Fénix. Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, N°53, 2025 https://doi.org/10.51433/fenix-bnp.2025.n53
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Benjamín Blass Rivarola
e-ISSN: 2709-5649 - N°. 53(2025): pp. 187-191
Aguirre, Carlos y Fisher, William (2025). Vigilar, castigar e
imprimir: la producción de libros en la penitenciaría de Lima
(1907-1961). Lima: Reino de Almagro.
Durante su funcionamiento entre
1907 y 1961, en los Talleres de la
Penitenciaría de Lima se imprimieron
varios de los libros más importantes
de la literatura peruana de las primeras
décadas del siglo XX: La canción
de las figuras (1916), de José María
Eguren; El Caballero Carmelo (1918)
y Belmonte, el trágico (1918), de
Abraham Valdelomar, y Trilce (1922)
y Escalas (1923), de César Vallejo. En
ese sentido, Carlos Aguirre y William
Fisher, a través del libro Vigilar, castigar
e imprimir. La producción de libros en
la penitenciaría de Lima (1907-1961),
no solo ofrecen una aproximación
a la historia de la producción de
libros en ese establecimiento
penitenciario, sino que abordan una
pregunta fundamental: «¿Qué tipos
de necesidades, intereses, relaciones
y contactos hicieron posible este
encuentro, virtualmente improbable,
entre el mundo de las letras y el
espacio carcelario?».
A pesar de la escasez de fondos
documentales manifestada en la
carencia de registros de los procesos
editoriales, por ejemplo, o los contratos
con los autores, comunicaciones
entre los administradores y los
LIBROS TRAS LOS MUROS
contratos con los autores, Aguirre y
Fisher no solo analizan rigurosamente
la producción material de los libros
impresos en la penitenciaría, sino que
plantean que «la paradoja de que una
pequeña pero notable muestra de
la literatura peruana más avanzada
de comienzos del siglo XX tuviera
como lugar de producción una de las
instituciones más representativas de
prácticas exclusionarias y autoritarias
[la cárcel] pone en relieve, una vez
más, el hecho de que los procesos
de modernización y las estructuras
tradicionales convivían en la sociedad
peruana de manera conflictiva pero
también productiva» y, al mismo
tiempo, en un lugar en el que —como
señala Luis Leyva— «los reclusos
dejan de ser personajes marginales
para formar parte activa dentro del
circuito del libro, siendo “obreros
del pensamiento” que, desde la
Penitenciaría de Lima contribuyeron
al auge de la cultura literaria a inicios
del siglo XX».
El libro está dividido en siete
capítulos. En el primero, Presos y
operarios: una nueva terapia penal,
se presentan las particularidades de la
Penitenciaría de Lima, inaugurada en
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Aguirre, Carlos y Fisher, William (2025). Vigilar, castigar e imprimir: la producción de libros en la penitenciaría de Lima
(1907-1961). Lima: Reino de Almagro.
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1862, y la creación de la imprenta en
dicho penal, en 1907, en un período de
modernización urbana, crecimiento
demográfico y expansión de la cultura
impresa de Lima. Como señalan los
autores, «[s]u creación no respondió
a una estrategia de mercado
(satisfacer una demanda o competir
ventajosamente con los negocios
existentes), sino a la necesidad de dar
trabajo a los presos para, en teoría,
contribuir a su regeneración moral
y, de paso, generar ingresos para la
institución y para los propios presos-
operarios». En este mismo capítulo, se
detalla la producción de los primeros
libros entre 1907 y 1912.
Por su parte, el segundo capítulo,
denominado Literatura e imprenta en
la penitenciaría (1913-1917), detalla
cómo, a partir de 1913, se dio inicio
a una impresionante, aunque no muy
numerosa, serie de libros de altísima
calidad literaria y cuyos autores eran
protagonistas destacados de la escena
cultural limeña y peruana: Enrique
Bustamante y Ballivián (La evocadora),
Abraham Valdelomar (La Mariscala),
José María Eguren (La canción de las
figuras), entre otros. Es bien sabido
que estos autores y publicaciones se
han convertido en hitos de la historia
de la literatura peruana.
