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Priscila Arbulú Zumaeta

Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes 

en Vida de Santa Rosa, de Luis Antonio de Oviedo y 

Herrera

Rosa de Lima: the «wall» of the City of Kings in Life of Santa 

Rosa, by Luis Antonio de Oviedo y Herrera

Priscila Arbulú Zumaeta

Pontifica Universidad Católica del Perú

Lima, Perú

Contacto: priscila.arbulu@pucp.pe

https://orcid.org/0000-0003-2321-1735

Resumen

Este artículo tiene como objetivo examinar en qué medida Vida de Santa Rosa, 

el «poema épico» religioso escrito por Luis Antonio de Oviedo y Herrera entre 

1680 y 1690, durante el gobierno del duque de la Palata, se sirve tanto de las 

historias de los piratas y, sobre todo, del episodio ocurrido en 1615 acerca de 

la frustrada invasión de Jorge Spilbergen (canto 12, octava 88), así como de la 

figura de la primera santa de América con la finalidad de, por un lado, otorgar-

le a Lima un nuevo sentido; y, por otro, insistir en la necesidad de proteger la 

ciudad. Igualmente, analiza cuán relacionado está el texto con el proyecto de 

defensa de Lima, iniciado por el virrey.

Palabras clave: Santa Rosa de Lima, siglo XVII, piratas, virreinato del Perú, 

duque de la Palata, Oviedo y Herrera.

Abstract

This article aims to examine to what extent Vida de Santa Rosa, the religious 

“epic poem” written by Luis Antonio de Oviedo y Herrera between 1680 and 

1690, during the government of the Duke de la Palata, uses both the stories of 

the pirates and, above all, the episode that occurred in 1615 about the frustra-

ted invasion of Jorge Spilbergen (canto 12, octava 88), as well as the figure of the 

first saint of America with the purpose of, on the one hand, granting Lima a 

new sense; and, on the other hand, to insist on the need to protect the city. Li-

kewise, it analyzes how the text is related to the Lima defense project, initiated 

by the viceroy.

Key words: Santa Rosa de Lima, XVII century, pirates, viceroyalty of Peru, 

Duke of Palata, Oviedo y Herrera.

Recibido: 2022-07-20/ Revisado: 2022-09-23 / Aceptado: 2022-10-06/ Publicado: 2022-12-06

ISSN-e: 2709-5649 pp. 148-162


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Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes en 
Vida de Santa Rosa, de Luis Antonio de Oviedo y Herrera

El temor por parte de las autoridades virreinales ante la reaparición de las 

antiguas idolatrías y la constante amenaza de los corsarios y piratas son acon-

tecimientos cruciales para comprender la imperiosa necesidad de fortificar la 

Ciudad de los Reyes, sede del poder del virreinato del Perú

1

. Por supuesto, las 

intenciones de amurallar el espacio no eran recientes. Según Pacheco Ibarra 

(2015), para 1673, ya se habían presentado tres proyectos para su construcción, 

y fue la propuesta del jesuita Jean Raymond Coninck la que resultó elegida. 

No obstante, el Consejo de Indias tardó en aprobarla y, de acuerdo con el 

Diario de Lima (1629-1639); crónica de la época colonial, de Joseph y Francisco de 

Mugaburu, su construcción inició el 30 de junio de 1684, por orden del virrey 

Melchor de Navarra y Rocafull, duque de la Palata.

Entre 1614 y 1630, Lima ya era considerada la urbe más importante de Amé-

rica, y contaba con su característica imagen de «ciudad santa»

2

. Sin duda, fue 

la elevación a los altares de santa Rosa de Lima en 1671 la que ayudó a sacra-

lizar el espacio, pues fue un evento que animó a los hombres y a las mujeres 

virreinales a que buscasen también acceder a este espacio consagrado. En otras 

palabras, la beatificación y la posterior canonización de Rosa no solo significó 

la legitimización de los criollos, sino, además, el triunfo de la fe católica en 

el Nuevo Mundo

3

. En su honor, se celebraron fiestas populares, certámenes 

poéticos, obras dramáticas y villancicos. La impresión de obras de tema rosa-

rino tuvo gran acogida por parte de los receptores y se dio en ambos lados del 

Atlántico

4

.

