro-

ducido con frecuencia tanto en periódicos como en libros como, por 

ejemplo, Poetas y críticos de América, de C. Santos González (París, 1912).

 

Figura 6

Cubierta de la primera edición de Nuevas páginas libres, de Manuel González Prada

Fuente: Ercilla, 1937. Santiago de Chile.


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Un texto rescatado de Manuel González Prada

•  Poesías, de Miguel W. Garaycochea. Las palabras de González Prada fue-

ron escritas en 1904 y fueron publicadas en Lima por la Imprenta Nacio-

nal de Barrionuevo Hnos., en ese mismo año.

•  Ritmos, de Luis Navarro Neyra. Escrito en 1905 para el poemario publi-

cado por la Imprenta de La Revista.

Tanto los prólogos incluidos en las Nuevas páginas libres como el dedicado a 

F+F: letrillas no han sido tomados en cuenta por la mayoría de los estudiosos 

de la obra de González Prada

5

. Sin embargo, diversos autores como Juan Fran-

cisco Elguera (1918) y Estuardo Núñez (1967 y 1974) han destacado el papel de 

González Prada en el cultivo de la crítica literaria. 

Es así que, por ejemplo, Núñez, en su trabajo «Sobre el estilo y la crítica en 

González Prada», plantea las siguientes características de Prada como crítico 

literario: 

  a) La comparación: dicho recurso, «destinado a subrayar objetivamente 

las ideas, haciéndolas más comprensibles, y resaltando sus aspectos y 

matices gracias al paralelo con elementos pares o dispares, por semejanza 

o por contraste» (Núñez, 1967, p. 354), es utilizado en los diversos prólo-

gos escritos por nuestro autor. Veamos cómo aplica González Prada este 

recurso en el prólogo de F+F: letrillas

Poetas de combate, caballeros a la manera de Bayardo, son los autores de 
las «Letrillas». Opuestos diametralmente a los bardos canijos y llorones 
cuyo reino no es de este mundo, ríen con la risa franca y bulliciosa de los 
corazones sanos, se interesan por el bien de sus semejantes, hablan serio 
cuando quieren, y son capaces de afrontarse con un tirano para gritarle 
como el héroe de la rapsodia de Schubert: «Nerón, tú no eres más que un 
perro sediento de sangre». (González, 1884, p. [5]). 

  b) El «fragmentarismo»: este es un aspecto criticado por autores como 

Riva Agüero porque considera que, en los artículos o ensayos de Gonzá-

lez Prada, no se encuentran transiciones graduales ni un plan manifiesto: 

«Son a veces un conjunto de sentencias, máximas y pensamientos, más 

que una verdadera disertación»

6

. Sin embargo, esa «concentración del 

pensamiento en cortas frases, la fuerza y nerviosidad trasladadas a la 

expresión, la frase concisa que dice el pensamiento sin circunloquios, el 

uso de recursos o figuras literarias para obtener determinados efectos de 

5  Hasta donde tenemos conocimiento, el único estudio sobre el particular ha sido publicado 

por el suscrito en el año 2020. Véanse las referencias bibliográficas.

6   Cita de José de la Riva Agüero. Carácter de la literatura del Perú Independiente anotada en Núñez

1967, p. 355. 


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expresión convincente» (Núñez, 1967, p. 356) son cualidades del ensa-

yista moderno. Así lo podemos apreciar en el prólogo que presentamos: 

Con una o dos repasadas, los versos se quedan grabados en el cerebro, 
pues son amigos de la memoria. Por la travesura y agilidad de movimien-
to, las estrofas parecen un enjambre de mariposas que vienen, se apiñan, 
revoletean y se van, arrojándonos a la cara polvos de oro, de esmeralda y 
de rubí. Algunas veces, lo que tomamos por una desarmada mariposa ha 
sido una abeja que destila miel y clava un aguijón; y lo más gracioso para 
unos y mortificante para otros es que mariposa y abeja se transforman en 
todo un doctor en medicina que aplica a los pacientes sulfato de cobre un 
tanto diluido, sinapsismos, cáusticos, pasta de Viena y hierro candente. 
(González, 1884, p. [2]). 

  c) La actitud crítica: el uso de la comparación o símil, señalado líneas 

arriba, es uno de los rasgos del criterio positivista característico de la 

ideología de González Prada: 

El método comparativo jugó un papel dominante en un siglo —como el 
XIX— profundamente inficionado por las ideas científicas. La investiga-
ción y el progreso científico de dicho siglo se nutrió del induccionismo y 
del comparatismo que Prada acondicionó para desarrollar su ideología 
histórico-crítica en el terreno propiamente cultural». (Núñez, 1974, p. 359). 

A este aspecto hay que añadir el hecho de que González Prada no solo era 

un vasto conocedor de las lenguas europeas, sino que había asimilado, desde 

su juventud, a los clásicos antiguos, por ejemplo, de la literatura hebrea. Vea-

mos un ejemplo: 

¡Adelante, pues; valerosos letrilleros, adelante como el caballo de Maze-
ppa en el poema de Byron: pero no para morir oscura y estérilmente en un 
desierto, si no para vencer en la lucha, o encontrar la gloria envidiable de 
caer entre los buenos! (González, 1884, p. [4]).

A los aspectos mencionados líneas arriba, se puede añadir que, a pesar de la 

certeza de muchos de sus juicios sobre el devenir histórico del país, y el apasio-

namiento con el que señalaba los males que aquejaban —y aún aquejan— al 

Perú, en el enjuiciamiento a las figuras literarias de su tiempo, González Prada 

adolecía de algunas falencias críticas. Sobre este asunto, coincidimos con la 

apreciación de Estuardo Núñez acerca de lo «falaz [de] la generalización sin 

medida como la indiscriminación apasionada» en los juicios literarios de Gon-

zález Prada, en la medida en que:


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