En el tercer capítulo, “Un rayo de
sol”: el período de madurez (1918-
1921), se detalla la producción editorial
de los libros El Caballero Carmelo y
Belmonte, el trágico, de Valdelomar
y las poesías póstumas de Leonidas
Yerovi. Del mismo modo, Aguirre
y Fischer dan a conocer qué otros
libros impresos en la penitenciaría
fueron tesis universitarias, guías
de calles de Lima, reglamentos,
memorias y algunos títulos como
Episodios de la guerra europea (1915)
y Los delincuentes tatuados de la
penitenciaría nacional (1917).
El siguiente capítulo, titulado Tintas
de encierro y desamparo: Trilce y
Escalas, no solo presenta el proceso
editorial y de recepción de las obras
de César Vallejo. Al respecto, es
importante destacar que, por ejemplo,
«Trilce resulta impensable sin la huella
de la cárcel sobre su autor. La elección
de la imprenta de la penitenciaría para
convertir una colección de poemas
en libro adquiere así un sentido
cabal». Del mismo modo, la decisión
de Vallejo de imprimir Escalas, «puede
también interpretarse como la
expresión de su deseo de interactuar
con los detenidos, ser testigo de su
sufrimiento y usar esa conexión vital
para seguir procesando su propia
experiencia carcelaria».
El quinto capítulo, Otros usos
de la imprenta, detalla los alcances
de uno de los proyectos editoriales
más ambiciosos de la imprenta de
la Penitenciaría de Lima: Historia
de las misiones franciscanas (1922-
1930). Asimismo, presenta la vasta
producción de libros y folletos de
defensa del presidente Leguía y los
logros de su gobierno (El siglo de
Leguía e Historia del leguiismo, sus
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hombres y sus obras), y describe la
dimensión gráfica (diseño, tipografía
y ornamentos) utilizada en algunos
libros impresos en la penitenciaría.
Seguidamente, en el capítulo
sexto denominado Las editoriales
independientes y la decadencia de
la imprenta de la penitenciaría, se
presenta una situación compleja:
la decadencia de la imprenta de la
Penitenciaría de Lima relacionada con
el surgimiento de nuevas imprentas y
editoriales como la Editorial Minerva
(fundada por José Carlos Mariátegui),
y la aparición y consolidación de
la figura del impresor-editor en la
década del 20, lo que originó que
ese establecimiento entrase en una
paulatina situación crítica hasta la
demolición de dicho establecimiento
en 1961.
Finalmente, en el séptimo
capítulo, Presos y lectores: modos y
lectores, a pesar de que los autores
no contaron con documentación
sobre la vida y las experiencias como
presos y trabajadores de la imprenta,
han destacado que los internos «no
solo dieron forma a los libros de
Valdelomar y Vallejo o a las memorias
de los directores de la penitenciaría,
sino también “produjeron” miradas
y sentidos propios que, a su vez,
pasaron a formar parte del repertorio
intelectual que sustentaba distintas
formas de lucha y resistencia».
Sin embargo, hay un aspecto
que no ha sido estudiado con más
énfasis: la relación compleja entre
el objetivo disciplinario del Estado y
los usos culturales no previstos de la
imprenta de la Penitenciaría de Lima.
Al respecto, debemos recordar la cita
de Michel Foucault con la que se inicia
el libro: «La prisión no es un taller: es
—y es preciso que sea en sí misma—
una máquina de la que los detenidos-
obreros son a la vez engranajes y
productos: la máquina los “ocupa”».