Hacia 1680, de acuerdo con Paul Firbas (2017), Luis Antonio de Oviedo y 

Herrera, el conde de la Granja, inició la redacción de su «poema épico» religio-

so titulado Vida de Santa Rosa de Santa María, natural de Lima, y patrona del Perú 

(Madrid, en adelante VSR), dividido en doce cantos

5

. Por su parte, para Elio 

1   Guillermo Lohmann Villena apunta que «no faltaron, ya desde los albores del siglo XVII 

diversos proyectos de cercar Lima; otros opinaban por la construcción de una ciudadela o 

fortín que pudiese servir de refugio. Los ataques de 1615 de Spilbergen y de 1624 de L´Hermi-

te sembraron la zozobra» (1979, pp. 184-185). 

2  Sobre la imagen de la Ciudad de los Reyes como mujer, véase Firbas (2005). 

 

3   Sobre el primer proceso ordinario de Rosa de Lima para su canonización, véase la edición de 

Jiménez Salas (2002). 

4  Véase Zugasti (2013).
5  Es significativo que el poema se publique en Madrid, ciudad que desde mediados del siglo XVI 

se convirtió en la capital del Imperio español. Al respecto, Vélez apunta que su publicación 

en dicha ciudad «resulta mucho más que convencional: ciertamente el poema no se dirige a 

las autoridades virreinales ya que busca, por una parte, evitar el aplauso evidente y, por otra, 

resaltar la autoridad proveniente de España y no la que se gesta en los virreinatos del Nuevo 

Mundo» (2010, p. 22). Así —agrega Vélez— la obra «configura de una manera bastante sin-

gular una ortodoxia colonial en la que el suelo americano (y sus frutos terrenales y espirituales 

como es el caso de Rosa de Lima) es materia de encomio, sin extender dichos elogios a las 

autoridades estrictamente coloniales» (pp. 22-23).


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Vélez (2010), la fecha de elaboración oscila entre las décadas de 1680 y 1690. 

Durante estos años, «[a] fines del siglo XVII, el conde de la Monclova, último 

virrey de la era de los Austrias en Lima, al llegar a su sede virreinal quedó so-

brecogido por la “opulencia decaída” que transmitía el ambiente» (Glave cit. 

por Vélez, 2010, en nota 4). Recordemos, pues, que, en octubre de 1687, los 

terremotos ocurridos en Lima y Callao dejaron gran cantidad de muertos y, 

además, daños en las construcciones, como la reciente fortificación iniciada 

por el duque de la Palata.

El propósito de este trabajo, entonces, es examinar en qué medida VSR se 

sirve tanto de las historias de los piratas y, sobre todo, del episodio ocurrido 

en 1615 acerca de la frustrada invasión de Jorge Spilbergen (canto 12, octava 

88), así como de la figura de la santa con la finalidad de, por un lado, otorgarle 

a Lima un nuevo sentido; y, por otro, insistir en la necesidad de proteger la 

ciudad

6

.

No perdamos de vista, pues, dos acontecimientos: primero, en 1682, el duque 

de la Palata, consciente de la crisis económica, solicitó que se reabriese la Casa 

de la Moneda de Lima. Segundo, en 1683, por Real Cédula, se resuelve su rea-

pertura. El virrey, sin embargo, no era ajeno a «la codicia de los extranjeros»

7

En este sentido, resulta muy significativo el vínculo que establece Elio Vélez 

(2010) entre Parecer, documento de Oviedo y Herrera, el conde de la Granja, 

datado el 1 de noviembre de 1683, que se encuentra dentro del Expediente sobre 

fortificación de la ciudad de Lima, con planos de sus obras (1680-1688), y cartas sobre 

construcción de un muelle en el Callao (1693) y el poema. Si bien se trata de un 

texto poco o nada estudiado, Vélez apunta que, en este, Oviedo y Herrera, 

general y experto soldado, le responde al duque de la Palata sobre la necesidad 

de amurallar la ciudad y reforzar su Armada. Esto demostraría que el poeta era 

un sujeto consciente de los peligros ultramarinos a los que estaba expuesta la 

ciudad y que mantuvo una relación con el centro de poder (en nota 149).

Mucho se ha escrito respecto a la vida de Rosa de Lima. Entre los autores 

más destacables, podemos mencionar a Rubén Vargas Ugarte, José Antonio 

del Busto, Teodoro Hampe-Martínez, Ramón Mujica Pinilla, entre otros. No 

obstante, no parece ocurrir lo mismo con el poema del conde de la Granja. De 

6   Spilbergen atacó en el último año de gobierno de Juan de Mendoza y Luna. Dice el poema: 

«Gobernaba el Marqués de Montesclaros / mas que con el poder, con el talento, /el Perú, a 

cuyos providos reparos / debió esplendor, conservación, y aumento: / como él a sus Oríge-

nes preclaros / la magnanimidad, y el ardimiento, / con que mandó al Mendoza se aprestase, 

/ antes que a ser temor la voz pasase» (canto 12, octava 123). Además, como indica Margarita 

Suárez, «el aumento de la presión bélica europea en América en el siglo XVII, ya sea a través 

de los ataques de piratas y corsarios, ya a través del asentamiento permanente de holandeses, 

ingleses y franceses en el Caribe, obligó a los americanos a emprender medidas para defender 

el territorio» (2001, p. 353). 

7   Véase Fuentes (1859, pp. 138-148). 


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Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes en 
Vida de Santa Rosa, de Luis Antonio de Oviedo y Herrera

acuerdo con Vélez (2010), pese a que se trata de un caso extraordinario dentro 

del corpus de la poesía épica culta, no ha recibido la atención necesaria. En este 

caso, podemos mencionar las investigaciones de Elio Vélez (2010 y 2017), An-

drés Eichmann-Oehrli (2020), Javier de Navascués (2021) y Rosalía Sandoval 

Caballero (2021).

Sobre la fecha de publicación del poema, existe un inconveniente al que 

tampoco se le ha prestado mucha atención. En su estudio, Vélez apunta que 

autores como José de la Riva-Agüero y Luis Alberto Sánchez sostienen que la 

verdadera fecha de publicación del poema no es 1711, como aparece en la por-

tada, sino 1712 (figuras 1 y 2)

8

. Para sostener esta teoría, se guían de la «Licen-

cia» de don Miguel Antonio Errazquín, uno de los documentos preliminares 

del poema.

8   El único investigador contemporáneo que ha reparado en este detalle es Eduardo Hopkins, 

en su estudio Poética colonial (Vélez, 2010, en nota 170). 

Figura 1

Portada de Vida de Santa Rosa de Santa María, natural de Lima, y patrona del Perú, de 

Luis Antonio de Oviedo y Herrera

Fuente: Imprenta de Juan García Infanzón, 1711. Madrid.


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Sin embargo, Vélez y Rodríguez Garrido, después de un concienzudo co-

tejo de tres ejemplares del poema resguardados en la Biblioteca Nacional del 

Perú, determinaron que la fecha de impresión del poema fue, efectivamente, en 

1711

9

. Decíamos que VSR, toma, como lo hacen los primeros poemas épicos de 

tema americano, los episodios de los ataques de los piratas. La diferencia radi-

ca, sin embargo, en que los hechos históricos que narra el poeta son anteriores 

a él. Es decir, el tiempo de los acontecimientos no es cercano al del escritor. 

Otro detalle relevante es que, en este caso, no se representa a estos ladrones de 

mar de la misma manera que en los otros poemas. En efecto, aquí la voz poé-

tica no exalta la figura de Francis Drake ni lo muestra como un «enemigo dig-

no»

10

. Otra diferencia es que, en este caso, la voz poética reduce los méritos de 

los otros rivales protestantes, como, por ejemplo, el caso de Jorge Spilbergen, 

a quien, pese a denominar como un «diestro marinero» (canto 11, octava 112), 

también lo considera como un ladrón gobernado por Luzbel, «el Padre infeliz 

de la mentira» (canto 11, octava 96a), pues «la misma rapiña, la falacia / y la 

misma Ambición por sí les interesa» (canto 12, octava 111).

9   Para los aspectos de las fechas de composición e impresión de VSR, véase el detallado trabajo 

de Vélez (2010, pp. 241-248). 

10 Firbas (2006) explica que esta presentación positiva del pirata responde a la necesidad de 

mostrarlo como un digno oponente. 