Si bien es cierto, el libro que
reseñamos presenta la forma cómo
autores, editores, funcionarios e
internos operarios redefinieron el
uso de la imprenta como un espacio
de control, regeneración moral
y rentabilidad institucional, no se
aprecia en qué medida los productos
editoriales surgidos en la Penitenciaría
fueron utilizados por los propios
prisioneros para (re)crear prácticas
culturales autónomas dentro de
un régimen de encierro. Es así que,
por ejemplo, no se ha analizado la
recepción de las obras de Valdelomar
o Vallejo entre los mismos prisioneros
o se ha estudiado la existencia de
alguna biblioteca o un círculo de
lectura en dicho establecimiento
penitenciario.
Del mismo modo, se debe
destacar que el estudio de la imprenta
de la Penitenciaría -al igual que el
de la Editorial Minerva fundada por
José Carlos y Julio César Mariátegui-
contribuye al análisis del proceso
editorial peruano de las primeras
décadas del siglo XX. Sobre el particular,
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Aguirre, Carlos y Fisher, William (2025). Vigilar, castigar e imprimir: la producción de libros en la penitenciaría de Lima
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prisiones una dimensión sin la cual
no podemos entender cabalmente
su funcionamiento ni tampoco los
mecanismos de supervivencia de
muchos de los detenidos».
En ese sentido, coincidimos
plenamente con Luis Leyva cuando
señala que «[l]a historia de las
imprentas peruanas encuentra en este
libro un hito clave en la historiografía
sobre el que futuras investigaciones
deberán profundizar para poder
reconstruir el complejo panorama
del campo editorial peruano y
transformaciones a lo largo del siglo
XX», tomando en cuenta a todos los
agentes que intervienen en el circuito
del libro.
En conclusión, el libro Vigilar,
castigar e imprimir resulta de
especial interés para bibliógrafos,
bibliotecarios, historiadores del libro,
de la cultura y de las instituciones,
así como para investigadores de
la literatura peruana, pues no solo
reconstruye con rigor un capítulo
poco explorado de la historia editorial
del país, sino que ofrece herramientas
fundamentales para comprender la
materialidad del libro, los circuitos de
producción y circulación impresa y el
papel de los actores tradicionalmente
invisibilizados.
es necesario señalar que la imprenta
penitenciaria no solo compitió con
talleres privados, sino que coexistió
con ellos en un momento clave de la
profesionalización de los impresores
y la redefinición de las relaciones
entre autor, editor y lector. Bajo esa
perspectiva, cabría preguntarse si el
proceso editorial dado a conocer
en Vigilar, castigar e imprimir es un
antecedente válido de las prácticas
editoriales modernas (selección
de autores y obras, diseño, tiraje y
circulación) que, posteriormente
serían asumidas por entidades
independientes.
El libro incluye un apéndice que
presenta la lista detallada de los 151
libros, folletos y revistas impresos en
la Penitenciaría de Lima, entre 1907
y 1961. El período más productivo,
en términos de títulos impresos, se
ubicaría entre 1922 y 1925 (34 libros
en cuatro años) y, entre 1926 y 1961,
se imprimieron 68 publicaciones.
Por todo lo señalado, el libro
Vigilar, castigar e imprimir, redactado
en una prosa clara y directa,
constituye un hito en los estudios de
historia, cultura y literatura debido
a que estudia concienzudamente
los pormenores de la producción
de libros de la Penitenciaría de
Lima, y, fundamentalmente -como
señaló Carlos Aguirre en el ensayo
La cárcel y la ciudad letrada: hacia
una historia cultural de la prisión en
el Perú del siglo veinte (2015)- por
querer «incorporar al estudio de las
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Referencias
Leyva, Luis (2025). Reseña: Carlos Aguirre y William Fisher. Vigilar, castigar e
imprimir. La producción de libros en la penitenciaría de Lima (1907-1961). Lima:
Reino de Almagro.
https://reporterohistoria.com/2025/09/15/resena-carlos-aguirre-y-
william-fisher-vigilar-castigar-e-imprimir-la-produccion-de-libros-en-la-
penitenciaria-de-lima-1907-1961-lima-reino-de-almagro-2025/
Benjamín Blass Rivarola
Biblioteca Nacional del Perú, Lima, Perú
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