 

Figura 2

Licencia del poema otorgada, supuestamente, en 1712


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Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes en 
Vida de Santa Rosa, de Luis Antonio de Oviedo y Herrera

Esto, por supuesto, nos conduce a preguntarnos qué sucedió entre la fecha 

de composición de VSR y la de su publicación. Por un lado, ocurrieron distin-

tos períodos de gobierno virreinal en el Perú; y, por otro, el contexto de Europa 

estuvo marcado por la decadencia militar hispana durante el agónico reinado 

de Carlos II, quien falleció sin dejar heredero, y por la Guerra de Sucesión en 

Europa (De Navascués, 2021)

11

. Como nos recuerda Firbas, 

el cambio de poética que se produjo en la España metropolitana hacia 
principios del XVII, con la adopción de un criterio más verosimilista que 
verista, bajo el influjo de Torquato Tasso, coincide justamente con la crisis 
del imperio de los Habsburgo. (2006, p. 76)

12

.

Evidentemente, frente a este escenario político y social, resultaría ilógico 

enaltecer la figura de los enemigos del Imperio español. De hecho, para cuando 

se publica la obra, ya había iniciado el reinado de los Borbones con Felipe V 

en 1700

13

.

Por otra parte, el poema, como sostiene Rafael Sánchez-Concha (2017), con 

un evidente estilo literario barroco, presenta a Rosa de Lima, la protagonista, 

de tres maneras: como defensora de la Ciudad de los Reyes frente a los corsa-

rios y piratas, como inspiradora de hazañas y victorias, y, desde una perspec-

tiva divina, como «cielo y bendición». Así, tanto la muralla como la figura de 

la primera santa de América funcionan como herramientas discursivas para 

demostrar que Lima era la urbe más importante del Nuevo Mundo, y que esta-

ba protegida por un personaje considerado por la sociedad como una heroína 

que encarnaba los valores del catolicismo de la época. Dice, por ejemplo:

11 En su edición y estudio crítico del Diario de Noticias sobresalientes en Lima y noticias de Europa 

(1700- 1711). Volumen I (1700-1705), Paul Firbas y José Antonio Rodríguez Garrido apuntan lo 

siguiente: «sus noticias cubren distintos períodos de gobierno virreinal: los últimos años del 

virrey conde de la Monclova, quien ejerció el cargo desde 1689 hasta su fallecimiento en Lima 

en 1705; la etapa regida por la Real Audiencia de Lima, encabezada por Miguel Núñez de Sa-

nabria (1705-1707); el gobierno del marqués de Castell dos Rius (desde 1707 hasta su muerte 

en Lima en 1710), quien había sido embajador en París durante el momento de la muerte de 

Carlos II y a quien había correspondido presentar el testamento que nombraba al duque 

de Anjou como sucesor de la corona española; y, por último, los quince primeros meses del 

período del obispo Diego Ladrón de Guevara, quien venía de una ascendente carrera ecle-

siástica, primero como obispo de Guamanga en 1698 y luego de Quito en 1705, y que habría 

de regir el Perú por seis años» (2017, p. 20). 

12 Menéndez Pidal propuso que la poesía épica renacentista se dividía en dos: la épica verista y la 

épica verosimilista. Sin embargo, Firbas (2006) considera que esta distinción no debería tener 

un sentido nacionalista transhistórico, sino que debería ser tomada como una descripción de 

procedimientos poéticos vinculados a tradiciones culturales en momentos concretos (en nota 

17). 

13 Felipe V fue consagrado como primer príncipe borbón, y, por lo tanto, los virreinatos del 

Nuevo Mundo quedaron bajo su soberanía. Al respecto, véase Firbas y Rodríguez Garrido, 

2017.


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Era ROSA la única esperanza
de Lima, en sus conflictos, y temores,
tanto en un Justo solo se afianza,
que es capaz de templarle, a Dios, rigores.
Sabido el don, que su virtud alcanza
de penetrar futuros, e interiores,
como a divino Oráculo la oía,
creyendo, cada vez, ser Profecía (canto 12, octava 9).

Como se dijo líneas arriba, las costas eran perturbadas frecuentemente por 

la presencia de los corsarios (o piratas) que estaban al servicio de sus naciones. 

Estaba siempre presente el temor por el desembarco de estos enemigos en las 

orillas del Pacífico. Recordemos, pues, que su finalidad era saquear las ciudades 

ribereñas e interceptar las naves virreinales que partían hacía Panamá con las 

remesas de plata. Con el rumor de la llegada de la escuadra del corsario holan-

dés a la ciudad y los posibles ataques de los invasores y «herejes luteranos», se 

desató el temor de la población del virreinato, y así lo refleja la obra. Cuenta la 

Historia General de Chile que:

En Chile y en el Perú se tenían por entonces noticias de la expedición de 
los holandeses. Los espías que el rey de España mantenía en Holanda, ha-
bían comunicado a la corte los aprestos que se hacían en Ámsterdam para 
la partida de esa escuadra, y de Madrid se transmitió el aviso a las colo-
nias de América. Como era natural, en todas estas se produjo una grande 
alarma, y comenzaron a hacerse rápidos preparativos para rechazar a los 
enemigos. El virrey del Perú, que tenía a su disposición algunas naves, las 
armó y empujó prontamente. (cit. por Ross, 1894, p. 72).

Según Vélez (2010), Oviedo y Herrera vivió en un contexto en el que la co-

munidad letrada a la que pertenecía tuvo que, por un lado, avalar los méritos 

estilísticos; y, por otro, reconocer en VSR un documento de la historia del 

virreinato que, al mismo tiempo, actualizaba la épica culta, un género de gran 

prestigio. El poema pretende vincular algunos episodios de la historia del suelo 

americano con la de la metrópoli.

Asimismo, como ocurre con otras producciones textuales sobre el tema, esta 

obra también se sirvió de los relatos hagiográficos y sermones de la época, 

como la hagiografía escrita por Leonardo Hansen

14

. Pensemos, por ejemplo, en 

la comedia hagiográfica Santa Rosa del Perú (en adelante SRP), de Agustín Mo-

reto y Pedro Francisco y Lanini (publicada por primera vez en 1671, en la Parte 

14 Stephen Hart (2017) propone que Hansen, en realidad, era el seudónimo del dominico inglés 

Vicent Torre. 


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Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes en 
Vida de Santa Rosa, de Luis Antonio de Oviedo y Herrera

treinta y seisComedias escritas por los mejores ingenios de España)

15

. Las similitudes 

entre ambos textos son evidentes. Sin embargo, para efectos de este trabajo, 

nos centraremos, exclusivamente, en el episodio en el que Rosa interviene en 

la defensa de Lima

16

. Dice VSR:

Empezó a arrojar Rosas al Ambiente,
Y al suelo se caían desmayadas;
mas las de ROSA no: que haciendo frente
en el aire: quedaban de él colgadas:
engazándose aquel Rosal pendiente
de dos ramas en Púrpura bañadas,
que coronó de espinas el Calvario:
y aquí, de Rosas círculo, u Rosario (canto 12, octava 12).

Leamos, ahora, la escena de SRP:

GONZALO  

Conjurada la herejía,

 

 

 

en una armada soberbia

 

 

 

llegó a Lima, y ha tomado

 

 

 

un puerto nuestro, ya entra

 

 

 

en la ciudad, que de llantos,

 

 

 

y de dolor está llena.

BODIGO   

Hay más que en gracia de Dios

 

 

 

ser hereje. ¿Qué os da pena?

GASPAR   

¿Cómo podemos librarnos

 

 

 

de su furia?

GONZALO  

Sin  defensa

17

 

 

 

 

¿cómo el riesgo venceremos?

ROSA 

 

Queriendo Dios, y con estas

 

 

 

flores podemos vencer

 

  su 

furia.

GASPAR   

¿De qué manera?

ROSA 

 

Arrojándolas al aire

  

 

15 Respecto a la comedia hagiográfica, estudiamos y contrastamos el comportamiento del perso-

naje del gracioso con el de la santa en Arbulú (2021). 

16 «Los hagiógrafos de Rosa le asignaron un papel relevante. Ferrer de Valdecebro (Libro II, 

capítulo XVIII, pp. 352-353), Parra (pp. 241-242). Nótese la proximidad de los relatos de Ferrer 

y Parra (ambos traducen en esencia el texto latino de Hansen)» (Zugasti, 2013, en nota al v. 

2470). 

17 Zugasti (2013, en nota al v. 2470) menciona que Lima, en esa época, carecía de un ejército que 

pudiese contrarrestar el empuje de los ladrones de mar. 


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                                    porque en defensa se vuelvan.
 

 

 

Fórmase una cruz de las rosas, quedando pendiente  

 

 

 

de un alambre muy delgado. (SRP, vv. 2460-2476).

En el caso de SRP, concluimos que uno de los propósitos de la obra era aler-

tarle e insistirle al espectador barroco en que una vida carente de actos merito-

rios resultaba ser un impedimento para acceder a la santidad y que, por el con-

trario, esta es un camino cristocéntrico que constantemente debe ser trabajado 

por medio de los rigores ascéticos y las virtudes. No perdamos de vista que, en 

el caso de este tipo de comedias, las virtudes de los santos eran señaladas con 

el propósito de que los fieles las imitasen (Arias, 2019, p. 315).

En relación con VSR, observamos que la santa también es presentada como 

un modelo digno de imitar. Al mismo tiempo, coincidimos con Vélez (2010) en 

que el poema constituye una herramienta discursiva, que pretende dirigirse ha-

cia la máxima autoridad imperial para así resaltar las grandezas de la Ciudad 

de los Reyes, a diferencia de otros poemas épicos virreinales. De esa manera, 

mediante la reescritura de la vida de la santa, la Corona puede garantizar en 

el imaginario europeo su victoria. Recordemos, pues, que, para España, Rosa 

encerraba los valores del catolicismo militante. La historia de Rosa y, sobre 

todo, su defensa de la Eucaristía frente a los infieles y «herejes», entonces, per-

mitía demostrarles a los enemigos del Imperio español que Lima continuaba 

teniendo su característica imagen de «ciudad santa»

18

. Dice:

Rosa, en pie a la defensa se prepara
de la Custodia cuyo culto exhorta
y encendida en fervor marcial la cara,
al femenil ejército conforta. (canto 12, octava 86).

Esta imagen de protección de la Eucaristía frente a los rivales no era extraña 

en el pensamiento de la época ni mucho menos reciente

19

. El cuerpo místico y 

el cuerpo social eran concebidos como una unidad guiada por el sacramento 

del Altar

20

. Resulta lógico, entonces, que el poema resalte este fracaso del cor-

sario en tierras americanas.

Que exista un diálogo entre VSR y La Dragontea, de Lope de Vega, no de-

bería resultarnos extraño. Como señala María Gracia Ríos (2021), existe una 

18 Tanto la Contrarreforma Católica como el Concilio de Trento dejaron una profunda huella 

en los católicos del siglo XVII. 

19 Véase Gonzáles Cruz (2002) y el cuadro de Santa Rosa de Lima, acompañada por el rey Carlos 

II, defiende la Eucaristía frente a los mahometanos, enemigos de la fe católica (Anónimo, ca. 

1700-1750). La presencia de la santa resalta la participación del virreinato peruano en la gue-

rra sostenida por los Habsburgo, a través del Imperio de España en contra de los otomanos 

(Museo Pedro de Osma, 2019). 

20 Véase Sánchez-Concha (1998 y 2003). 


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Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes en 
Vida de Santa Rosa, de Luis Antonio de Oviedo y Herrera

relación intertextual entre la épica peninsular y la americana

21

. Aquí también 

aparecen Francis Drake (el Draque) y Richard Hawkins (Ricardo de Inglate-

rra). Sin embargo, nos centramos, exclusivamente, en la fallida expedición de 

Spilbergen. Dice el poema:

Estando en esta acción fervorizada,
como la mujer fuerte, firme, hermosa,
pareciendo al semblante trasladada,
más en el rostro que en el nombre Rosa,
llegó noticia de que ya la armada
de el Holandés, al ver la numerosa
guarnición del Callao tan resuelta,
al mar, aguas abajo, dio la vuelta. (canto 12, octava 88).

Como se ve, el poema no solo muestra lo que acontece durante el virreinato, 

sino que resulta ser el espacio heroico ideal para situar a Rosa

22

. Del mismo 

modo como cuenta Leonardo Hansen, la santa protege a su divino Esposo con 

su propio cuerpo, el poema también hace hincapié en este aspecto

23

. Leamos:

Sabido ya que es ROSA quien redime
la tempestad, que al sur el norte arroja,
rayos vibrando de coral, que esgrime
contra un hereje, y otro en cada hoja,
y que ya Lucifer vencido gime,
bien será que marcial plectro recoja,
y pues ROSA triunfante de la espuma
cuelga la espada, cuelgue yo la pluma. (canto 12, octava 91).

Podemos, pues, estar de acuerdo con el juicio de Sánchez-Concha (2017) de 

que el cuerpo de Rosa funciona como el escudo que está dispuesto a recibir los 

golpes necesarios con tal de proteger el altar mayor. Esto no debería resultar-

nos extraño, ya que, en ese contexto, es a través del cuerpo que se evidencia 

que Rosa es la protectora de la ciudad y la defensora de la fe. No resulta des-

cabellado, entonces, sugerir que su cuerpo funciona, dentro del discurso y de 

manera simbólica, como una «muralla» que resguarda a la sociedad de los pe-

ligros externos. Esto, evidentemente, nos evoca la imagen de la Virgen María. 

Según la tradición, existe una iconografía que identifica a la Virgen como una 

21 Por ejemplo, Firbas (2006) sugiere que Miramontes redactó los cantos sobre Oxenhan, Drake 

y los cimarrones (3-10), como respuesta a La Dragontea

22  «Vida de Santa Rosa de Lima desplaza el heroísmo colectivo al individual» (De Navascués, 

2018, p. 365).

23 Sobre la representación simbólica femenina del espacio, véase Firbas (2005) y Vélez (2010). 


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«torre», «fortaleza» o «ciudad amurallada» (Lottman, 2015). En este caso, ocurre 

algo similar con la figura de Rosa de Santa María, quien es concebida por la so-

ciedad limeña como el elemento que intercede para frenar al eventual invasor 

e impedir su ingreso a la capital del virreinato peruano. Además, como ya se 

indicó más arriba, en el Viejo Mundo, la santa era interpretada como aquella 

mujer que garantizaba la protección de la fe católica y, por consiguiente, de la 

Corona española. Pero VSR no concluye con el fracaso de los piratas, sino que 

la voz poética se refiere a sus funerales y a la glorificación de la santa

24

. Pense-

mos, por ejemplo, en la siguiente octava:

Llore su Religión, el Perú, España:
llore Lima con Fúnebre lamento;
si caber puede Perdida tamaña
en toda la Región del sentimiento:
Ya llora: y desatado el dolor, baña
Calles, y Plazas en Raudal violento,
corriendo a ver aquel Prodigio Santo,
Olas de Gente en Piélagos de Llanto. (canto 12, octava 117).

A lo largo de este artículo hemos pretendido demostrar que este «poema 

épico» religioso recurre a distintas estrategias discursivas con la finalidad de 

realzar la imagen de la ciudad de Lima. Partimos del contexto histórico de la 

producción y la publicación de la obra para comprender mejor los aconteci-

mientos del momento. En este caso, los invasores, que eran calvinistas, desper-

taban terror en los habitantes costeños no solo porque existía la posibilidad de 

que no solo esparciesen su fe, sino también porque podían saquear el territo-

rio. Indicamos, además, que, pese a que ya habían transcurrido muchos años 

desde los eventos narrados y su escritura, es a través de la imagen del corsario 

holandés Spilbergen y la primera santa americana que se logra mostrar que la 

Ciudad de los Reyes continúa siendo un baluarte del catolicismo. Así, VSR 

plantea temas que eran discutidos en el momento de su producción: Lima, la 

capital virreinal peruana, es un espacio sacralizado y protegido por la primera 

santa americana, por lo que los criollos merecen un reconocimiento por parte 

de la metrópoli. En ese sentido, sugerimos que el cuerpo de Rosa funciona, de 

manera simbólica, como una «muralla» ante los «herejes» e idólatras. Es ella, 

con su cuerpo, quien evitará que los enemigos ataquen a los habitantes del 

virreinato.

24 El virrey Francisco de Borja y Aragón, el príncipe de Esquilache, sucesor del virrey Mon-

tesclaros, es mencionado en una oportunidad (canto 12, octava 90). Arribó a la Ciudad de 

los Reyes en 1615 y denunció el mal estado del puerto del Callao y de la Armada. Véase su 

Relación y sentencia del Virrey del Perú (1615-1621).


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Rosa de Lima: la «muralla» de la Ciudad de los Reyes en 
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